martes, 1 de mayo de 2018

El balance de un año

No sé las causas, pero no es frecuente que los hospitales públicos, al menos en Asturias, hagan públicos sus balances anuales. Es una pena. Los periodistas perdemos una información interesante con la que, además, aprendemos. Y los ciudadanos una oportunidad de aprender. En fin, doctores tiene la Iglesia, que dicen los clásicos. Mientras tanto, el Hospital Avilés es una feliz excepción. Y que siga así, por muchos años.


Foto: Marieta
La Fundación Hospital de Avilés cerró el pasado año con las mejores cifras de su historia. El incremento de la cirugía ambulatoria, la incorporación de nuevas tecnologías y la profesionalidad de la plantilla, integrada en la actualidad por 131 personas, de las que 97 son personal sanitario y 34 no sanitario, explica que se hayan logrado estos resultados, según se destacó en una nota de prensa tras la reunión del patronato.
La entidad, además, consiguió esas cifras sin romper el equilibrio económico y con las tarifas congeladas. Según explican, se encuentran «en un importe similar a las de 2008».
El convenio con el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) es la principal vía de ingresos para el centro avilesino. El balance del año pasado, registró un cumplimiento de objetivos superior al pactado inicialmente. En concreto, se alcanzó el 102,78%. No es la primera vez que sucede. Así, en 2016 el cumplimiento de los objetivos había llegado al 101,4% y en 2015 el 104%.
En el año 2003, el Hospital de Avilés se incorporó a la Red hospitalaria de utilización pública del Sespa como centro asociado al hoy Hospital Universitario San Agustín, convirtiéndose en una de las piezas claves en la asistencia sanitaria pública de la comarca, gracias sobre todo al apoyo que representa para la atención de las personas mayores.
De hecho, la actividad geriátrica sigue siendo una base importante de su actividad. No se puede olvidar que el índice de envejecimiento del Área Sanitaria III es del 25,07%, cuando el porcentaje regional es del 24,75% y la tasa española baja hasta el 18,96%. Además, el 8,76% de la población de la comarca tiene más de 80 años.
El pasado año, el Hospital de Avilés atendió a 1.257 pacientes geriátricos, una cifra ligeramente inferior a la de 2016, cuando había sido 12.702. Sin embargo, las estancias se incrementaron por ser más largas. Y es que en 2017 se contabilizaron 20.609 estancias frente a los 201.82 de 2016.
El 67% de los pacientes geriátricos tiene más de 80 años y la edad media es de 82 años, un año más que en 2016, lo que evidencia la tendencia al envejecimiento de la comarca. Estos ingresos suelen alargarse en el tiempo, de ahí el número de estancias. Además suelen ser pacientes complejos, con polimedicaciones y, con frecuencia, encamarados, lo que representa una importante carga de trabajo, especialmente para colectivos como auxiliares de enfermería, celadores y enfermería que mantienen un contacto más directo con los pacientes.
La importancia del Hospital de Avilés es que la atención que presta a estos pacientes libera espacios en el San Agustín para recibir casos agudos, más que pacientes crónicos o que necesitan ingresos prolongados como sucede con los enfermos geriátricos.

Cirugía ambulatoria

La actividad quirúrgica también se ha incrementado después de las reformas de los quirófanos y el apoyo a la cirugía ambulatoria, que ya encamados el 89% de la actividad quirúrgica del centro.
En total se realizaron 3.585 operaciones, la cifra más alta de la historia superando las 3.194 de 2016. La comparativa interanual mantiene como las especialidades con más carga de trabajo a oftalmología, cirugía plástica y cirugía vascular. El único cambio es que traumatología gana peso frente a urología.
Todo apunta a que esta tendencia se mantendrá gracias a la adquisición de nuevas tecnologías para las operaciones de cataratas y la importancia del Hospital de Avilés para contener las listas de espera de esta cirugía, que tiene una gran peso en la comarca por el envejecimiento de su población.
Además, el Hospital Avilés es el centro de referencia público para la cirugía plástica y vascular, especialmente varices, ya que otras patologías más complejas se derivan al Hospital Universitario Central de Asturias, por lo que no caben cambios en esta estructura.
Algo parecido sucede en la actividad de consultas externas, que alcanzaron en 2017 las 17.476 visitas cuando en 2016 habían sido 16.415. Oftalmología es el servicio que más actividad genera, con 7.884 consultas. La consulta de alergia generó 3.296 visitas en 2017, siendo el único centro de la red pública en la ciudad.
El año pasado hubo 2.248 consultas preoperatorias, 1.135 consultas de seguimiento de la de cirugía vascular, y 1.953 para cirugía plástica. Además, traumatología atendió a 929 pacientes en consultas externas y 31 acudieron a urología.
La existencia de la actividad quirúrgica y médica también obliga a realizar diferentes pruebas diagnósticas. El pasado año se realizaron 6.205 exploraciones diferentes, cuando en 2016 habían sido 5.665. El aumento de la actividad asistencial explica esta evolución.
La mayor parte de las pruebas fueron ecografías (2.529). También se realizaron 1.470 exploraciones radiológicas y 1.209 densitometrías. La actividad en este campo se completó con 997 electromiografías.
El Hospital de Avilés mantuvo un año más la campaña de detección precoz del cáncer de mama, a la que acudieron 8.440 mujeres de las 10.246 convocadas, lo que representa un porcentaje del 82%, superior al del 2016 cuando había sido del 75%. La campaña permitió detectar cincuenta casos de cáncer. Este programa facilita la localización de los tumores en sus estadios iniciales, con lo que el tratamiento siempre presenta una mejor perspectiva para la mujer. Desde el año 1999, el programa ha realizado 129.732 estudios y que han permitido detectar 440 tumores detectados.

Rehabilitación

Otra de las áreas importantes de actividad es la rehabilitación, donde pasaron 867 pacientes con un total de 5.805 sesiones. Una parte fundamental es la atención a los pacientes geriátricos, con 4.637 sesiones que son de gran importante para su evolución ya que les ayudan a recuperar o mantener la movilidad después de cirugías complejas.
El Hospital de Avilés también mantuvo hasta septiembre del pasado año un concierto con ASAT-Salud dentro de su acuerdo con Unespa para atender a pacientes en sesiones de rehabilitación por accidentes de tráfico. En total, pasaron por esta unidad el año pasado 110 personas, que recibieron 1.168 sesiones de rehabilitación.
Con este balance, el Hospital de Avilés se mantiene en sus máximos históricos y con un escaso margen para crecer. Y más aún después de que la marcha de las Siervas de Jesús que, en 2016, abandonaron el Hospital facilitando un cambio en el aprovechamiento del edificio, lo que ha contribuido a la mejora de las cifras de actividad.
Antes de la crisis económica, el centro planteó la construcción de un edificio anexo para albergar un centro de día para pacientes geriátricos que se encuentran en su domicilio, pero necesitan atenciones específicas.
Las medidas de control del gasto paralizaron el proyecto, cuyo desarrollo depende de que el Principado de Asturias financie la puesta en marcha de un recurso que representaría un avance muy importante. La Fundación sigue trabajando para lograr la financiación necesaria para esta inversión.
El patronato de la Fundación Hospital de Avilés aprobó también las cuentas para el presente año, en una línea continuista con el pasado ejercicio. Así, para 2018 se han previsto 7.288.187 euros de ingresos frente a los 7.210.705 euros contabilizados en 2017 con un incremento de 134.795,11 euros respecto a 2016. Las cuentas de 2018 destinan 7.032.683 euros para gastos.
La distribución del gasto mantiene la tónica de los pasados años. La mayor parte del dinero se destina al personal, aunque se reservan 113.944 euros para inversiones, tanto en el mantenimiento de las instalaciones como en la renovación de la tecnología sanitaria.
Así, este año está previsto destinar 70.440 euros para un fluoroscopio de alta gama para la operaciones de juanetes (Hallux Valgus), además de equipos para la realización de artroscopias, cataratas y cirugía plástica.
Esta inversión se completa con partidas para videovigilancia, tanto en el interior como en el exterior o las barreras de entrada al recinto.
Las cuentas de 2017 registraron inversiones por valor de 150.835euros y obras por 100.140 euros. Una de las compras más importantes fue la adquisición de dos facoemulsificadores, empleados en cirugía de cataratas, por un valor de 75.413euros.
También se destinó dinero para una lavadora de material quirúrgico, nuevas puertas automáticas de entrada al hospital, mobiliario y taquillas para el vestuario de personal, colchones y cojines antiescaras, además de un tensiómetro electrónico con un carro.
La política de inversiones constantes ha permitido que el centro mantenga su calidad en la asistencia. Así de manera paulatina se han renovado todas las camas y modernizado sus instalaciones.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 30 de abril de 2018.

domingo, 29 de abril de 2018

Abrir nuevas vías

Los congresos siempre son una fuente de noticias. Muchas y buenas. También un lugar para aprender. La reunión anual de la Sociedad Asturiana de Hematología destaca la importancia de los ensayos clínicos, entre otros temas. Una cuestión a seguir.

Un momento del congreso. Foto: Marieta.
El Hotel Silken Villa de Avilés acoge durante este fin de semana (27 y 28 de abril de 2018) la décimo primera Reunión Asturiana de Hematología y Hemoterapia, un cónclave científico auspiciado por la sociedad médica de esta especialidad que cuenta en Asturias con cerca de ochenta especialistas, tanto en los grandes centros como en los hospitales comarcales. «La Hematología es una especialidad desconocida para el gran público, pero su actividad es necesaria en casi todos los hospitales, en campos que van desde la hemato-oncología a la anticoagulación, el servicio de transfusión de sangre o los hematólogos de laboratorio», según explicó Esther González García, del Hospital Universitario de Cabueñes y presidenta de la Sociedad Asturiana de Hematología.
Las reuniones se han convertido en un punto de encuentro de los hematólogos asturianos . Este año, todos los invitados trabajan en centros de otras regiones. «Es un esfuerzo que hemos hechos para mejorar los contenidos del congreso», explicó Esther González.
Durante la jornada del pasado viernes se conocieron experiencias concretas como la del doctor José Manuel Cárdenas, que trabajó como cooperante en la puesta en marcha de un sistema de calidad en establecimientos de la sangre en Islamabad, capital de Pakistán, y otras ciudades de Oriente, además de avances en el tratamiento de la hemofilia o casos clínicos en la medicina transfusional.
Hoy sábado (día 28 de abril), se conocerá, entre otros temas, la experiencia práctica de una unidad de ensayos clínicos sobre linfomas, leucemia mieloide crónica y mieloma. La ponente será la hematóloga Cecilia Carpio, del Vall d'Hebrón de Barcelona.
Esther García destacó la importancia para los hematólogos que ofrece la participación en este tipo de proyectos e incorporarlos a la práctica habitual. Tanto el Hospital Universitario de Cabueñes como el Hospital Universitario Central de Asturias incrementan su presencia en estos grupos de los que destacó «su carácter cooperativo entre los centros».
Su acceso a ellos implica cumplir una serie de requisitos que avalan la calidad de los servicios. Además, los pacientes también se benefician porque acceden a moléculas que aún no se encuentran disponibles en el mercado a pesar de haber sido validadas por autoridades científicas de terceros países, o que se encuentran en la recta final de su aprobación. «En casos de resistencias a los tratamientos puede ser una gran ayuda», aseguró.
Esther González subrayó que están «impulsados por entidades sin ánimo de lucro, como puede ser el Grupo Español de Hemopatías Malignas, el Grupo Español de Trasplantes y Linfomas o el Grupo Español de Mieloma.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 28 de abril de 2018

sábado, 28 de abril de 2018

Abordar un tabú: el suicidio

Si existe un tema complejo de abordar es el suicidio. Es un terreno ideal para meter la pata. Incluso en un acercamiento como el que protagoniza el doctor Juan José Martínez Jambrina, desde el ámbito clínico. 


Juan José Martínez Jambrina. Foto: José Prieto


Varón, en un ambiente urbano, mayor de 58 años, y, posiblemente, jubilado y con otras enfermedades. Son algunos de los rasgos que conforman el retrato robot de un suicida en el Área Sanitaria de Avilés. La cifra de suicidios consumados en la comarca se encuentra en dieciocho personas en los últimos años, con una tasa que se encuentra entre trece y catorce casos por cada 100.000 habitantes, según explicó ayer el doctor Juan José Martínez Jambrina, director de la unidad de gestión clínica de Salud Mental en el Área Sanitaria III de Avilés, en el 'Aula de Salud' organizada por el Área con la colaboración de la Asociación Cultural La Serrana en el Hotel 40 Nudos.
«Es una cifra estable, con una tendencia al alza y muy superior a los datos de España. La media nacional es de nueve casos por cada cien mil habitantes. Asturias y Galicia se encuentran a la cabeza desde que comenzaron los registros», comentó ayer el psiquiatra.
Jambrina describe el suicidio como una «realidad compleja». Los datos de Avilés indican que son más propensos los hombres que las mujeres (70-30%) y que es más frecuente en un entorno urbano que rural.
La edad media es de 58 años, aunque predominan los jubilados. Los medios más usados son la precipitación y el ahorcamiento, según la estadística del Servicio de Salud del Principado de Asturias.
Una situación que ha llevado a la consejería de Sanidad y Servicios Sociales a poner en marcha un protocolo de prevención. Después de una fase piloto para comprobar su eficacia, hace mes y medio comenzó su aplicación en Langreo y La Ería, en Oviedo.
Al Área Sanitaria de Avilés llegará después del verano, según aseguró ayer el doctor Jambrina. Tampoco se puede olvidar la vertiente legal ya que, «ayudar al suicidio se encuentra penado con la cárcel en España», recordó el médico.
«Es una recomendación del Plan Nacional de Salud Mental. En España, ya existen medidas similares en Andalucía, Galicia, Cataluña, País Vasco y Castilla-León, entre otros», comentó. «Al día, diez familias españolas registran un suicidio, que es la causa de unas 3.700 muertes al año», comenta el doctor Jambrina para ilustrar el alcance de esta realidad y la necesidad de un intervención desde la administración.

Posible detección

La experiencia avala estas iniciativas. «En España, aquellas comunidades con un protocolo han visto que la tasa de suicidios se mantiene estable. En el Reino Unido, una investigación demostró que el 93% de los suicidios registraban alguna patología asociada: depresión, trastornos afectivos, tasas de alcoholismo», comentó el psiquiatra.
Esta realidad se produce parcialmente en Avilés, donde el 45% de los casos de suicidio registraban otras enfermedades somáticas, lo que fortalece la posibilidad de intervenir.
Y es que existe un campo donde trabajar, si bien el Jambrina llamó a la prudencia «por la complejidad existente en un fenómeno como el suicido». El protocolo se desarrolla en el ámbito sanitario y establece medidas de coordinación entre los diferentes profesionales que pueden tratar en algún momento a personas que pueden tener intenciones de terminar su vida.
«Es muy importante la coordinación con Atención Primaria, pues en ella se pueden detectar muchos indicios. Es el primer eslabón en la cadena», destacó Jambrina. La estadística demuestra que muchos de los casos o intentos de suicidio de suicidio nunca han tenido contacto con la red sanitaria.
El programa cubre todos los niveles de la estructura sanitaria y refuerza su orientación tanto a las personas que pueden llegar a tener el deseo de terminar con su vida como a sus familias. «Debemos ayudar a las personas, pero también a sus familias. Son situaciones muy complejas y las familias también necesitan un apoyo», reflexionó.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 19 de abril de 2018

martes, 27 de marzo de 2018

Las batallas ganadas contra el cáncer

La guerra contra el cáncer no se ganará, pero en el esfuerzo por reducir la mortalidad se ganan pequeñas batallas, como esta protagonizada por los patólogos del Hospital Universitario San Agustín. Es un artículo antiguo, pero, salvando los detalles temporales, sigue vigente en lo sustancial. 


Por la izquierda, Eduardo Iglesias, Juan Carrera, José María Alonso de la Campa y María Victoria Venta.
Foto: Marieta.


Son los ojos de ginecólogos, cirujanos y oncólogos, de cualquier especialidad que necesite saber la naturaleza de un tejido que se encuentra en el cuerpo humano. Sin contacto directo con el paciente, los avances de Anatomía Patológica transcurren en paralelo al desarrollo de la medicina moderna, según recuerda Eduardo Iglesias García, jefe del servicio de Anatomía Patológica en el Hospital Universitario San Agustín (HUSA).
Una mejora permanente de las técnicas que se traduce en una mayor exactitud en sus diagnósticos y aumentar su capacidad de trabajo aunque, como recuerda el doctor Iglesias, «en Medicina nunca se puede decir que has logrado algo al 100%». Uno de los últimos avances incorporados al HUSA es el sistema de lectura automatizada para la citología ginecológica y donde se examinan todas las pruebas de este tipo del Área Sanitaria III y de Jarrio.
Junto con los equipos disponibles de patología molecular para detectar el virus del papiloma humano permite que se tenga uno de los niveles más altos posibles para la detección precoz del cáncer de cérvix en Asturias. «Aquí se hace un seguimiento del 20% de las mujeres asturianas», remarca el jefe del servicio. La combinación de ambas técnicas hace muy posible que las células malignas no se escapen del escrutinio de los patólogos.
Junto con los equipos disponibles de patología molecular para detectar el virus del papiloma humano permite que se tenga uno de los niveles más altos posibles para la detección precoz del cáncer de cérvix en Asturias. «Aquí se hace un seguimiento del 20% de las mujeres asturianas», remarca el jefe del servicio. La combinación de ambas técnicas hace muy posible que las células malignas no se escapen del escrutinio de los patólogos.
«En una preparación existen miles de células. El sistema identifica todas aquellas donde existan alteraciones que merecen ser estudiadas por el patólogo», explica Eduardo Iglesias. Cuando aparece algo sospechoso, el sistema avisa al especialista para que la revise. «De esta manera ganamos capacidad de respuesta porque podemos analizar muchas más citologías que si fuésemos una a una», comenta el jefe del servicio.
Además, los patólogos revisan pruebas que pasaron la comprobación automática sin ninguna alerta. «Es una verificación de calidad, para comprobar que no hay fallos», explica.
Al año se examinan unas 8.000 citologías ginecológicas. La mayor parte de Avilés, unas 6.000 y el resto se aportan desde el Hospital de Jarrio. «Es muy importante, porque permite asumir el coste de esta tecnología. De no alcanzar esa cifra, sería muy difícil disponer de estas técnicas en el San Agustín», explica el jefe del servicio.
Aumentan las biopsias
Pero el doctor Iglesias no olvida las biopsias, la estrella del servicio con más de 8.000 pruebas realizadas al año y que van al alza por su generalización en todos los servicios. «En 2005 hicimos 6.654 y el año pasado 8.535. En diez años crecimos un 20%. Este año, en septiembre ya superamos las 8.200. Es la tendencia de todos los hospitales», asevera el doctor Iglesias en una tendencia que demuestra la pujanza de la especialidad.
También contribuye a ella la «punción-aspiración», una técnica que permite obtener de cualquier órgano una pequeña muestra de tejido celular para su estudio. «Este año creceremos un 12%. En 2015 hicimos 1.132 y, a septiembre de 2016, llevamos 1.095», explica el patólogo.
El servicio de radiodiagnóstico se encarga de la extracción y, gracias a agujas cada vez más finas, se puede acceder a cualquier tejido. El doctor Iglesias también señala que los avances de la especialidad permiten efectuar analíticas cada vez más exactas con muestras más pequeñas.
Los patólogos se encargan además de las autopsias clínicas, llamadas así para diferenciarlas de las judiciales, que realizan los forenses en otro ámbito. En este caso, su finalidad es mejorar el conocimiento al disponer de una mayor información de las causas del fallecimiento, además de ayudar a la formación de nuevos médicos.
«La realización de la autopsia también ha evolucionado mucho. Ahora cada vez se emplea más la resonancia, el TAC. Facilitan mucha información y son muy importantes», señala Iglesias. La realización de la autopsia obliga a disponer de la autorización de la familia y sólo se solicita cuando, en criterio de los especialistas, existen argumentos científicos o docentes. El Hospital Universitario San Agustín cuenta con una comisión de trabajo específica con este cometido. «Al año realizamos entre 25 y 30 autopsias, es una cifra alta para un hospital comarcal, pero la mitad de las que necesitaríamos, sobre todo pensando en la formación», explica.

Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 23 de octubre de 2016

miércoles, 7 de marzo de 2018

El peligro de los opiáceos

Entrevistar a un cubano siempre implica riesgos: te puedes quedar sin batería. O que te cuente mucho, pero no te diga nada. Con el doctor Luis Carlos Silva sucedió todo lo contrario. Un tipo excepcional, con un doctorado en Matemáticas por la Universidad de Praga y, posteriormente, otro en Salud en la Universidad de La Habana. Fue un placer escucharle, aunque inquieta su reflexión sobre el fentanilo, del que ya había leído algo en el XL Semanal


El doctor Luis Carlos Silva. Foto: Marieta
Uruguayo de nacimiento y cubano de adopción, el profesor Luis Carlos Silva (DuraznoUruguay; 1951) lleva toda su vida uniendo matemáticas y salud pública, siendo una referencia para los investigadores en el campo de la epidemiología. Este experto llega a Avilés para impartir un seminario sobre el enfoque bayesiano de la epidemiología en el Hospital Universitario San Agustín. LA VOZ conversó con él sobre otros temas de su interés como las epidemias.
-En Estados Unidos, el seguimiento de una epidemia de gripe fue más eficaz por Google que por la declaración de casos. ¿Estamos en una nueva era de la epidemiología?
-Radicalmente no. Efectivamente, Google Trends consiguió anticiparse al Centro de Control de Enfermedades en el vaticinio de una epidemia de gripe y su distribución. Abrió una gran expectativa, pero poco tiempo después el modelo fracasó.
-¿Por qué?
-Si en un enclave se produce una muerte por gripe y se difunde en la prensa, muchas personas entran en Google a buscar información. Pero no por la existencia de la enfermedad, sino por el morbo mediático. Sucedió dos años después de aquel éxito clamoroso.
-¿Los modelos de análisis de epidemiología tienen capacidad de asumir el Big Data?
-Se llegó a creer que podía suprimir los modelos de análisis, pero no. El Big Data es una maravilla para el desarrollo de protocolos de actuaciones, como las traducciones.
-En Europa sufrimos una epidemia de gripe que no tuvo lugar.
-Fue una epidemia de pánico inducida por las grandes farmacéuticas. Una farmacéutica hizo el negocio más grande de la historia vendiendo humo primero y, luego, el Tamiflu y Relenza. En mi opinión, España cayó en esa trampa. Todavía hay grandes reservas de esos medicamentos, incluso en instalaciones militares.
-¿Puede repetirse?
-Desde luego. Esa epidemia fue inducida por una dinámica que no ha cesado. Aquello fue una pandemia de pánico porque no cesaba de anunciarse una epidemia con millones de muertos por la gripe porcina.
-Y en término reales, ¿cual es la próxima epidemia?
-Un riesgo real para España es el consumo de opiáceos, especialmente fentanilo, como se produce en Estados Unidos. Es algo pavoroso. En los últimos diecinueve años, desde que empezaron a recetarse han muerto más personas en EE UU por fentanilo que en la Guerra de Vietnam. En estos momentos es una verdadera emergencia nacional.
-¿Por qué va a suceder si son sistemas sanitarios diferentes?
-Se repite el mismo esquema que en Estados Unidos. La mayoría de las personas que mueren, primero se hacen adictos. Reciben dosis para dolencias para las que no están pensadas, incluso un dolor de muelas. Es la misma campaña de las farmacéuticas que en América, por las que alguna están siendo juzgadas en cincuenta ciudades de EE UU. El informe del Ministerio de Sanidad del mes pasado muestra como en los últimos siete años se ha doblado las prescripciones de opiáceos. Si eres un adicto acabas asaltando una farmacia o caes en las redes de los cárteles. Es una sustancia muy cara y se regala durante un cierto tiempo para que caigas en ella.
-Suena a película.
-Sé que está pasando en España. Las farmacéuticas están dando dando millonadas a las sociedades de neurólogos, de traumátologos...
-Le preocupa la desigualdad, ¿pero no es mayor peligro la ignorancia que alimenta a curanderos?
-La ignorancia es un desafío como es la desigualdad, pero más rebelde porque la gente opta por lo más colorido, lo esotérico. Yo, más que ignorancia, lo llamaría incultura científica. La desigualdad es más abarcadora. Afecta a todos, también a los privilegiados.
-¿Cómo, si cuentan con recursos?
-Están protegidos, pero entre comillas. La protección la ofrece la sociedad, no un sistema que, incluso, te puede recetar productos que te convierten en un adicto como un opiáceo... En El Salvador conozco a millonarios que viven en sus casa, entre rejas, con un nivel de estrés altísimo. La Organización Mundial de la Salud defiende que la salud debe estar en todas las políticas, no sólo en las sanitarias. Limitarlas ahí es un reduccionismo muy tonto.
Entrevista publicada en La Voz de Avilés-El Comercio el 7 de marzo de 2018

miércoles, 14 de febrero de 2018

La cocina del hospital

Dicho sin ánimo de ofender: la mayor parte de los pacientes somos unos ignorantes cuando estamos ante el médico. Nos sabemos enfermos, pero poco más. A base de experiencia, podemos avanzar un poco, pero poco. Tardaremos en saber si la operación ha sido un éxito y si el tratamiento es el adecuado.
Pero sí podemos juzgar si la comida llega fría o caliente, si la sopa está sabrosa o no, si nos gusta el postre...
Por eso, la cocina hospitalaria es tan importante. No sólo aporta la alimentación, también contribuye al bienestar, al confort del paciente. Y, aunque la enfermedad siempre impone severas condiciones, siempre es mejor disfrutar el almuerzo. 
Por eso es tan importante la cocina del Hospital.


Lidia Clara Rodríguez, el cocinero Borja Martín y José Manuel Valledor en la cocina del Hospital Universitario San Agustín. 
                                                                 foto MARIETA


Son unas cocinas amplias, limpias con perfección y que se diferencian de cualquier otra por su ubicación: el Hospital Universitario San Agustín. Lo que las convierte en unos fogones conocidos por todos los avilesinos, bien por su estancia en el centro médico o la de sus familiares. De ellas, vienen a salir cada día unos 1.200 servicios en los cuatro turnos de comida que se ofertan: desayuno, almuerzo, merienda y cena.
Ciertamente, es un número elevado, pero más aún si se es consciente que, en la actualidad, el servicio se encuentra individualizado. «Ahora mismo tenemos un programa informático que permite conocer no sólo las necesidades médicas de cada paciente, también rasgos personales, como puede ser una alergia alimentaria. De esta manera logramos los menús personalizados», explica José Manuel Valledor, encargado del centro de Mediterránea de Catering, la empresa que, desde 2001, es la concesionaria del servicio.
La última renovación del contrato del servicio en 2016, la dirección de gestión del Hospital Universitario San Agustín sumaba a la cocina hospitalaria, la atención al público y también imponía una importante modernización de los equipos. Los trabajos comenzaban el pasado mes de agosto y que se alargaban hasta mediados de septiembre.
La obra, con una inversión de 55.000 euros, supuso una renovación total de la cocina, tanto en su organización física, como en los equipos y también el menaje. En la distancia se ve el resultado con satisfacción, pero solo sus protagonistas conocen las horas de trabajo que les llevó planificar la intervención, un proyecto en el que se implicó todo el hospital. Incluso desde fuera, como la Unión Comarcal de Comisiones Obreras, que fue clave para conocer que el Ayuntamiento había aprobado la licencia y los trabajos podían comenzar en agosto.
«Teníamos que aprovechar el momento con menos ingresos para que apenas se resintiese el servicio. Fue un gran esfuerzo de todo el mundo, también de los pacientes, que durante los trabajos no pudieron escoger el menú, como es habitual», recuerda ahora José Manuel Valledor.
El corazón de la nueva cocina del San Agustín es su sistema informático, un programa en el que llegan a diario las necesidades de los pacientes. No sólo los llamados menús basales (aquellos ingresos sin necesidades especiales, que oscilan entre setenta y ochenta) y que pueden escoger entre diferentes opciones.
Las necesidades de los pacientes obligan a diferentes tipos de dieta y técnicas, como el uso de batidoras para facilitar la deglución. Todos esos datos se conocen con tiempo suficiente para ir organizando el trabajo de un equipo de 33 personas que, desde las 7.30 de la mañana a las diez de la noche, trabaja en la cocina distribuido en turnos de mañana o tarde.
No sólo se trata solo de plantear una oferta gastronómica. Ésta debe ser saludable y, por ese motivo, una dietista recibe la información de las características de los pacientes y trabaja con el equipo de cocina en las posibles respuestas.
Pero las mejoras de la nueva inversión van mucho más allá. Algunas no se conocen fuera de las paredes de la cocina, pero son de gran importancia para el equipo, como los nuevos suelos, antideslizantes para mejorar la seguridad laboral del equipo. No menos importante es el nuevo sistema de climatización y de aire acondicionado. «Con los equipos anteriores, o teníamos demasiado calor o demasiado frío, es algo que ahora se ha solucionado», destaca Valledor.

Detalles de la reforma

También se han modernizado todos los equipos de cocina, con nuevas líneas de lavado, hornos más eficientes, nuevas líneas de emplatado... La obra también alteró la distribución interna de la cocina de tal manera que definió con total claridad los circuitos de sucio y de limpio. El refuerzo de la seguridad alimentaria y la mejora de las condiciones de trabajo han sido dos constantes en esta inversión.
Ahora mismo las vajillas usadas se colocan en un tren de lavado cuya cabecera se encuentra en las inmediaciones del ascensor. De esa manera, se aleja cualquier foco de posible contaminación del lugar donde se encuentra la comida preparada. Una vez limpieza, la vajilla ya pasa a la zona de emplatado, más próxima a la cocina y de ahí se dirige a las plantas.
Pero los pacientes del hospital también han visto directamente algunas de las mejoras. Incluso tocado, como el nuevo menaje, mucho más ligero y cómodo, toda vez que se han suprimido las anteriores tapas que evitaban que la comida se enfríase.
Prescindir de ese recurso ha sido posible gracias a los nuevos carros para la comida. Llaman la atención por las imágenes de la comarca que lucen en su exterior. Y suponen una verdadera revolución en la hostelería hospitalaria toda vez que han solucionado un problema común a todos los hospitales: que la comida llegue fría a las habitaciones.
Eso es posible porque, junto con los catorce carros, se adquirieron cuatro estaciones de alimentación que cargan una batería que mantiene el calor de la comida. El equipo dispone de una zona fría, donde se colocan postres, por ejemplo yogures y la bebida como agua, y la parte caliente donde va el resto de la comida. «Se ha pasado de escuchar que la comida estaba fría a tener que advertir que tengan cuidado, puesto que llega caliente», apunta Valledor.
Ello no evita una cuidadosa planificación para asegurar que los pacientes reciban a su tiempo su menú. Así, para que los desayunos lleguen a las nueve de la mañana a planta, comienzan a emplatarse cuarenta minutos antes.
Además, los nuevos equipos son más silenciosos, algo especialmente importante para los pacientes ingresados, y resultan más sencillos de trasladar por la posición que deben adoptar las personas encargadas de esa tarea. Además, han visto como el peso de las bandejas se reduce.
La cocina también ha superado la certificación de calidad ISO 9001-2000, demostrando un compromiso constante con la mejora de la calidad, según destaca Valledor. «Si no hubiese sido por el apoyo de los trabajadores, toda esta obra y las mejores que ha supuesto no hubiese sido posible», asegura Valledor.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 13 de febrero de 2018.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Las otras caras de la sanidad

Cuando comencé a informar sobre Sanidad, allá por el año 1996 (no estoy seguro de la fecha) reducía el campo a los médicos y, como secundarias, a las enfermeras. El trato diario con la realidad sanitaria me demostró, rápidamente, mi error. Son muchos los oficios de la sanidad y todos influyen en la calidad del servicio, en su desarrollo, en su sostenibilidad, en su eficiencia.
Así que, de vez en cuando, hay que acercarse a las otras caras de la sanidad. Como las trabajadoras sociales sanitarias. 


Blanca Cuartas García y Alicia Fernández Villar, dos de las trabajadoras sociales sanitarias.
 Foto: Marieta

La asistencia sanitaria en Asturias está viviendo estos años una transición hacia un nuevo modelo en el que resulta tan importante la atención integral a la persona como la curación de las diferentes patologías. Aunque el objetivo sea la recuperación de los enfermos, la forma de atacar a la enfermedad no es exclusivamente medicalizada. El paciente, amparado por cambios legales, cobra más protagonismo, se empodera y adquieren tanta importancia las herramientas preventivas como la formación del paciente y una visión integral del proceso sanitario.
Este nuevo modelo de asistencia implica un cambio en el rol de las trabajadoras sociales sanitarias, cuya actividad no para de crecer. En la actualidad, cerca el 10% de los pacientes hospitalizados en el Hospital Universitario San Agustín son atendidos por las trabajadoras sociales, siendo la mayor demanda la de Medicina Interna, Neurología, Traumatología y Urgencias.
El envejecimiento de la población y la discapacidad son factores que incrementan la necesidad de estas profesionales, que, a lo largo del año, vienen a realizar en la comarca sanitaria avilesina unas 13.000 entrevistas, de las que siete mil son el primer contacto y el resto implican en seguimiento de la persona.
Sin embargo, este actividad cada vez mayor no evita que las trabajadoras sociales sean una de las grandes desconocidas en la asistencia sanitaria, son una parte de los equipos de trabajo que aún permanecen ocultos para muchos profesionales y, sobre todo, para los ciudadanos.
«No somos unas tramitadoras de recursos, ni las personas que se encargan de buscar una residencia», defienden Blanca Cuartas García, trabajadora social en Atención Primaria, y Alicia Fernández Villa, trabajadora social en Salud Mental Infantil, y que explican a este diario la realidad del trabajo social sanitario.
Y es que su objetivo «es abordar el malestar psicosocial de la persona. Para poder hacerlo, lo primero es poder acercarse a ella, conocer su situación y su realidad», comentan.
Aunque existen importantes diferencias entre la Atención Primaria, la especializada u hospitalaria y la ofrecida en Salud Mental, la trabajadora social interviene cuando se detecta una situación de riesgo, social generalmente desde los profesionales, si bien en Primaria puede surgir desde los ciudadanos.

«No existen pastillas»

La valoración social es la herramienta de estas trabajadoras para buscar una solución a los problemas detectados, siempre coordinándose con el equipo asistencial en el que se integran. «No disponemos de ninguna pastilla contra el malestar psico-social, sólo podemos solucionar esos problemas con el trabajo social, aunque requiere tiempo», explica Blanca Cuartas.
Durante la valoración, existen claves que respetan todas las trabajadoras sociales, como son la total confidencialidad y el máximo respeto a los pacientes. «Si algún familiar nos pregunta, antes de hablar con ellos solicitamos autorización al paciente. Y nunca desvelamos nada de él», afirma Alicia Fernández.
En la actualidad, las trabajadores sociales disponen de diferentes herramientas, como la escala Gijón para analizar la situación del anciano, o la escala de Zarit para medir la sobrecarga del cuidador. «Con la valoración llegamos al diagnóstico, por el que conocemos las causas de la situación, su tendencia y ofrecemos unas posibles medidas, pero la decisión es de la persona», comentan Cuartas y Fernández como una forma general de actuar donde la herramienta fundamental es el diálogo.
Este sistema de trabajo se puede alterar en situaciones complejas, como se dan en la infancia o la discapacidad, aunque no disponen de otra opción ya que «nosotras no contamos con recursos tangibles que ofrecer, aunque exista una coordinación sociosanitaria con los ayuntamientos y el Principado», aseveran.
En este camino, el diálogo con el paciente es fundamental. «En Primaria, una primera entrevista nunca baja de media hora y lo normal es ir a los tres cuartos de hora», ejemplifica Blanca Cuartas.
«En otras ocasiones, nuestro papel es asesorar a la persona ante el laberinto asistencial con el que puede encontrar y ayudar a personalizarlo», señalan. Con todo, lo más complejo no es llegar a la solución, sino lo que sucede después. «A veces no hay alternativas y toca acompañarlos, escucharles, esperar, estar siempre con la puerta abierta. No es fácil. Con frecuencia se reclaman soluciones indoloras, pero no hay», comenta Alicia Fernández.
Como parte de los equipos, su presencia es habitual en ámbitos como los consejos de salud, donde lo social es tan importante como lo sanitario.
Su capacidad de entender ambas realidades las convierten en un elemento fundamental en la gestión diaria de la nueva asistencia sanitaria. No en vano, como recuerda Alicia Fernández Villar, trabajadora social en Salud Mental Infantil, «en su origen, a principios del siglo XX, el trabajo social se encuentra muy vinculado a la asistencia sanitaria, ya que aparece la percepción de que el diagnóstico clínico quedaba a medias si no se tiene en cuenta las circunstancias sociales y personales».
Con todo, en España el desarrollo del trabajo social en el ámbito sanitario es relativamente reciente y sólo será a partir de los años 70 del pasado siglo cuando se aborden los primeros cambios legislativos consolidados con la Ley General de Sanidad de 1986. Cuatro años después se produce la primera incorporación de una trabajadora social al Hospital Universitario San Agustín.
El Hospital Avilés contrata en 1994 a su primera trabajadora social y, en el año 2000, el Hospital San Agustín incorpora su segunda trabajadora social. Actualmente, en Avilés existen diez trabajadoras sociales sanitarias. Además de ambos hospitales, Salud Mental y Atención Primaria disponen de estas profesionales cuyo número tendrá a incrementarse en los próximos años. Y es que, por ejemplo, en Primaria una misma trabajadora atiende en la actualidad dos centros diferentes, con la dificultad  que eso implica para coordinarse con los equipos sanitarios. De ahí que sea lógico pensar que su número aumentará. Más aún cuando el pasado año, el Principado de Asturias aprobaba el decreto de Atención Sociosanitaria que sienta las bases para la coordinación entre departamentos y crea una estructura legal acorde con la realidad del trabajo social sanitario.


Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 13 de noviembre de 2017.