lunes, 31 de julio de 2017

¡Oh!, las listas de espera

La Ley General de Sanidad se aprobó en 1986 estableciendo en España las bases de un sistema sanitario eficiente y con capacidad de resistir unas cuantas tormentas. Sin romperse nunca el consenso sobre la necesidad de una sanidad pública, el debate político entró con fuerza en el ámbito hospitalario a principios de los noventa con las denuncias sobre las listas de espera. 
Las listas de espera.
Tema complejo allá donde los allá, que ocupa a gestores y profesionales, que genera acusaciones y debates. Pero, ¿qué dicen los pacientes? El Servicio de Salud del Principado de Asturias encargó a pacientes en lista de espera. ¿Cual es su opinión? Pues de una lógica aplastante: no les gusta esperar, pero lo entienden y les gustaría que se redujesen las demoras.
Pero, tranquilos, el debate sigue abierto.

Foto: Patricia Bregón
Pocos temas han generado más tinta y debates políticos que las listas de espera en la sanidad. Denuncias de todos los partidos, sindicatos, organizaciones ocupan el panorama ante una realidad que trastorna y molesta a las personas que aguardan por una operación, consulta o prueba diagnóstica. Ahora, el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) profundiza sobre el tema y encarga una encuesta para conocer la opinión de los pacientes del Área Sanitaria III, que engloba Avilés y comarca.
El objetivo es tener los datos sobre lo que los pacientes aceptan y no aceptan de la manera más aséptica posible. Y los datos del estudio rompen muchos de los estereotipos que, hasta el momento, se han venido manejando sobre las listas de espero. En primer lugar, la aceptación del tiempo de espera para la intervención. El 5,7% de los encuestados lo define como muy aceptable y el 66,3% como aceptable. Es decir, de forma abrumadora (un 72%) acepta la demora. Sólo un 7,2% lo define como inaceptable y un 20,6% opta por poco aceptable. Los pacientes más jóvenes presentan los perfiles más críticos, si bien es cierto que también se asume la espera.
Así, entre los menores de 60 años, las respuestas positivas representan un 66% frente al 34% de contestaciones negativas. Entre los 60 y 69 años, las opiniones positivas alcanzan el 65,8% y un 34,2% de valoraciones negativas.
De forma paralela a esta respuesta se entiende que el 74,9% de los encuestados se defina como satisfecho por el tiempo de espera. Es la suma de las contestaciones a la opción de muy satisfechos (8,5%) y satisfechos (66,4%). Las dos posibilidades negativas alcanzan el 24,2%: insatisfechos (un 21,8%) y muy insatisfechos (2,6%). Al igual que sucede con la opinión general, las opiniones más críticas responden a las personas más jóvenes y ligeramente a las mujeres.
En este marco general, existen importantes matices. El grado de inaceptabilidad se incrementa hasta el 40% en los pacientes que aguardan por una prótesis de cadera, una espera en la que, junto con dificultades de movilidad, existen dolores. Y, lógicamente, aumenta según con los mayores tiempos de espera.
En la encuesta también se pregunta si la demora generó consultas en Atención Primaria u obligó a los pacientes a acudir al servicio de Urgencias del Hospital Universitario San Agustín (HUSA). Es una pregunta importante ya que siempre se ha mantenido que la existencia de las listas de espera quirúrgicas contribuye a saturar las urgencias hospitalarias y también incide negativamente en Atención Primaria.
La encuesta, sin embargo, presenta otro panorama, ya que el 93% de los participantes no necesitaron atención médica durante la demora.
En el 6,9% de personas que acudieron, la mayor parte resolvió su problema con una sola consulta: 35,7%, un 19% de personas aseguraron que en dos ocasiones y otro 19% responde que en tres veces. Cuatro consultas necesitaron el 7,1% de las personas y cinco el 9,5%. A partir de ahí se mantiene un mismo porcentaje (2,4%) para seis, diez, doce y quince consultas.
El dolor, o molestias, es el principal motivo de consulta ya que lo aportan el 70,7% de las personas, seguido por problemas de visión en un 9,8%. Esta opción responde, lógicamente, a las cataratas, patología que representa el 75,8% de los encuestados, lo que demuestra el esfuerzo del servicio de Oftalmología para priorizar los casos más graves.
La respuesta del dolor también es lógica, ya que responde a la propia naturaleza de los procesos en rodilla y cadera. De hecho, el número de personas que necesitaron acudir a Urgencias o Primaria se incrementa en los pacientes de Traumatología, en los enfermos más jóvenes y en aquellos que han tenido un tiempo de espera más prolongado, con lo que puede suponer de un deterioro en sus condiciones. La encuesta también preguntó a los pacientes el tiempo que consideraban razonable para una espera como la que él había tenido que soportar.

«De uno a dos meses»


La respuesta mayoritaria es que la espera razonable se encuentra entre uno y dos meses. En el conjunto de las respuestas alcanza un 54% de contestaciones. Por encima de la mitad se encuentra en función del sexo (hombres, 51%; mujeres, 56%) y también en todos los rangos de edad, salvo en los mayores de 80 años donde sólo el 47,3% fija el plazo de entre treinta y sesenta días.
Para este colectivo, el tiempo de espera razonable es de un mes. Es la opción fijada por el 32,3% de los mayores de 80 años. En el conjunto de la encuesta alcanza un 26%.

Esta respuesta se entiende mejor con los tiempos medios de demora en las diferentes patologías. En mayo de 2016, cuando se realizó el trabajo de campo, la espera media para las operaciones de cataratas era de 66,9 días, de 84,5 días para las prótesis de cadera y de 76,8 días para las de rodilla.


La conclusión es evidente: aunque los pacientes entienden la existencia de las listas de espera, consideran que se deben mejorar. Encontrar la manera, si embargo, resulta más difícil, aunque la encuesta evidencia que los ciudadanos reclaman un esfuerzo en esa línea.
Eso se deduce de la última de las preguntas en el cuestionario. Se abría la posibilidad de hacer observaciones sobre el tiempo de espera, opción que rechazan el 76,8% de los usuarios y aceptaban el 23,2% restante. En este grupo, la mayor parte (un 66%9) defendía que era necesario reducir el tiempo aguardando por la operación, pero no iba más allá.
A partir de ahí ya se formulan soluciones más concretas. Un 12,8% reclama «estudiar bien los casos para priorizar y reducir el tiempo de espera en los más urgentes». Y el 6,4% reclama más personal sanitario.
No faltan voces críticas que afirman, en un cinco por ciento, que «el tiempo de espera no coincide con el real». A partir de ahí, aparecen porcentajes más pequeños: un 3,5% opina que «se espera demasiado tiempo para luego quedar mal o tener que ser operado de nuevo», un 2,8% solicita cuidado para no perder la documentación o equivocarse de fecha, un 1,4% pide que no exista influencia o enchufe con las listas de espera y, un porcentaje idéntico, reclama «menos tiempo de espera en la operación de cada ojo», contestación que corresponde a una patología concreta.
Con el 0,7% aparecen diferentes posibilidades: solicitar más quirófanos, adelantar el preoperatorio, reducir la demora para la rehabilitación.
El menor número de aportaciones en las respuestas libres puede relacionarse con la satisfacción después de la intervención quirúrgica. Y es que el 93,5% asegura que «en función de los resultados de la operación» ha merecido la pena esperar. Sólo un 6,5% ofrece una respuesta crítica. Ese porcentaje es superior en los pacientes menores de 60 años (alcanzan un 14%), en las mujeres (un 9,1%), en los pacientes traumatológicos, con un 14% en los casos de prótesis de cadera y un once por ciento en las de rodilla. También influye el tiempo de espera para tener una opinión negativa. Según se incrementa aumenta la opinión negativa, un 11,1% en los que aguardan más de siete meses, pero un 7,47% hasta los siete meses; un 9,6% hasta los seis meses y un 4,8% hasta los cinco meses. Sin embargo, hasta tres meses alcanza un 1,6%.
Foto: Marieta

La encuesta encargada por el Servicio de Salud del Principado de Asturias para valorar la aceptabilidad de las listas de espera en el Área Sanitaria III confirma la buena imagen del Hospital Universitario San Agustín (HUSA) entre los usuarios. Así, ante la pregunta de si volvería a elegir el HUSA ante la misma operación o preferiría ir a otro centro con una menor lista de espera, el 80,7% de los encuestados aseguró que repetiría en el San Agustín.
Sólo cambiaría de centro el 15,2% y un 4,1% no responde. Esta actitud se acentúa en las mujeres (19,5%) y en los pacientes mayores de 60 años que, con un 32% es el mayor de los porcentajes por desgloses de edad. En la franja de 60 a 69 años, sólo un 16,2% opta por el cambio.
El porcentaje de traslados se incrementa en los pacientes de traumatología con un 31,6% para las prótesis de cadera y un 19,8% para las de rodilla. Estas respuestas pueden influirse porque los pacientes aún se encuentran en fase de recuperación y, en el caso de las prótesis, es especialmente dolorosa en los primeros meses, por lo que cabe pensar que no existe una buena impresión del resultado.
Lógicamente, conforme se incrementa el tiempo de espera crece la opción de cambiar: del 15,3% de los que aguardaron cinco meses al 17,1% de las esperas de seis meses y el 20,5% en los que alcanzaron siete meses. Sin embargo, en las superiores a ese plazo se reduce a un 15,6%.

Falta de información

La encuesta desvela que cerca del 40% de los pacientes asegura no haber sido informado del tiempo de espera. Un 51,2% confirma haber sido informado de esa posibilidad, con un porcentaje similar en función del sexo pero se modifica en función de la edad.
Así, del 28% de menores de 60 años que aseguran que no fueron informados se pasa a un 41,4% para los septuagenarios y un 40,8% para los mayores de 80 años. También existe un porcentaje alto en las operaciones de cadera (un 43,9%), pero es una patología que se asociada a personas mayores. Además, en las mayores esperas alcanza un porcentaje del 48,9%, igual a los que sí fueron informados.
Esto podría deberse a un problema de comunicación más que a la ausencia del mensaje. Y es que el 81,6% de los encuestados consideró ser justamente tratado durante la espera: 12,6% muy justo; 32,2% justamente y 37%, adecuadamente tratado. Estas respuestas positivas no concuerdan con la posible falta de información. Injustamente tratado se considera el 12,9% y muy injustamente tratado el 1,6%. Los porcentajes más altos se encuentran entre los pacientes menores de 60 años.
La selección de las tres patologías (cataratas y prótesis de cadera y de rodilla) no es gratuita, ya que responde a los tres procesos con mayores demoras. Con datos de junio de 2016, representan el 77% de las operaciones que aguardan su momento. Las variaciones que se pueden producir mes a mes no son significativas.
Además de los datos totales, la encuesta analiza los resultados con tres variables. La primera es en función de la patología. En segundo lugar, se analizan las respuestas en función del sexo. El 59,6% de las encuestas fueron respondidas por mujeres y el 40,4% por hombres. La última variable es en función de la edad del usuario organizándose en cuatro grandes grupos: menos de 60 años, entre 60 y 69 años, entre 70 y 79 años y mayores de 80 años.

Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 30 de julio de 2017

martes, 18 de julio de 2017

No hay enfermedades, existen enfermos

Los colectivos de enfermos son un buen aliado del periodista. Lo más importante es que te ayudan a poner cara a la enfermedad, entender que, detrás de cada patología, existen personas, sufrimientos reales; aportan humanidad frente al riesgo de un distanciamiento cínico.

Arturo Muñoz e Isabel Álvarez. Foto: Marieta


No resulta sencilla la vida para el miastémico. «Estás cansado, pero tampoco descansas si estás en la cama. La gente piensa que eres un vago, no duele nada en concreto, pero tienes malestar en todo el cuerpo», comenta Arturo Muñoz, presidente de la Asociación de Afectados por 'miastemia gravis', una enfermedad neurológica de carácter autoinmune y que también ha sido bautizada como «la enfermedad de los millonarios» por haber tenido entre sus afectados a personalidades como Aristóteles Onassis.
«Es una enfermedad poco frecuente, aparece en cualquier edad y en todas las razas. Se da más en mujeres que en hombres», explica Muñoz. Una vez que se declara, se convierte en una dolencia crónica y actualmente no existe cura para ella. No es una enfermedad genética ni contagiosa.
«Lo más complicado es el diagnóstico. Un rasgo común es el peregrinaje que realizamos los miastémicos por los médicos. Es un rasgo que tenemos todos los pacientes. Se tarda varios años en diagnosticar. En algún momento del peregrinaje, todos los pacientes pasamos por el psiquiatra», comenta Isabel Álvarez Alfonso, tesorera de la asociación. Los diagnósticos definitivos llegan de mano de los neurólogos, los especialistas que la tratan, que la llaman «la gran imitadora» por su facilidad para inducir a otros diagnósticos antes de confirmar su existencia.
Los avances farmacológicos también se producen con lentitud. «Es una enfermedad compleja de tratar. No existe un tratamiento estándar, sino que se adapta a cada paciente. Podemos tener algunos medicamentos comunes, pero los tratamientos no son iguales. Como reflexionó el doctor Vidal en una charla que tuvimos recientemente, no existen enfermedades sino enfermos», comenta Isabel Álvarez.
Los momentos más temidos son las crisis, si bien la situación ha mejorado en los últimos años. «Se investiga y hoy en día son controladas. La mortalidad ha descendido espectacularmente y los tratamientos permiten llevar una vida con cierta normalidad», comenta Muñoz.
Muchos tratamientos se basan en la aplicación de inmunodepresores, con lo que el paciente ve reducidas sus defensas y debe extremar sus precauciones ante otro tipo de infecciones oportunistas. «El seguimiento por los médicos es fundamental», aseguran.
De ahí que se entienda la repercusión de este diagnóstico tanto en la vida del paciente como en la familia. La necesidad de apoyos para ambos, además de divulgar en la sociedad las características de la miastemia y respaldar la investigación son los argumentos que, en su momento, justificaron la creación de la Asociación de Afectados por Miastemia Gravis de Asturias. También se busca fomentar su conocimiento entre los médicos para acortar el peregrinaje antes de llegar al diagnóstico exacto.
«En toda la región existen unos trescientos casos. El incremento de la esperanza de vida provoca un aumento de los diagnósticos. En el Área Sanitaria de Avilés sólo tenemos dos socios y existen entre quince y veinte enfermos, pero no sabemos si no se quieren asociar o si no conocen la entidad», comenta Arturo Muñoz. La mayor parte de sus asociados se encuentra en Gijón y aspiran a que los diagnosticados se sigan acercando a ellos.
De ahí que el colectivo trabaje en su promoción de diferentes vías. Desde la tradicional mesa informativa en los centros sanitarios a la web y las redes sociales.
«Desde la asociación ofrecemos apoyo a las familias y a los pacientes, organizamos conferencias y divulgamos las características de miastemia para evitar rechazo social a los pacientes», comenta Isabel Álvarez.
En la medida de sus posibilidades apoyan la investigación. El gran objetivo es localizar la manera de desactivar esa reacción autoinmune sin alterar el resto de mecanismos de protección del cuerpo humano. «Hoy en día parece ciencia ficción pero se avanza», concluye Arturo Muñoz.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 17 de julio de 2017

viernes, 30 de junio de 2017

Avilés-Trieste

Nadie negará la evolución de la medicina en los últimos años. El avance tecnológico, tanto en técnicas como en materiales, lo ha hecho posible. Salud Mental no es ajena a es campo y un cambio conceptual como pasar del internamiento al tratamiento comunitario ha transformado la evolución y situación de enfermos y familias.
No ha sido, ni es, un proceso sencillo y fácil. Es una historia que se escribe en diferentes geografías, con Trieste como una referencia en Europa gracias a Franco y Franca Bataglia y su lucha por derribar muros. Avilés, más modestamente, sigue esa línea y de ahí el símbolo que existe en que ambas ciudades se  unan desde este año. 

Foto: Marieta

Profesionales de la Salud Mental, enfermos y familiares participaron ayer en la primera edición de la Escuela de Verano Franco y Franca Basaglia que se celebró en Avilés y que refuerza la situación del Área Sanitaria III como modelo de referencia en el Tratamiento Asertivo Comunitario para el abordaje de las patologías más graves.
Los italianos Franco y Franca Basaglia son considerados como los creadores de la antipsiquiatría. Franco Basaglia derribó, físicamente, los muros del psiquiátrico de Trieste, en Italia, iniciando un nuevo modo de entender el abordaje de la salud mental y que se ha concretado en los Equipos de Tratamiento Asertivo Comunitario (ETAC)
Desde entonces, Trieste ha sido sinónimo de una nueva manera de entender la enfermedad mental, recuperando la dignidad de sus pacientes como personas y buscando nuevos modos de abordar la enfermedad. Los tratamientos asertivos comunitarios, lo que también se denomina 'Modelo Avilés', se han demostrado como la mejor manera para la recuperación de los enfermos graves y la Organización Mundial de la Salud los sitúa como un recurso necesario en la atención a estas patologías, según destacó ayer el psiquiatra Juan José Martínez Jambrina, jefe del área de gestión de clínica de Salud Mental de Avilés.
De hecho, ayer desveló una anécdota que demuestra el reconocimiento de Avilés en el campo de la Salud Mental. En una conferencia en Barcelona, el psiquiatra estadounidense Allen Frances, uno de los más influyentes del momento, sentenció que «si yo fuese enfermo mental, me gustaría vivir en Trieste o en Avilés», en una declaración que refuerza la relación entre ambas ciudades.
«Primera en Europa»
La Escuela Franco Basaglia se viene celebrando en Trieste como un espacio de reflexión sobre el tratamiento comunitario. Según explicó Jambrina, es un foro centrado en los profesionales.
A partir de ahí, este sistema de trabajo se ha ido extendiendo. La primera franquicia se creó en Río de Janeiro, siendo Avilés su segunda sede y la primera en Europa. El encuentro se repetirá el próximo año, posiblemente a finales de agosto con dos días de duración, lo que forzará el traslado del congreso de ETAC hasta abril. «Era algo que también venían reclamando los profesionales», matizó Jambrina.
En cada edición se cuenta con un representante de la Escuela de Trieste que traslada los contenidos abordados en esa edición del encuentro italiano. Este año, la psiquiatra Morena Furlan ha aportado las ideas, centradas en el empoderamiento de los pacientes y las familias. Furlan también aportó datos sobre la trascendencia de los ETAC en la gestión sanitaria.
«El Hospital Psiquiátrico de Trieste atendía a 1.200 personas y, en la actualidad, necesitaría cuarenta millones de euros. Hoy, los equipos de Salud Mental de Trieste atienden a 4.700 personas con un presupuesto de dieciséis millones de euros». No sólo es una mejor gestión económica, sino una mejor asistencia. De hecho, en el debate con familiares y pacientes la principal petición fue incrementar los equipos existentes. Avilés y Oviedo, con 130 pacientes cada uno, necesitan ya duplicar sus ETAC para responder bien a toda la demanda existente, aseguraron los doctores Jambrina y Moreno.
«Los hospitales psiquiátricos no rehabilitan, sólo empeora la persona», aseguró el doctor Jambrina que expresó su extrañeza por las declaraciones del juez Emilio Calatayud criticando la desinstitucionalización. «No entiendo las razones por lo que lo dice. La evidencia demuestra que una buena red de recursos comunitarios es mejor que el psiquiátrico, aunque éste es mejor a que no existía nada», opinó.
Lo cierto es que la tendencia del modelo comunitario es imparable. Alemania, hasta ahora una tierra baldía, asume con fuerza esta estrategia. Y en el congreso que hoy comienza en Avilés se presentará Eucoms, una red creado este año en Irlanda del Norte, donde diecisiete países de la Unión crean un grupo de presión a favor del ETAC.


Artículo publicado en La Voz de Avilés el 29 de junio de 2017

miércoles, 28 de junio de 2017

Nuevos tiempos, nuevas respuestas

No se debe pensar en una gestión sanitaria estática. Aunque su finalidad se mantiene, los cambios de la sociedad obligan a modificaciones. En Asturias, la realidad muestra a una sociedad envejecida, con nuevas realidades que obligan a nuevas formas de gestionar si quiere mantener su eficiencia. En el siguiente artículo, la consejería de Sanidad del Principado de Asturias anuncia un pequeño cambio que puede representar un gran avance. 
Foto: Marieta

El Área Sanitaria de Avilés creará un puesto de coordinación asistencial para mejorar la atención a las personas dependientes que viven en centros residenciales para mayores, según anunció ayer el consejero de Sanidad, Francisco del Busto, en un encuentro de trabajo con la gerencia del Área Sanitaria III.
El puesto no implicará el aumento de la plantilla, sino la asignación de una persona con perfil de Enfermería, según avanzó ayer el gerente del Área, Enrique González. Será una realidad en septiembre ya que, de esa manera, se asegura una continuidad en su actividad al inicio, sin posibles interrupciones por las vacaciones, como podría suceder en los dos próximos meses.
El nuevo puesto se adscribirá al Servicio de Atención al Ciudadano que, de esta manera, se refuerza como el gran eje para organizar la actividad asistencial en el Hospital Universitario San Agustín.
Diariamente, recibirá información de los ingresos de mayores residentes en centros geriátricos, así como una previsión de su alta. También se informará de aquellos enfermos que, por su situación, al alta deben trasladarse a una residencia para mayores.
Una de las funciones será la coordinación entre los diferentes niveles asistenciales, según explicó Enrique González. «Harán de nexo entre el HUSA, los especialistas de los Centros de Salud de los que seguirán dependiendo y que no se pueden perder de referencia, también se relacionarán con los profesionales de las residencias de mayores. En los casos necesarios, trabajarán con el equipo de Trabajo Social», aseguró.
Desde esa posición podrá elaborar circuitos para mejorar la comunicación entre los equipos que atienden a los mayores y también elaborar nuevos protocolos para perfeccionar la atención sociosanitaria.
Otra de las funciones será asumir parte del trabajo más administrativo relacionado con la atención con mayores en residencias y que, en la actualidad, recae en exclusiva en Atención Primaria. Es, por ejemplo, el caso de la atención de oxigenoterapia, fármacos u otros productos.
De esta manera, se aliviará la carga de trabajo en los especialistas de Atención Primaria. La nueva organización se aplicará en un primer momento en Avilés y Castrillón, al ser los concejos que concentran un mayor número de residencias. Posteriormente, se extenderá al resto del Área Sanitaria.
Obras en Sabugo
El consejero de Sanidad reconoció que la creación de esta medida se debía en parte a las denuncias de los usuarios sobre la saturación del Centro de Salud de Sabugo. «El número de cartillas de pacientes que tiene se encuentra en línea con los estándares fijados por las sociedades cientifica. La única descompensación son los 550 pacientes en residencias de mayores, el 2,6% de sus cartillas», destacó. De ahí el impulso a la reorganización.
No obstante, el diálogo entre la gerencia del Área Sanitaria y los profesionales del centro desveló la existencia de un margen de mejora en el confort de la asistencia. Para ello, ayer se anunció la inversión de 50.000 euros para remodelar la planta baja. Las obras se ejecutarán durante el próximo otoño con una duración de mes y medio. La planificación de los trabajos se ha hecho para minimizar las molestias a los usuarios.
Básicamente, se trata de aprovechar el espacio del antiguo archivo para mejorar las zonas de espera de consultas en la planta baja, además de espacios como las consultas de urgencias o extracciones donde, en momentos puntuales, se producen mayores aglomeraciones de pacientes. «La digitalización de las historia médicas permite liberar el espacio de los archivos que ahora aprovechamos», comentó Enrique González. La inversión incluye la adquisición de equipos para dispensar números y mejorar la organización de las esperas.


Artículo publicado en La Voz de Avilés el 28 de junio de 2017

domingo, 4 de junio de 2017

Todos los mundos posibles

Foto: Marieta
Existen otros mundos posibles dentro de nuestra realidad. Y más allá de un refugio de soñadores, poetas y almas creativas, pueden ayudar a pacientes de salud mental a superar sus enfermedades. Así lo viene demostrando desde la década de los noventa del pasado siglo el psicólogo Iván Alsina Jurnet, que ayer ofreció una conferencia en el Hospital Universitario San Agustín para hablar sobre la aplicación de las Nuevas Tecnologías en Salud Mental. La dirección de Gestión de Cuidados y Enfermería del Área Sanitaria III organizó la charla.
«Las nuevas tecnologías se encuentran disponibles desde hace tiempo, pero eran muy costosas y difíciles de utilizar», recuerda Alsina. Sin embargo, en los últimos años el desarrollo tecnológico ha convertido en algo cotidiano los teléfonos inteligentes y comienza a ser accesible la realidad virtual. De hecho, el propio Alsina acudió con unas gafas de realidad virtual a la charla para demostrar su potencial.
«Yo empecé a utilizar esta tecnología en 1992. Son ya veinticinco años con estudios clínicos que demuestran que son más eficaces en los tratamientos y aumentan la adherencia del paciente a ellos», avanza. Así, por ejemplo, citó un estudio sobre estudiantes con crisis de ansiedad antes de los exámenes. El grupo donde se utilizó realidad virtual mejoró la nota media más que en el conjunto donde sólo se trabajó de la manera tradicional.
«Lo estamos utilizando en personas con problemas de ansiedad, trastornos del comportamiento, adicciones», comentó. Su clave, según explicó, no se encuentra tanto en la tecnología sino en los sentimientos de la persona. «Con realidad virtual, podemos situar a la persona en el contexto que le genera el problema e interactuar. Por ejemplo, si tiene miedo a hablar en público ve un auditorio y el público virtual puede actuar, hacer preguntas. La clave es que todo lo que aprendes en el mundo virtual lo puedes generalizar en la realidad.
Las sensaciones y sentimientos de la persona son auténticas y así puede afrontar su problema», comenta. Estas tecnologías no se utilizan en solitario, sino como apoyo a métodos tradicionales, matizó Iván Alsina.
«Los pacientes lo reclaman»
Aunque existe la posibilidad de que cada persona acuda a las nuevas tecnologías por su cuenta, los riesgos de la 'automedicación tecnológica' son pequeños. «El uso libre no es perjudicial, pero resulta menos efectivo que si dispone con el apoyo de un profesional. También debe tener en cuenta las características de la propia tecnología. Los equipos virtuales no se pueden utilizar más de quince minutos sin sentir mareos», comenta.
De esta manera, se entiende que sean los propios usuarios de Salud Mental quienes más reclamen estas herramientas por los buenos resultados que ofrecidos. Alsina opina que la principal barrera de entrada se encuentra en los propios profesionales de la sanidad, «principalmente por miedo y pereza», asegura el psicólogo.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 3 de junio de 2017

martes, 30 de mayo de 2017

El vivero de la sanidad

No es sencillo formar a un profesional sanitario. Medicina, Enfermería, Farmacia, Bioquímica, Psicología... Son muchas las ramas universitarias que, una vez superada un grado que nunca resulta sencillo inician una especialización práctica en un centro sanitario. Casi una formación dual (con sus matizaciones) pero que aporta al sistema sanitario español la ventaja de que los nuevos especialistas conozcan, al tiempo, las características del Sistema Nacional de Salud. 
Todo esto viene a cuento de que ayer lunes, 29 de mayo de 2017, veintiún nuevos residentes se incorporaban al Área Sanitaria III. Y eso es siempre una buena noticia.

Foto: Marieta

El Hospital Universitario San Agustín (HUSA) quiere incrementar el número de especialidades con residentes. Actualmente, siete de sus servicios o secciones cuentan con residentes, además de los especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria. El objetivo es incrementar su número en dos, si bien ayer el gerente del Área Sanitaria III, Enrique González, no detalló qué departamentos son los elegidos. «Queremos planteárselo a los profesionales y que ellos decidan», comentó González.
Impartir formación de Médicos Internos Residentes (MIR) o Enfermería Internas Residentes (EIR) depende de una autorización expresa del Ministerio de Sanidad. No es sencilla de conseguir ya que el centro sanitario debe demostrar la existencia de una carga de trabajo que permita que el graduado pueda adquirir las destrezas profesionales. Además, se debe asegurar un plan de formación con sesiones clínicas y se valora positivamente la actividad de investigación y publicación en revistas especializadas.
Por esta razón, la existencia de MIR o EIR en un servicio se considera un síntoma de calidad para el servicio y también el hospital. «Tenemos pendientes varias jefaturas de servicio. Hemos hablado con un par de equipos y esperamos que ellos tomen la decisión. Recibir residentes implica a todos y ellos deben decidir», comentó González. Son varios los equipos que podrían incorporar residentes: Pediatría, Otorrino, Cardiología, Hematología o Cirugía General.
El gerente recordó que, en todo caso, el proceso no será inmediato. Una vez que los departamentos tomen la decisión, se iniciará la tramitación ante el Ministerio de Sanidad, lo que se puede alargar durante un año. Al año siguiente se podrían recibir a los residentes de las nuevas especialidades. Es decir, en mayo de 2019. Es el plazo mínimo que ayer fijó González que ayer elogió la importancia de contar con residentes en el área sanitaria.
«La presencia de los MIR y EIR nos obliga a revisar protocolos de actuación de manera constante, a organizar sesiones clínicas y a mantener una exigencia en la formación», reflexionó, «además, en la segunda parte de su formación ya representan una aportación importante para la actividad del centro».
González realizó ayer estas declaraciones después de recibir de manera oficial a los veintiún residentes (doce médicos, seis enfermeras, un farmacéutico, un bioquímico y un psicólogo) que durante esta semana se incorporan al Área Sanitaria III.
Medicina de Familia y Comunitaria es la especialidad más numerosa, ya que dispone de seis plazas para MIR y cuatro para Enfermería. Le sigue Salud Mental con cuatro residentes, pero en tres especialidades distintas: dos para Enfermería Especializada en Salud Mental, un Psicólogo Interno Residente y un Psiquiatra como MIR
Medicina Interna dispone de dos plazas para residentes. El resto de MIR se distribuyen en Digestivo, Traumatología y Neumología, cada uno con una plaza.
También existen sendos puestos de residentes de farmacéutico y bioquímico en los dos departamentos hospitalarios.
La mayor parte de los residentes son graduados por la Universidad de Oviedo, en concreto quince personas, incluyendo dos graduadas por la Escuela de Enfermería de Gijón y otras dos por la de Oviedo. La Universidad de Santiago de Compostela cuenta con dos titulados, al igual que Salamanca. También accede un graduado de la Universidad de León y una persona licenciada Ecuador. A partir de esta semana iniciarán una estancia en el Área Sanitaria III, cuya duración varía en función de la especialidad. En Enfermería, la residencia se alarga durante dos años mientras que en el resto de especialidades oscila entre cuatro y cinco años.
«Sed esponjas»
En estos primeros días, los nuevos residentes reciben unas sesiones generales donde se detallan las características del Área Sanitaria III y el Hospital Universitario donde vivirán una parte importante de su formación. Posteriormente, se incorporarán a los diferentes servicios.
El gerente del Área Sanitaria III, junto con todos los integrantes de su equipo, dieron la bienvenida a los profesionales. Enrique González elogió la formación recibida y destacó que se incorporaban a una organización donde la tendencia es incrementar la integración entre los dos niveles asistenciales (Primaria y Especializada).
Enrique González también les recordó la naturaleza pública de la institución, lo cual condicionaba numerosas normas de trabajo. De igual manera, señaló que sus destrezas tecnológicas en el entorno profesional no impedía que «deban aprender una sistemática de trabajo, sencilla, pero que deben respetar».
También aludió al cambio en la relación con los pacientes, ratificados por las nuevas normativas legales que refuerzan sus derechos, la confidencialidad y la necesidad de una mayor información de los procesos y dolencias de cada persona. «Es una mayor exigencia que la que tuvimos nosotros al comenzar nuestra formación», reconoció.
Enrique González también les recordó la complejidad interna de una organización como las dedicadas a la asistencia sanitaria. «En Avilés trabajan cerca de dos mil personas y existen muchas categorías y condiciones sociales diferentes. Es necesario respetar la posición de cada uno. Desde el celador al jefe de servicio más cualificado, todos tienen una función necesaria. Respetadlas».
Por último, González animó a los residentes a «ser esponjas y aprender de todo y de todos, que no quede ninguna pregunta en el tintero», recordando «la importancia de Enfermería, que os enseñará muchas cosas del manejo de los pacientes y de la organización».

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 30 de mayo de 2017

miércoles, 24 de mayo de 2017

Cuidar a quienes cuidan

Que la vida es muy dura, lo sabe Rafael Tarsicio López (@RafaTarsicio) en primera persona. También en primera persona conoce que en nuestras manos se encuentra la diferencia. Por eso protagonizó la conferencia principal con la que el Área Sanitaria III celebró el 12 de mayo de 2017 el Día Mundial de la Enfermería.
Foto: Marieta

Su mujer murió tras el nacimiento de su hijo con una enfermedad crónica. ¿Cómo marcó eso su vivencia de la enfermería?
Muchísimo. Yo era un enfermero muy joven, apasionado con las técnicas. Como decimos en el sur, muy cañero. Mi hijo ingresó en la UVI de Neonatos donde yo trabajaba y mi mujer murió en la UVI en la que ella trabajaba, en Talavera de la Reina. Todos nuestros cuidados no sirvieron para salvarle la vida. Fue un momento muy duro. Entonces decidí no trabajar más. Podía vivir con mi pensión de viudedad y cuidar al pequeño, que lo necesita. Fueron momentos muy duros.
Pero sigue en activo. ¿Qué pasó?
Bueno, ya no cuido a la gente. Cuido a los que cuidan a las personas. Después de la muerte de mi mujer decidí regresar a Huelva, a mi tierra, con mis padres. Se había convocado un concurso y logré la plaza, pero pedí la excedencia maternal.
¿Qué sucedió?
Catalina Barrientos, que entonces dirigía el Hospital Juan Ramón Jiménez, me la negó y me pidió que trabajase. Me dijo que no podía cuidar, podía cuidar a los que cuidaban. Acepté, pero le dije que quería libertad. Descubrí la gestión y comencé a aplicar lo que había vivido.
¿Por ejemplo?
En Talavera había acompañado a mi mujer todo el tiempo en la UVI. Pero era una excepción por ser personal sanitario. En el Juan Ramón Jiménez, sólo dejábamos que los padres estuviesen cinco minutos en la UVI de Neonatos. La abrimos de forma permanente.
¿Qué sucedió?
Cambió la forma de trabajar, porque tenías a los padres ahí, auditándote permanentemente, cambió la relación con las familias. Lo que antes eran quejas se convirtieron en elogios. Después elaboramos un plan de humanización para el área pediátrica y, a los tres años, recibíamos el premio nacional al hospital optimista. Seguimos haciendo lo que sabemos, que es cuidar a los niños, pero las relaciones personales han mejorado.
Usted reivindica la misión del enfermero como cuidador. ¿Se ha perdido?
No. Cuando tenía 16 años y no sabía qué estudiar, una vecina me dijo que si quería ver puntas de narices, que estudiase Medicina, pero si quería cuidar a personas, que fuese enfermero. Eso está en todos. No somos enfermos por prestigio social, por dinero o por las vacaciones. Nos fascinó el avance como profesión, el avance científico y olvidamos la esencia, pero sigue ahí.
Su planteamiento implica riesgos emocionales para la Enfermería.
Muchas veces, al atender al paciente apagamos el botón de la empatía para no generar emociones. Es necesario saber gestionar las emociones de cada uno. Aunque eso es trabajo de los gestores.
¿Cómo hace usted?
Es necesario saber escuchar a la persona. Cada uno necesita una atención diferente. Si le gusta la investigación, apoya a esa persona, dale facilidades; otros quieren más facilidades para compaginar su vida profesional y personal. Hay que darle la respuesta adecuada.
Dijo que no le gusta el término humanizar.
Me chirría. Pero lo uso porque si no me riñen. Trabajamos con humanos y nuestra realidad es que somos personas tratando a personas. En Pediatría es más fácil verlo que con los pacientes adultos.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 12 de mayo de 2017

martes, 23 de mayo de 2017

El comienzo del cambio

La teoría del caos señala que el aleteo de una mariposa en una parte del planeta puede provocar un huracán en la otra, aunque nunca se haya documentado la capacidad del lepidóptero. Sin embargo, la enfermera Sonia Pastor Montero, ha demostrado que el nacimiento de un bebé muerto no sólo es una tragedia para su familia. También puede representar un punto de cambio para un hospital. Ella lo vivió en el Hospital de Montilla, Córdoba, donde trabaja como enfermera pediátrica, con una investigación que le concedió uno de los primeros doctorados en Enfermería de España. Hablamos con ella en Avilés.

Foto: Marieta

-¿Cómo surge la investigación?
-En la práctica clínica, algunas veces nos tenemos que enfrentar a la muerte intraútero a término. Sucede pocas veces, es rara, pero cuando nos enfrentamos a ella es un momento muy duro. Como profesional ,y también como madre, me pregunté sobre esa mamá: cómo vive la pérdida de su hijo, el parto, su duelo y si los profesionales respondemos adecuadamente a esas situaciones.
-¿Y la respuesta?
-Se organizó en dos proyectos de investigación financiados por la consejería de Salud de la Junta de Andalucía. Su desarrollo fueron la base de mi tesis doctoral. Alcanzamos diferentes conclusiones. Para los padres, la pérdida de ese bebé es la pérdida de un hijo real y demandan una mejor respuesta ante esa situación. Los profesionales se quejaban por la falta de recursos.
-¿Existe tanta preocupación por la curación que nos olvidamos de la muerte?
-No sé si es eso. En el área Materno-Infantil todo se enfoca a que el bebé vendrá sano y vivo. Este tipo de eventos no son habituales.
-¿La investigación ofreció resultados prácticos?
-Sí. En el Hospital de Montilla aplicamos varias propuestas para mejorar nuestra calidad asistencial. Los profesionales analizamos la pérdida perinatal para reflexionar sobre lo que ocurría y trazar estrategias. De esa manera se elaboró un manual de buenas prácticas. También se consultó con las familias.
-¿Puede poner algún ejemplo?
-Se creó el cuarto de la despedida para que los padres y el resto de la familia, incluso los hermanos, pudieran despedirse del bebé. Están el tiempo que necesiten, sin límites. También pueden disponer del cuerpo del bebé con independencia de la semana de gestación. Otra idea fue facilitar que elaborasen recuerdos: desde tomar fotos a hacer huellas de sus pies, de las manos, incluso guardar un mechón del pelo si lo quieren.
-¿Y para los profesionales?
-Cuando una mamá se encuentra en esa situación, en su identificación aparece dibujada una mariposa. Toda la plantilla sabe que se encuentran ante una pérdida y, de esa manera, pueden actuar en consecuencia, sabiendo el momento que atraviesan. Date cuenta que en Maternidad lo habitual es que los profesionales entren en la habitación animando a la mujer, preguntando por la alegría de la casa. Y si lo que se trata es de una pérdida perinatal no es lo más adecuado y le puede generar más dolor.
-Su experiencia afectó a la Maternidad del Hospital, ¿pero repercutió en otros servicios?
-Sí. En la Unidad de Cuidados Intensivos para Adultos se adaptaron algunas ideas. Así se empezó a poner una señal especial en las identificaciones de los casos más graves para que todo el equipo conociese la situación en la que se encontraba y evitar errores en el trato con el paciente y la familia. En todo el hospital se notaron cambios.
-¿La dirección apoyó el proyecto?
-Totalmente. La dirección de Enfermería fue un estímulo para el proyecto. Poder elaborar un protocolo e implantarlo nos dio visibilidad ante el hospital. Incluso yo estuve un mes liberada de mis funciones asistenciales para poder elaborar el protocolo. El respaldo fue total.

Publicado en La Voz de Avilés el 20 de mayo de 2017.

lunes, 15 de mayo de 2017

Saber cuidarse, saber vivir


El paciente crónico lo es durante toda su vida. Es una obviedad pero con frecuencia olvidamos lo obvio. De ahí la importancia de los programas para mejorar el autocuidado, que no deja de ser su manera vivir. El Principado de Asturias ha iniciado un programa para que los pacientes crónicos den ese paso adelante, tomen las riendas de su enfermedad.
Aunque la iniciativa es de ámbito regional, mi información se centra en mi zona de trabajo: el Área Sanitaria III, Avilés. El artículo se completa con las entrevistas a Encarnación Fernández, coordinadora del programa, y Guillermo Lucena y Pilar Plaza, dos pacientes-monitores.

Encarna Fernández Fernández, coordinadora del programa.


La asistencia sanitaria atraviesa en la actualidad un profundo cambio de modelo. No sólo se trata de avances técnicos, de nuevos medicamentos, de la aplicación de las nuevas tecnologías. La suma de todos estos desarrollos y la propia evolución de la sociedad se traduce en un nuevo paradigma en la relación entre el paciente y los profesionales, en una nueva manera de vivir la enfermedad.
Un colectivo que ya vive esta transformación son los pacientes crónicos. En una población de 151.059 personas, el Área Sanitaria III cuenta con 60.760 enfermedades crónicas censadas en mayores de catorce años, indica Encarna Fernández Fernández, coordinadora de Continuidad de Cuidados de Enfermería en Atención Primaria. Aunque es frecuente que alguna persona sufra más de una dolencia crónica, el dato evidencia su peso en la asistencia sanitaria.

El mayor número de diagnósticos corresponde a la hipertensión (29.112 casos), seguido por la diabetes (11.619), cardiopatías (4.672), enfermedad pulmonar obstructiva crónica (2.059) y alcoholismo (1.738 casos). A ello se añaden 11.560 casos de obesidad con una clara repercusión en otras patologías como pueden ser hipertensos o diabéticos.
La existencia de la enfermedad crónica supone un cambio sustancial en la vida de la persona. El enfermo lo es las 24 horas del día, pero en otra patología (una gripe, una lesión muscular, un hueso roto) existe una convalecencia antes de recuperar la vida sin enfermedad. Sin embargo, el paciente crónico necesita un autocuidado que, por definición, es constante.

No es una idea nueva en la atención sanitaria, pero se ha modificado el modelo para pasar de una relación en la que desde la consulta médica o de enfermería se indicaban una serie de consejos, y en ocasiones con un lenguaje distante y difícilmente comprensible, para buscar un modelo donde el paciente asuma un mayor protagonismo, sea un agente activo en su salud y no sólo un elemento pasivo.
Desde 2012
Este cambio de orientación se oficializa hace cinco años, cuando el Ministerio de Sanidad presenta una estrategia de abordaje de la enfermedad crónica en la que se sientan las bases para ese nuevo papel del paciente crónico, según recuerda Encarna Fernández. Esta tendencia se refuerza legalmente con la Ley de Autonomía del Paciente.
En Asturias, la Consejería de Sanidad ha respondido a esta necesidad a través de la denominada Escuela de Pacientes, una iniciativa conjunta de la Dirección de Salud Pública y el Servicio de Salud del Principado de Asturias. Bajo el nombre de Programa de Paciente Activo se aplica en Asturias un método de trabajo elaborado y acreditado por la Universidad de Stanford, Estados Unidos.
El objetivo es facilitar explicaciones sobre como cuidarse entre personas iguales. «No se trata de sustituir al profesional sanitario para indicar lo que se debe hacer ante una determinada enfermedad; el objetivo es transmitir buenas experiencias en el manejo de una dolencia por personas que la viven en el día a día», explica Encarna Fernández.
En la aplicación del programa se realiza en dos fases. En una primera, se forma a los líderes o monitores. Son pacientes crónicos que han participado en algún tipo de actividad formativa. Posteriormente, se les ofrece la posibilidad de participar en la formación, que imparten profesores acreditados por la Universidad de Stanford.
Una vez superado, los pacientes reciben una acreditación para aplicar el método de Stanford y podrán impartir talleres dirigidos a otros enfermos crónicos. Cada uno se dirige a entre quince y veinte personas, con una duración de seis semanas. Cada semana se celebrará un encuentro de dos horas y media, siempre con contenidos estructurados.
Desde entonces, en Asturias se han beneficiado de este programa 1.300 pacientes, formando a 205 monitores. En el Área Sanitaria de Avilés, el programa se coordina desde la Dirección de Gestión de Cuidados y Enfermería. Hasta la fecha, se han realizado 20 talleres en los diferentes concejos por los que han pasado 373 pacientes. Además, se han formado a veinte personas para ejercer la función de liderazgo.


Información publicada en La Voz de Avilés-El Comercio el 15 de mayo de 2017