martes, 27 de marzo de 2018

Las batallas ganadas contra el cáncer

La guerra contra el cáncer no se ganará, pero en el esfuerzo por reducir la mortalidad se ganan pequeñas batallas, como esta protagonizada por los patólogos del Hospital Universitario San Agustín. Es un artículo antiguo, pero, salvando los detalles temporales, sigue vigente en lo sustancial. 


Por la izquierda, Eduardo Iglesias, Juan Carrera, José María Alonso de la Campa y María Victoria Venta.
Foto: Marieta.


Son los ojos de ginecólogos, cirujanos y oncólogos, de cualquier especialidad que necesite saber la naturaleza de un tejido que se encuentra en el cuerpo humano. Sin contacto directo con el paciente, los avances de Anatomía Patológica transcurren en paralelo al desarrollo de la medicina moderna, según recuerda Eduardo Iglesias García, jefe del servicio de Anatomía Patológica en el Hospital Universitario San Agustín (HUSA).
Una mejora permanente de las técnicas que se traduce en una mayor exactitud en sus diagnósticos y aumentar su capacidad de trabajo aunque, como recuerda el doctor Iglesias, «en Medicina nunca se puede decir que has logrado algo al 100%». Uno de los últimos avances incorporados al HUSA es el sistema de lectura automatizada para la citología ginecológica y donde se examinan todas las pruebas de este tipo del Área Sanitaria III y de Jarrio.
Junto con los equipos disponibles de patología molecular para detectar el virus del papiloma humano permite que se tenga uno de los niveles más altos posibles para la detección precoz del cáncer de cérvix en Asturias. «Aquí se hace un seguimiento del 20% de las mujeres asturianas», remarca el jefe del servicio. La combinación de ambas técnicas hace muy posible que las células malignas no se escapen del escrutinio de los patólogos.
Junto con los equipos disponibles de patología molecular para detectar el virus del papiloma humano permite que se tenga uno de los niveles más altos posibles para la detección precoz del cáncer de cérvix en Asturias. «Aquí se hace un seguimiento del 20% de las mujeres asturianas», remarca el jefe del servicio. La combinación de ambas técnicas hace muy posible que las células malignas no se escapen del escrutinio de los patólogos.
«En una preparación existen miles de células. El sistema identifica todas aquellas donde existan alteraciones que merecen ser estudiadas por el patólogo», explica Eduardo Iglesias. Cuando aparece algo sospechoso, el sistema avisa al especialista para que la revise. «De esta manera ganamos capacidad de respuesta porque podemos analizar muchas más citologías que si fuésemos una a una», comenta el jefe del servicio.
Además, los patólogos revisan pruebas que pasaron la comprobación automática sin ninguna alerta. «Es una verificación de calidad, para comprobar que no hay fallos», explica.
Al año se examinan unas 8.000 citologías ginecológicas. La mayor parte de Avilés, unas 6.000 y el resto se aportan desde el Hospital de Jarrio. «Es muy importante, porque permite asumir el coste de esta tecnología. De no alcanzar esa cifra, sería muy difícil disponer de estas técnicas en el San Agustín», explica el jefe del servicio.
Aumentan las biopsias
Pero el doctor Iglesias no olvida las biopsias, la estrella del servicio con más de 8.000 pruebas realizadas al año y que van al alza por su generalización en todos los servicios. «En 2005 hicimos 6.654 y el año pasado 8.535. En diez años crecimos un 20%. Este año, en septiembre ya superamos las 8.200. Es la tendencia de todos los hospitales», asevera el doctor Iglesias en una tendencia que demuestra la pujanza de la especialidad.
También contribuye a ella la «punción-aspiración», una técnica que permite obtener de cualquier órgano una pequeña muestra de tejido celular para su estudio. «Este año creceremos un 12%. En 2015 hicimos 1.132 y, a septiembre de 2016, llevamos 1.095», explica el patólogo.
El servicio de radiodiagnóstico se encarga de la extracción y, gracias a agujas cada vez más finas, se puede acceder a cualquier tejido. El doctor Iglesias también señala que los avances de la especialidad permiten efectuar analíticas cada vez más exactas con muestras más pequeñas.
Los patólogos se encargan además de las autopsias clínicas, llamadas así para diferenciarlas de las judiciales, que realizan los forenses en otro ámbito. En este caso, su finalidad es mejorar el conocimiento al disponer de una mayor información de las causas del fallecimiento, además de ayudar a la formación de nuevos médicos.
«La realización de la autopsia también ha evolucionado mucho. Ahora cada vez se emplea más la resonancia, el TAC. Facilitan mucha información y son muy importantes», señala Iglesias. La realización de la autopsia obliga a disponer de la autorización de la familia y sólo se solicita cuando, en criterio de los especialistas, existen argumentos científicos o docentes. El Hospital Universitario San Agustín cuenta con una comisión de trabajo específica con este cometido. «Al año realizamos entre 25 y 30 autopsias, es una cifra alta para un hospital comarcal, pero la mitad de las que necesitaríamos, sobre todo pensando en la formación», explica.

Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 23 de octubre de 2016

miércoles, 7 de marzo de 2018

El peligro de los opiáceos

Entrevistar a un cubano siempre implica riesgos: te puedes quedar sin batería. O que te cuente mucho, pero no te diga nada. Con el doctor Luis Carlos Silva sucedió todo lo contrario. Un tipo excepcional, con un doctorado en Matemáticas por la Universidad de Praga y, posteriormente, otro en Salud en la Universidad de La Habana. Fue un placer escucharle, aunque inquieta su reflexión sobre el fentanilo, del que ya había leído algo en el XL Semanal


El doctor Luis Carlos Silva. Foto: Marieta
Uruguayo de nacimiento y cubano de adopción, el profesor Luis Carlos Silva (DuraznoUruguay; 1951) lleva toda su vida uniendo matemáticas y salud pública, siendo una referencia para los investigadores en el campo de la epidemiología. Este experto llega a Avilés para impartir un seminario sobre el enfoque bayesiano de la epidemiología en el Hospital Universitario San Agustín. LA VOZ conversó con él sobre otros temas de su interés como las epidemias.
-En Estados Unidos, el seguimiento de una epidemia de gripe fue más eficaz por Google que por la declaración de casos. ¿Estamos en una nueva era de la epidemiología?
-Radicalmente no. Efectivamente, Google Trends consiguió anticiparse al Centro de Control de Enfermedades en el vaticinio de una epidemia de gripe y su distribución. Abrió una gran expectativa, pero poco tiempo después el modelo fracasó.
-¿Por qué?
-Si en un enclave se produce una muerte por gripe y se difunde en la prensa, muchas personas entran en Google a buscar información. Pero no por la existencia de la enfermedad, sino por el morbo mediático. Sucedió dos años después de aquel éxito clamoroso.
-¿Los modelos de análisis de epidemiología tienen capacidad de asumir el Big Data?
-Se llegó a creer que podía suprimir los modelos de análisis, pero no. El Big Data es una maravilla para el desarrollo de protocolos de actuaciones, como las traducciones.
-En Europa sufrimos una epidemia de gripe que no tuvo lugar.
-Fue una epidemia de pánico inducida por las grandes farmacéuticas. Una farmacéutica hizo el negocio más grande de la historia vendiendo humo primero y, luego, el Tamiflu y Relenza. En mi opinión, España cayó en esa trampa. Todavía hay grandes reservas de esos medicamentos, incluso en instalaciones militares.
-¿Puede repetirse?
-Desde luego. Esa epidemia fue inducida por una dinámica que no ha cesado. Aquello fue una pandemia de pánico porque no cesaba de anunciarse una epidemia con millones de muertos por la gripe porcina.
-Y en término reales, ¿cual es la próxima epidemia?
-Un riesgo real para España es el consumo de opiáceos, especialmente fentanilo, como se produce en Estados Unidos. Es algo pavoroso. En los últimos diecinueve años, desde que empezaron a recetarse han muerto más personas en EE UU por fentanilo que en la Guerra de Vietnam. En estos momentos es una verdadera emergencia nacional.
-¿Por qué va a suceder si son sistemas sanitarios diferentes?
-Se repite el mismo esquema que en Estados Unidos. La mayoría de las personas que mueren, primero se hacen adictos. Reciben dosis para dolencias para las que no están pensadas, incluso un dolor de muelas. Es la misma campaña de las farmacéuticas que en América, por las que alguna están siendo juzgadas en cincuenta ciudades de EE UU. El informe del Ministerio de Sanidad del mes pasado muestra como en los últimos siete años se ha doblado las prescripciones de opiáceos. Si eres un adicto acabas asaltando una farmacia o caes en las redes de los cárteles. Es una sustancia muy cara y se regala durante un cierto tiempo para que caigas en ella.
-Suena a película.
-Sé que está pasando en España. Las farmacéuticas están dando dando millonadas a las sociedades de neurólogos, de traumátologos...
-Le preocupa la desigualdad, ¿pero no es mayor peligro la ignorancia que alimenta a curanderos?
-La ignorancia es un desafío como es la desigualdad, pero más rebelde porque la gente opta por lo más colorido, lo esotérico. Yo, más que ignorancia, lo llamaría incultura científica. La desigualdad es más abarcadora. Afecta a todos, también a los privilegiados.
-¿Cómo, si cuentan con recursos?
-Están protegidos, pero entre comillas. La protección la ofrece la sociedad, no un sistema que, incluso, te puede recetar productos que te convierten en un adicto como un opiáceo... En El Salvador conozco a millonarios que viven en sus casa, entre rejas, con un nivel de estrés altísimo. La Organización Mundial de la Salud defiende que la salud debe estar en todas las políticas, no sólo en las sanitarias. Limitarlas ahí es un reduccionismo muy tonto.
Entrevista publicada en La Voz de Avilés-El Comercio el 7 de marzo de 2018

miércoles, 14 de febrero de 2018

La cocina del hospital

Dicho sin ánimo de ofender: la mayor parte de los pacientes somos unos ignorantes cuando estamos ante el médico. Nos sabemos enfermos, pero poco más. A base de experiencia, podemos avanzar un poco, pero poco. Tardaremos en saber si la operación ha sido un éxito y si el tratamiento es el adecuado.
Pero sí podemos juzgar si la comida llega fría o caliente, si la sopa está sabrosa o no, si nos gusta el postre...
Por eso, la cocina hospitalaria es tan importante. No sólo aporta la alimentación, también contribuye al bienestar, al confort del paciente. Y, aunque la enfermedad siempre impone severas condiciones, siempre es mejor disfrutar el almuerzo. 
Por eso es tan importante la cocina del Hospital.


Lidia Clara Rodríguez, el cocinero Borja Martín y José Manuel Valledor en la cocina del Hospital Universitario San Agustín. 
                                                                 foto MARIETA


Son unas cocinas amplias, limpias con perfección y que se diferencian de cualquier otra por su ubicación: el Hospital Universitario San Agustín. Lo que las convierte en unos fogones conocidos por todos los avilesinos, bien por su estancia en el centro médico o la de sus familiares. De ellas, vienen a salir cada día unos 1.200 servicios en los cuatro turnos de comida que se ofertan: desayuno, almuerzo, merienda y cena.
Ciertamente, es un número elevado, pero más aún si se es consciente que, en la actualidad, el servicio se encuentra individualizado. «Ahora mismo tenemos un programa informático que permite conocer no sólo las necesidades médicas de cada paciente, también rasgos personales, como puede ser una alergia alimentaria. De esta manera logramos los menús personalizados», explica José Manuel Valledor, encargado del centro de Mediterránea de Catering, la empresa que, desde 2001, es la concesionaria del servicio.
La última renovación del contrato del servicio en 2016, la dirección de gestión del Hospital Universitario San Agustín sumaba a la cocina hospitalaria, la atención al público y también imponía una importante modernización de los equipos. Los trabajos comenzaban el pasado mes de agosto y que se alargaban hasta mediados de septiembre.
La obra, con una inversión de 55.000 euros, supuso una renovación total de la cocina, tanto en su organización física, como en los equipos y también el menaje. En la distancia se ve el resultado con satisfacción, pero solo sus protagonistas conocen las horas de trabajo que les llevó planificar la intervención, un proyecto en el que se implicó todo el hospital. Incluso desde fuera, como la Unión Comarcal de Comisiones Obreras, que fue clave para conocer que el Ayuntamiento había aprobado la licencia y los trabajos podían comenzar en agosto.
«Teníamos que aprovechar el momento con menos ingresos para que apenas se resintiese el servicio. Fue un gran esfuerzo de todo el mundo, también de los pacientes, que durante los trabajos no pudieron escoger el menú, como es habitual», recuerda ahora José Manuel Valledor.
El corazón de la nueva cocina del San Agustín es su sistema informático, un programa en el que llegan a diario las necesidades de los pacientes. No sólo los llamados menús basales (aquellos ingresos sin necesidades especiales, que oscilan entre setenta y ochenta) y que pueden escoger entre diferentes opciones.
Las necesidades de los pacientes obligan a diferentes tipos de dieta y técnicas, como el uso de batidoras para facilitar la deglución. Todos esos datos se conocen con tiempo suficiente para ir organizando el trabajo de un equipo de 33 personas que, desde las 7.30 de la mañana a las diez de la noche, trabaja en la cocina distribuido en turnos de mañana o tarde.
No sólo se trata solo de plantear una oferta gastronómica. Ésta debe ser saludable y, por ese motivo, una dietista recibe la información de las características de los pacientes y trabaja con el equipo de cocina en las posibles respuestas.
Pero las mejoras de la nueva inversión van mucho más allá. Algunas no se conocen fuera de las paredes de la cocina, pero son de gran importancia para el equipo, como los nuevos suelos, antideslizantes para mejorar la seguridad laboral del equipo. No menos importante es el nuevo sistema de climatización y de aire acondicionado. «Con los equipos anteriores, o teníamos demasiado calor o demasiado frío, es algo que ahora se ha solucionado», destaca Valledor.

Detalles de la reforma

También se han modernizado todos los equipos de cocina, con nuevas líneas de lavado, hornos más eficientes, nuevas líneas de emplatado... La obra también alteró la distribución interna de la cocina de tal manera que definió con total claridad los circuitos de sucio y de limpio. El refuerzo de la seguridad alimentaria y la mejora de las condiciones de trabajo han sido dos constantes en esta inversión.
Ahora mismo las vajillas usadas se colocan en un tren de lavado cuya cabecera se encuentra en las inmediaciones del ascensor. De esa manera, se aleja cualquier foco de posible contaminación del lugar donde se encuentra la comida preparada. Una vez limpieza, la vajilla ya pasa a la zona de emplatado, más próxima a la cocina y de ahí se dirige a las plantas.
Pero los pacientes del hospital también han visto directamente algunas de las mejoras. Incluso tocado, como el nuevo menaje, mucho más ligero y cómodo, toda vez que se han suprimido las anteriores tapas que evitaban que la comida se enfríase.
Prescindir de ese recurso ha sido posible gracias a los nuevos carros para la comida. Llaman la atención por las imágenes de la comarca que lucen en su exterior. Y suponen una verdadera revolución en la hostelería hospitalaria toda vez que han solucionado un problema común a todos los hospitales: que la comida llegue fría a las habitaciones.
Eso es posible porque, junto con los catorce carros, se adquirieron cuatro estaciones de alimentación que cargan una batería que mantiene el calor de la comida. El equipo dispone de una zona fría, donde se colocan postres, por ejemplo yogures y la bebida como agua, y la parte caliente donde va el resto de la comida. «Se ha pasado de escuchar que la comida estaba fría a tener que advertir que tengan cuidado, puesto que llega caliente», apunta Valledor.
Ello no evita una cuidadosa planificación para asegurar que los pacientes reciban a su tiempo su menú. Así, para que los desayunos lleguen a las nueve de la mañana a planta, comienzan a emplatarse cuarenta minutos antes.
Además, los nuevos equipos son más silenciosos, algo especialmente importante para los pacientes ingresados, y resultan más sencillos de trasladar por la posición que deben adoptar las personas encargadas de esa tarea. Además, han visto como el peso de las bandejas se reduce.
La cocina también ha superado la certificación de calidad ISO 9001-2000, demostrando un compromiso constante con la mejora de la calidad, según destaca Valledor. «Si no hubiese sido por el apoyo de los trabajadores, toda esta obra y las mejores que ha supuesto no hubiese sido posible», asegura Valledor.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 13 de febrero de 2018.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Las otras caras de la sanidad

Cuando comencé a informar sobre Sanidad, allá por el año 1996 (no estoy seguro de la fecha) reducía el campo a los médicos y, como secundarias, a las enfermeras. El trato diario con la realidad sanitaria me demostró, rápidamente, mi error. Son muchos los oficios de la sanidad y todos influyen en la calidad del servicio, en su desarrollo, en su sostenibilidad, en su eficiencia.
Así que, de vez en cuando, hay que acercarse a las otras caras de la sanidad. Como las trabajadoras sociales sanitarias. 


Blanca Cuartas García y Alicia Fernández Villar, dos de las trabajadoras sociales sanitarias.
 Foto: Marieta

La asistencia sanitaria en Asturias está viviendo estos años una transición hacia un nuevo modelo en el que resulta tan importante la atención integral a la persona como la curación de las diferentes patologías. Aunque el objetivo sea la recuperación de los enfermos, la forma de atacar a la enfermedad no es exclusivamente medicalizada. El paciente, amparado por cambios legales, cobra más protagonismo, se empodera y adquieren tanta importancia las herramientas preventivas como la formación del paciente y una visión integral del proceso sanitario.
Este nuevo modelo de asistencia implica un cambio en el rol de las trabajadoras sociales sanitarias, cuya actividad no para de crecer. En la actualidad, cerca el 10% de los pacientes hospitalizados en el Hospital Universitario San Agustín son atendidos por las trabajadoras sociales, siendo la mayor demanda la de Medicina Interna, Neurología, Traumatología y Urgencias.
El envejecimiento de la población y la discapacidad son factores que incrementan la necesidad de estas profesionales, que, a lo largo del año, vienen a realizar en la comarca sanitaria avilesina unas 13.000 entrevistas, de las que siete mil son el primer contacto y el resto implican en seguimiento de la persona.
Sin embargo, este actividad cada vez mayor no evita que las trabajadoras sociales sean una de las grandes desconocidas en la asistencia sanitaria, son una parte de los equipos de trabajo que aún permanecen ocultos para muchos profesionales y, sobre todo, para los ciudadanos.
«No somos unas tramitadoras de recursos, ni las personas que se encargan de buscar una residencia», defienden Blanca Cuartas García, trabajadora social en Atención Primaria, y Alicia Fernández Villa, trabajadora social en Salud Mental Infantil, y que explican a este diario la realidad del trabajo social sanitario.
Y es que su objetivo «es abordar el malestar psicosocial de la persona. Para poder hacerlo, lo primero es poder acercarse a ella, conocer su situación y su realidad», comentan.
Aunque existen importantes diferencias entre la Atención Primaria, la especializada u hospitalaria y la ofrecida en Salud Mental, la trabajadora social interviene cuando se detecta una situación de riesgo, social generalmente desde los profesionales, si bien en Primaria puede surgir desde los ciudadanos.

«No existen pastillas»

La valoración social es la herramienta de estas trabajadoras para buscar una solución a los problemas detectados, siempre coordinándose con el equipo asistencial en el que se integran. «No disponemos de ninguna pastilla contra el malestar psico-social, sólo podemos solucionar esos problemas con el trabajo social, aunque requiere tiempo», explica Blanca Cuartas.
Durante la valoración, existen claves que respetan todas las trabajadoras sociales, como son la total confidencialidad y el máximo respeto a los pacientes. «Si algún familiar nos pregunta, antes de hablar con ellos solicitamos autorización al paciente. Y nunca desvelamos nada de él», afirma Alicia Fernández.
En la actualidad, las trabajadores sociales disponen de diferentes herramientas, como la escala Gijón para analizar la situación del anciano, o la escala de Zarit para medir la sobrecarga del cuidador. «Con la valoración llegamos al diagnóstico, por el que conocemos las causas de la situación, su tendencia y ofrecemos unas posibles medidas, pero la decisión es de la persona», comentan Cuartas y Fernández como una forma general de actuar donde la herramienta fundamental es el diálogo.
Este sistema de trabajo se puede alterar en situaciones complejas, como se dan en la infancia o la discapacidad, aunque no disponen de otra opción ya que «nosotras no contamos con recursos tangibles que ofrecer, aunque exista una coordinación sociosanitaria con los ayuntamientos y el Principado», aseveran.
En este camino, el diálogo con el paciente es fundamental. «En Primaria, una primera entrevista nunca baja de media hora y lo normal es ir a los tres cuartos de hora», ejemplifica Blanca Cuartas.
«En otras ocasiones, nuestro papel es asesorar a la persona ante el laberinto asistencial con el que puede encontrar y ayudar a personalizarlo», señalan. Con todo, lo más complejo no es llegar a la solución, sino lo que sucede después. «A veces no hay alternativas y toca acompañarlos, escucharles, esperar, estar siempre con la puerta abierta. No es fácil. Con frecuencia se reclaman soluciones indoloras, pero no hay», comenta Alicia Fernández.
Como parte de los equipos, su presencia es habitual en ámbitos como los consejos de salud, donde lo social es tan importante como lo sanitario.
Su capacidad de entender ambas realidades las convierten en un elemento fundamental en la gestión diaria de la nueva asistencia sanitaria. No en vano, como recuerda Alicia Fernández Villar, trabajadora social en Salud Mental Infantil, «en su origen, a principios del siglo XX, el trabajo social se encuentra muy vinculado a la asistencia sanitaria, ya que aparece la percepción de que el diagnóstico clínico quedaba a medias si no se tiene en cuenta las circunstancias sociales y personales».
Con todo, en España el desarrollo del trabajo social en el ámbito sanitario es relativamente reciente y sólo será a partir de los años 70 del pasado siglo cuando se aborden los primeros cambios legislativos consolidados con la Ley General de Sanidad de 1986. Cuatro años después se produce la primera incorporación de una trabajadora social al Hospital Universitario San Agustín.
El Hospital Avilés contrata en 1994 a su primera trabajadora social y, en el año 2000, el Hospital San Agustín incorpora su segunda trabajadora social. Actualmente, en Avilés existen diez trabajadoras sociales sanitarias. Además de ambos hospitales, Salud Mental y Atención Primaria disponen de estas profesionales cuyo número tendrá a incrementarse en los próximos años. Y es que, por ejemplo, en Primaria una misma trabajadora atiende en la actualidad dos centros diferentes, con la dificultad  que eso implica para coordinarse con los equipos sanitarios. De ahí que sea lógico pensar que su número aumentará. Más aún cuando el pasado año, el Principado de Asturias aprobaba el decreto de Atención Sociosanitaria que sienta las bases para la coordinación entre departamentos y crea una estructura legal acorde con la realidad del trabajo social sanitario.


Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 13 de noviembre de 2017.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Futuro y sentido común

La celebración del Congreso Iberoamericano de Ergonomía permitió que el doctor Rafael Grossman (@ZGJR) ofreciese una charla en Avilés. Grossman es mundialmente famoso por ser el primer cirujano en utilizar las Google Glass en una operación, en su caso para enseñar la cirugía a pacientes.
La rueda de prensa con él fue uno de esos lujos que, con frecuencia, te regala esta profesión. Derrochó ilusión por el futuro, pasión por la medicina y el sentido común de quien conoce el día a día de su profesión. Lo dicho, un placer escucharlo.

El doctor Rafael Grossmann durante su intervención en el Congreso de Ergonomía. Foto: Marieta


Una encendida defensa de las nuevas tecnologías para mejorar la comunicación y su potencial para compartir conocimientos fue el mensaje central del doctor Rafael Grossmann, el primer cirujano en usar Google Glass durante una operación. Su intervención clausuró ayer el Congreso Iberoamericano de Ergonomía que se ha venido celebrando en el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer de Avilés bajo la organización de la Asociación Española de Ergonomía.
En el caso de Grossmann, la finalidad era meramente didáctica: facilitar que los estudiantes viesen la intervención. Pero después de comentar su experiencia en su bitácora, un amigo publicó un artículo de Forbes que, rápidamente, alcanzaba los 51.000 impactos con la vitola de ser el primer cirujano en introducir esa tecnología en un quirófano, comentó ayer antes de la charla de clausura del congreso.
Desde entonces, el crecimiento de esta opción ha sido exponencial. «A mí me siguieron unos pocos estudiantes. Cuando lo hizo el doctor Shafi Ahmed, lo vieron 14.000», explicó. También se han producido experiencias en los que los cirujanos indican a otros médicos como intervenir.

«La barrera cultural»

Para Grossman, la gran ventaja de las nuevas tecnologías es favorecer la comunicación, el intercambio de conocimiento entre personas, la constitución de una comunidad basada en compartir el saber.
Reconoce que «de las tres barreras que existen para la implantación, la más importante es la cultural». El primer obstáculo es el coste, si bien este cambia de manera constante. Además, aconsejó que no se adquieran los equipos por sí, sino en función de las necesidades de cada servicio o centro. «Igual no necesita una inversión de millones, sino con mucho menos dinero logra lo que necesita», comentó.
No obstante, recordó la capacidad arrolladora que las nuevas tecnologías pueden adquirir. «Hace diez años apenas se habían extendido los teléfonos inteligentes y hoy no nos imaginamos la vida sin ellos», aseveró.
El segundo obstáculo es la regulación legal. «Diferente en cada país. En algunos estados no existe ningún tipo de normativa y otros es muy fuerte, como sucede en Estados Unidos. Para la primera operación, tuvimos que pedir autorización al paciente», recordó Grossman.
De ahí que la gran batalla sea el cambio cultural, donde el médico venezolano apuntó a la necesidad del diálogo constante para vencer resistencias. En ese sentido, se llegó a presentar como un «evangelizador» de las nuevas tecnologías.
Grossmann apuntó las posibilidades de nuevos desarrollos de la mano de la realidad virtual y la inteligencia artificial, que siempre convivirán con las técnicas tradicionales. Citó el ejemplo del potencial de la realidad virtual para analizar diferentes posibilidades en intervenciones donde apenas exista margen para el error o para informar a los pacientes.
También indicó otros usos, como la posibilidad de utilizar la tecnología para completar datos del historial médico, bien automáticamente o por un ayudante, «de manera que el médico disponga de más tiempo para el paciente». Así, el avance técnico apoyaría un factor clave en la medicina como es la relación médico-paciente. «La tecnología mejora el sistema de salud. Incluso para el paciente. Imagínese una persona con arritmias, puede recibir en tiempo real información sobre su corazón», aseveró.
Ello no impidió que reclamase una utilización «con sentido». Así, recordó el caso de un médico estadounidense con una gran experiencia en la aplicación de la realidad virtual para tratar enfermos.
«A una paciente terminal, le planteó la posibilidad de usar la realidad virtual para imaginarse en un paisaje paradisíaco, pero ella le respondió que se estaba muriendo y que, lo que quería era estar en su casa, en su habitación», comentó.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 12 de noviembre de 2017

jueves, 9 de noviembre de 2017

A la vanguardia tecnológica

En su momento me parecieron mezquinas las críticas a la donación de Amancio Ortega a la sanidad pública. Gracias a su altruismo, el esfuerzo de modernización tecnológica que se realiza de manera constante en la sanidad española avanzó unos cuantos años. En Avilés, ya sabemos lo que representa una donación que no altera la sostenibilidad ni eficiencia del sistema, tan sólo contribuye a mejorarlo. 

El director del hospital, Víctor Blanco, presentó el nuevo mamógrafo acompañado de Belén Susín, jefa del servicio de Radiología. Foto: Marieta


El Hospital Universitario San Agustín (HUSA) renueva su mamógrafo por todo lo alto. Y es el que el viejo equipo con veinte años de antigüedad ha sido sustituido por la tecnología más avanzada del mercado que ayer tuvo su puesta de largo. El salto tecnológico permitirá que los profesionales pasen de utilizar la mamografía convencional en dos dimensiones a trabajar con tecnología en 3D. Las ventajas para las pacientes son numerosas. Por una parte, una menor exposición a la radiación, al tiempo que una mayor definición en la imagen. De la misma manera, se reduce en un 40% las exploraciones posteriores.
Así, los nuevos equipos demuestran ser hasta un 41% más eficaces a la hora de detectar posibles lesiones pre-cancerosas, avanzando en la detección precoz de los tumores, donde el tratamiento es más sencillo y el diagnóstico más favorable para la mujer.
El nuevo mamógrafo también está dotado con un sistema de esteroataxia digital que permite realizar procedimientos intervencionistas con gran precisión y rapidez. Otra ventaja es el sillón hidráulico reclinable que incorpora, con el que se mejora el confort de la paciente. Los antiguos mamógrafos eran, como mínimo, incómodos para las mujeres, cuando no dolorosos por la situación en la se ponían la mama para la exploración. Todas esas molestias desaparecen con el nuevo equipo.
El mamógrafo existente en el Hospital Universitario San Agustín se había quedado obsoleto, además de sufrir diferentes averías reiteradamente. De hecho, a principios de año se alquiló un equipo para evitar paralizar la actividad a la espera de que llegase el nuevo equipo y pudiera comenzar a funcionar.

Mejores diagnósticos

El mamógrafo del HUSA mejorará el seguimiento de las mujeres con cáncer de mama y los diagnósticos que se realizan en el centro sanitario. En el área sanitaria de Avilés, el cribado para la detección precoz del cáncer de mama se realiza en el Hospital Avilés, que también dispone de equipos digitales y avanzados tecnológicamente.
Estas pruebas se realizan a las mujeres mayores de cincuenta años de manera bienal. El plan de cribado detecta entre 150 y 170 casos nuevos anuales en toda Asturias, lo que se traduce en tres supuestos cada 1.000 mujeres. Un 70 por ciento de los casos no presenta afectación a los ganglios, entre un 30 y un 40 por ciento de los tumores son menores de 10 milímetros y entre un 60 y un 70 por ciento se diagnostica en fases tempranas, con lo que el tratamiento es mucho más sencillo.
La participación en el programa ha reducido la tasa de mortalidad del cáncer de mama, siendo, en la actualidad, superado por otros tumores como los colorrectales.

Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el nueve de noviembre de 2017.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Otra victoria contra el cáncer

La lucha contra el cáncer es una parte de la historia de la humanidad repleta de logros. La investigación ha ido acotando sus múltiples variedades y hoy en día tenemos manifestaciones que se han convertido en procesos crónicos junto con otras que mantienen su letalidad. La prevención es, sin duda, una de las grandes herramientas para derrotarla y, por eso, es fundamental concienciar sobre programas como el cribado contra el cáncer colorrectal. 


Lidia Clara Rodríguez, directora de Asistencia Sanitaria en el Área Sanitaria III, y Juan Rubio, técnico de Salud Pública. Foto: Patricia Bregón.

El cáncer colorrectal es un tumor maligno, con capacidad de extenderse por el cuerpo y que sufren una de cada veinte personas a lo largo de su vida. En sus fases iniciales se puede llegar a curar, pero es asintomático. Sólo muestra su existencia en los estadios más avanzados, a veces incluso sin tiempo para reaccionar. De ahí la importancia del programa para su detección precoz y que se aplica en Avilés de manera pionera en Asturias.
En enero de 2015 comenzó una prueba piloto en los centros de salud de Cudillero y Castrillón, recuerda Lidia Clara Rodríguez, directora de Asistencia Sanitaria en el Área de Salud III, y, en octubre de 2016 se extendió a toda la comarca. Las investigaciones previas indican que este tipo de campaña puede llegar a reducir entre un 15 y un 33% el número de fallecimientos por tumores colorrectales, destaca Juan Rubio, técnico de Salud Pública en el Área Sanitaria III.
El programa de detección precoz se dirige a toda la población entre los 50 y 69 años. En la comarca, es un conjunto de 44.126 personas. Se basa en el test de detección de sangre en heces. «Es una prueba inocua, fácil de realizar», destaca la directora de Asistencia Sanitaria. La organización del cribado se ha distribuido para que, en dos años, toda la población participe. Así, hasta este octubre han sido invitadas 24.756 personas, el 56% de la población diana. De esta manera, al terminar 2018 toda la población habrá podido realizar la prueba.
«Es necesario hacer una planificación para evitar que el sistema se colapse. No se puede perder la capacidad de respuesta», explica Juan Rubio. Hasta el momento, la participación ha alcanzado el cuarenta por ciento, unas 9.903 personas, una cifra que va incrementándose en esta primera oleada. Las mujeres acuden más que los hombres al cribado. El 7,5% de las pruebas realizadas ha dado positivo.
Su incidencia varía en función del sexo. Es más frecuente en los varones que en las mujeres, si bien en ellas es el tumor más letal, superando al más frecuente, el de mama. «Las campañas de detección precoz del cáncer de mama han contribuido a reducir su mortalidad de manera muy importante», recuerdan Rodríguez y Rubio. En la actualidad, cada año fallecen 375 asturianos por un tumor en el colon, del que se realizan 689 diagnósticos nuevos al año. La tendencia es que se incremente el número de casos.
El desarrollo del programa es sencillo. En el primer año (2017), se ha convocado a todos los nacidos en años pares y, en el segundo (2018), se invitará a los nacidos en los impares. Esta dinámica se mantendrá en el futuro, añadiendo a las personas que ya han participado las nuevas incorporaciones al colectivo que se beneficia del programa.
Una de las preocupaciones en el diseño de esta prueba ha sido reducir al máximo las molestias, tanto a profesionales como a los usuarios. A lo largo del mes de su cumpleaños, cada participante recibirá una carta en su domicilio invitándole a realizar el cribado. El siguiente paso es la cita con la enfermera que le corresponde en el centro de salud o en el consultorio de atención Primaria. Allí le entregará el kit para la prueba y las explicaciones necesarias. El personal de enfermería también resolverá todas las dudas que puedan surgir sobre su realización.

Sencillo

El test de sangre oculta en heces es de una gran sencillez. Se realiza en el domicilio de cada persona. En la actualidad, el bote de recogida se entrega en una funda de plástico hermética que la persona realiza antes de recoger las muestras. Estas se depositarán en un pequeño tubo. Al desenroscarlo, se separa el tapón con un pequeño bastoncillo, que se deberá introducir en diferentes lugares. Posteriormente, se guarda en el bote, se cierra y se lleva lo más rápido posible al centro de salud. A partir de ahí, sólo queda esperar el resultado.
Si sale negativo, que es lo más frecuente, la persona recibirá una carta en su domicilio con el resultado. Deberá esperar otros dos años para volver a realizar la prueba, manteniéndose el ritmo hasta que cumpla los 69 años.
«A partir de esa edad, es mucho más difícil que se desarrolle un cáncer. Está establecido que, cuando una colonoscopia por un posible cáncer colorrectal es negativa no se hace otra en un plazo de diez años. Hablamos de población que ha realizado varios test en los años previos y no hay indicios», explica Juan Rubio.
En el caso de que el resultado sea positivo, será informado por su médico o enfermería de familia. Hasta la fecha, se ha registrado un 7,5 por ciento de positivos en la comarca, lo que representa 743 personas. «El porcentaje es el esperado según los estudios existentes», comenta Juan Rubio.
El positivo motivará la posibilidad de realizar una colonoscopia en el Hospital Universitario San Agustín para analizar detalladamente el aparato colorrectal. «El positivo no significa que la persona tenga cáncer de manera automática», destaca Lidia Clara Rodríguez.
De hecho, entre el 58 y el 60% de las pruebas realizadas terminaron sin hallazgos vinculados al cáncer. «La presencia de la sangre se puede deber a un sangrado puntual, también hay falsos positivos», explica.
En el resto de las exploraciones se encontraron desde lesiones pre-cancerosas a cánceres. De hecho, se han detectado veintiocho tumores colorrectales desde la primera experiencia piloto en los centros de salud de Cudillero y Castrillón. «Es muy importante porque se pudo comenzar el tratamiento en la fase inicial, mucho más sencillo para el paciente», destaca Rubio.
Además, en 228 personas se detectaron adenomas o pólipos. «Son lesiones pre-cancerosas. En función de los hallazgos, tanto su número como su distribución, se fija el riesgo de la persona y se hace un seguimiento», asegura Rubio. En función del caso, durante la misma colonoscopia se extirpa el pólipo, con lo que se evita la evolución hasta convertirse en un cáncer y se mantiene a la persona en un seguimiento adecuado.
El caso es que este es el único método para tratar de frenar al cáncer colorrectal. «Es el segundo tumor más frecuente. Y, en las mujeres, el de mayor letalidad», subraya Juan Rubio. No hay que olvidar que aún se desconocen sus causas, si bien se aconsejan hábitos como aumentar el consumo de frutas y verduras, evitar la obesidad y hacer ejercicio de manera regular como medidas de prevención.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 30 de octubre de 2017.