miércoles, 24 de mayo de 2017

Cuidar a quienes cuidan

Que la vida es muy dura, lo sabe Rafael Tarsicio López (@RafaTarsicio) en primera persona. También en primera persona conoce que en nuestras manos se encuentra la diferencia. Por eso protagonizó la conferencia principal con la que el Área Sanitaria III celebró el 12 de mayo de 2017 el Día Mundial de la Enfermería.
Foto: Marieta

Su mujer murió tras el nacimiento de su hijo con una enfermedad crónica. ¿Cómo marcó eso su vivencia de la enfermería?
Muchísimo. Yo era un enfermero muy joven, apasionado con las técnicas. Como decimos en el sur, muy cañero. Mi hijo ingresó en la UVI de Neonatos donde yo trabajaba y mi mujer murió en la UVI en la que ella trabajaba, en Talavera de la Reina. Todos nuestros cuidados no sirvieron para salvarle la vida. Fue un momento muy duro. Entonces decidí no trabajar más. Podía vivir con mi pensión de viudedad y cuidar al pequeño, que lo necesita. Fueron momentos muy duros.
Pero sigue en activo. ¿Qué pasó?
Bueno, ya no cuido a la gente. Cuido a los que cuidan a las personas. Después de la muerte de mi mujer decidí regresar a Huelva, a mi tierra, con mis padres. Se había convocado un concurso y logré la plaza, pero pedí la excedencia maternal.
¿Qué sucedió?
Catalina Barrientos, que entonces dirigía el Hospital Juan Ramón Jiménez, me la negó y me pidió que trabajase. Me dijo que no podía cuidar, podía cuidar a los que cuidaban. Acepté, pero le dije que quería libertad. Descubrí la gestión y comencé a aplicar lo que había vivido.
¿Por ejemplo?
En Talavera había acompañado a mi mujer todo el tiempo en la UVI. Pero era una excepción por ser personal sanitario. En el Juan Ramón Jiménez, sólo dejábamos que los padres estuviesen cinco minutos en la UVI de Neonatos. La abrimos de forma permanente.
¿Qué sucedió?
Cambió la forma de trabajar, porque tenías a los padres ahí, auditándote permanentemente, cambió la relación con las familias. Lo que antes eran quejas se convirtieron en elogios. Después elaboramos un plan de humanización para el área pediátrica y, a los tres años, recibíamos el premio nacional al hospital optimista. Seguimos haciendo lo que sabemos, que es cuidar a los niños, pero las relaciones personales han mejorado.
Usted reivindica la misión del enfermero como cuidador. ¿Se ha perdido?
No. Cuando tenía 16 años y no sabía qué estudiar, una vecina me dijo que si quería ver puntas de narices, que estudiase Medicina, pero si quería cuidar a personas, que fuese enfermero. Eso está en todos. No somos enfermos por prestigio social, por dinero o por las vacaciones. Nos fascinó el avance como profesión, el avance científico y olvidamos la esencia, pero sigue ahí.
Su planteamiento implica riesgos emocionales para la Enfermería.
Muchas veces, al atender al paciente apagamos el botón de la empatía para no generar emociones. Es necesario saber gestionar las emociones de cada uno. Aunque eso es trabajo de los gestores.
¿Cómo hace usted?
Es necesario saber escuchar a la persona. Cada uno necesita una atención diferente. Si le gusta la investigación, apoya a esa persona, dale facilidades; otros quieren más facilidades para compaginar su vida profesional y personal. Hay que darle la respuesta adecuada.
Dijo que no le gusta el término humanizar.
Me chirría. Pero lo uso porque si no me riñen. Trabajamos con humanos y nuestra realidad es que somos personas tratando a personas. En Pediatría es más fácil verlo que con los pacientes adultos.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 12 de mayo de 2017

martes, 23 de mayo de 2017

El comienzo del cambio

La teoría del caos señala que el aleteo de una mariposa en una parte del planeta puede provocar un huracán en la otra, aunque nunca se haya documentado la capacidad del lepidóptero. Sin embargo, la enfermera Sonia Pastor Montero, ha demostrado que el nacimiento de un bebé muerto no sólo es una tragedia para su familia. También puede representar un punto de cambio para un hospital. Ella lo vivió en el Hospital de Montilla, Córdoba, donde trabaja como enfermera pediátrica, con una investigación que le concedió uno de los primeros doctorados en Enfermería de España. Hablamos con ella en Avilés.

Foto: Marieta

-¿Cómo surge la investigación?
-En la práctica clínica, algunas veces nos tenemos que enfrentar a la muerte intraútero a término. Sucede pocas veces, es rara, pero cuando nos enfrentamos a ella es un momento muy duro. Como profesional ,y también como madre, me pregunté sobre esa mamá: cómo vive la pérdida de su hijo, el parto, su duelo y si los profesionales respondemos adecuadamente a esas situaciones.
-¿Y la respuesta?
-Se organizó en dos proyectos de investigación financiados por la consejería de Salud de la Junta de Andalucía. Su desarrollo fueron la base de mi tesis doctoral. Alcanzamos diferentes conclusiones. Para los padres, la pérdida de ese bebé es la pérdida de un hijo real y demandan una mejor respuesta ante esa situación. Los profesionales se quejaban por la falta de recursos.
-¿Existe tanta preocupación por la curación que nos olvidamos de la muerte?
-No sé si es eso. En el área Materno-Infantil todo se enfoca a que el bebé vendrá sano y vivo. Este tipo de eventos no son habituales.
-¿La investigación ofreció resultados prácticos?
-Sí. En el Hospital de Montilla aplicamos varias propuestas para mejorar nuestra calidad asistencial. Los profesionales analizamos la pérdida perinatal para reflexionar sobre lo que ocurría y trazar estrategias. De esa manera se elaboró un manual de buenas prácticas. También se consultó con las familias.
-¿Puede poner algún ejemplo?
-Se creó el cuarto de la despedida para que los padres y el resto de la familia, incluso los hermanos, pudieran despedirse del bebé. Están el tiempo que necesiten, sin límites. También pueden disponer del cuerpo del bebé con independencia de la semana de gestación. Otra idea fue facilitar que elaborasen recuerdos: desde tomar fotos a hacer huellas de sus pies, de las manos, incluso guardar un mechón del pelo si lo quieren.
-¿Y para los profesionales?
-Cuando una mamá se encuentra en esa situación, en su identificación aparece dibujada una mariposa. Toda la plantilla sabe que se encuentran ante una pérdida y, de esa manera, pueden actuar en consecuencia, sabiendo el momento que atraviesan. Date cuenta que en Maternidad lo habitual es que los profesionales entren en la habitación animando a la mujer, preguntando por la alegría de la casa. Y si lo que se trata es de una pérdida perinatal no es lo más adecuado y le puede generar más dolor.
-Su experiencia afectó a la Maternidad del Hospital, ¿pero repercutió en otros servicios?
-Sí. En la Unidad de Cuidados Intensivos para Adultos se adaptaron algunas ideas. Así se empezó a poner una señal especial en las identificaciones de los casos más graves para que todo el equipo conociese la situación en la que se encontraba y evitar errores en el trato con el paciente y la familia. En todo el hospital se notaron cambios.
-¿La dirección apoyó el proyecto?
-Totalmente. La dirección de Enfermería fue un estímulo para el proyecto. Poder elaborar un protocolo e implantarlo nos dio visibilidad ante el hospital. Incluso yo estuve un mes liberada de mis funciones asistenciales para poder elaborar el protocolo. El respaldo fue total.

Publicado en La Voz de Avilés el 20 de mayo de 2017.

lunes, 15 de mayo de 2017

Saber cuidarse, saber vivir


El paciente crónico lo es durante toda su vida. Es una obviedad pero con frecuencia olvidamos lo obvio. De ahí la importancia de los programas para mejorar el autocuidado, que no deja de ser su manera vivir. El Principado de Asturias ha iniciado un programa para que los pacientes crónicos den ese paso adelante, tomen las riendas de su enfermedad.
Aunque la iniciativa es de ámbito regional, mi información se centra en mi zona de trabajo: el Área Sanitaria III, Avilés. El artículo se completa con las entrevistas a Encarnación Fernández, coordinadora del programa, y Guillermo Lucena y Pilar Plaza, dos pacientes-monitores.

Encarna Fernández Fernández, coordinadora del programa.


La asistencia sanitaria atraviesa en la actualidad un profundo cambio de modelo. No sólo se trata de avances técnicos, de nuevos medicamentos, de la aplicación de las nuevas tecnologías. La suma de todos estos desarrollos y la propia evolución de la sociedad se traduce en un nuevo paradigma en la relación entre el paciente y los profesionales, en una nueva manera de vivir la enfermedad.
Un colectivo que ya vive esta transformación son los pacientes crónicos. En una población de 151.059 personas, el Área Sanitaria III cuenta con 60.760 enfermedades crónicas censadas en mayores de catorce años, indica Encarna Fernández Fernández, coordinadora de Continuidad de Cuidados de Enfermería en Atención Primaria. Aunque es frecuente que alguna persona sufra más de una dolencia crónica, el dato evidencia su peso en la asistencia sanitaria.

El mayor número de diagnósticos corresponde a la hipertensión (29.112 casos), seguido por la diabetes (11.619), cardiopatías (4.672), enfermedad pulmonar obstructiva crónica (2.059) y alcoholismo (1.738 casos). A ello se añaden 11.560 casos de obesidad con una clara repercusión en otras patologías como pueden ser hipertensos o diabéticos.
La existencia de la enfermedad crónica supone un cambio sustancial en la vida de la persona. El enfermo lo es las 24 horas del día, pero en otra patología (una gripe, una lesión muscular, un hueso roto) existe una convalecencia antes de recuperar la vida sin enfermedad. Sin embargo, el paciente crónico necesita un autocuidado que, por definición, es constante.

No es una idea nueva en la atención sanitaria, pero se ha modificado el modelo para pasar de una relación en la que desde la consulta médica o de enfermería se indicaban una serie de consejos, y en ocasiones con un lenguaje distante y difícilmente comprensible, para buscar un modelo donde el paciente asuma un mayor protagonismo, sea un agente activo en su salud y no sólo un elemento pasivo.
Desde 2012
Este cambio de orientación se oficializa hace cinco años, cuando el Ministerio de Sanidad presenta una estrategia de abordaje de la enfermedad crónica en la que se sientan las bases para ese nuevo papel del paciente crónico, según recuerda Encarna Fernández. Esta tendencia se refuerza legalmente con la Ley de Autonomía del Paciente.
En Asturias, la Consejería de Sanidad ha respondido a esta necesidad a través de la denominada Escuela de Pacientes, una iniciativa conjunta de la Dirección de Salud Pública y el Servicio de Salud del Principado de Asturias. Bajo el nombre de Programa de Paciente Activo se aplica en Asturias un método de trabajo elaborado y acreditado por la Universidad de Stanford, Estados Unidos.
El objetivo es facilitar explicaciones sobre como cuidarse entre personas iguales. «No se trata de sustituir al profesional sanitario para indicar lo que se debe hacer ante una determinada enfermedad; el objetivo es transmitir buenas experiencias en el manejo de una dolencia por personas que la viven en el día a día», explica Encarna Fernández.
En la aplicación del programa se realiza en dos fases. En una primera, se forma a los líderes o monitores. Son pacientes crónicos que han participado en algún tipo de actividad formativa. Posteriormente, se les ofrece la posibilidad de participar en la formación, que imparten profesores acreditados por la Universidad de Stanford.
Una vez superado, los pacientes reciben una acreditación para aplicar el método de Stanford y podrán impartir talleres dirigidos a otros enfermos crónicos. Cada uno se dirige a entre quince y veinte personas, con una duración de seis semanas. Cada semana se celebrará un encuentro de dos horas y media, siempre con contenidos estructurados.
Desde entonces, en Asturias se han beneficiado de este programa 1.300 pacientes, formando a 205 monitores. En el Área Sanitaria de Avilés, el programa se coordina desde la Dirección de Gestión de Cuidados y Enfermería. Hasta la fecha, se han realizado 20 talleres en los diferentes concejos por los que han pasado 373 pacientes. Además, se han formado a veinte personas para ejercer la función de liderazgo.


Información publicada en La Voz de Avilés-El Comercio el 15 de mayo de 2017


miércoles, 18 de mayo de 2016

La importancia de la cirugía de pared abdominal

Cuando se ejerce el periodismo en el ámbito local, un curso, o un congreso, nacional, siempre ofrece la oportunidad de entrevistas con profesionales a los que, de normal, no se accede con facilidad. En Avilés, contamos con citas periódicas, como el congreso internacional sobre el Tratamiento Asertivo Comunitario. Pero también citas puntuales como un curso sobre cirugía de hernia que en marzo de 2016 citó en el Hospital Universitario San Agustín a los mejores cirujanos de la especialidad.


Pilar Hernández Granados. Foto: Marieta


La cirujana Pilar Hernández Granados es la coordinadora de la sección de Pared Abdominal de la Asociación Española de Cirujanos (AEC), la principal sociedad científica de esta especialidad en España. Ayer fue una de las ponentes en las Jornadas sobre Cirugía Abdominal y de Hernia en el Hospital San Agustín.
- Casi 200 cirujanos han pasado por el congreso de Avilés para formarse y debatir sobre la cirugía de la pared abdominal y la hernia. ¿Qué significa para usted como máxima responsable de esta cirugía en la principal sociedad científica de cirujanos de España?
- La cirugía de pared abdominal ha pasado de ser la gran olvidada a ser una especialidad importante y reconocida. En todos los hospitales de todos los niveles se hace cirugía de pared abdominal. Podrá no hacerse un transplante, pero una hernia inguinal o una eventración se opera en todas las partes del mundo. Cuanto mejor lo hagamos y más difundamos nuestros conocimientos, los resultados serán mejores. Esto repercutirá directamente en la calidad de los pacientes, en la atención que reciben.
- ¿De qué número de intervenciones hablamos?
- ¿Y si no existe ese experto?
- Debes enviar a los pacientes a sitios donde se pueda resolver ese problema. No intentar hacerlo con tu falta de experiencia, escaso conocimientos, poca formación o escasa disponibilidad de recursos.
- ¿Pero no existe una barrera mental para desplazarse unos kilómetros para una operación?
- Entre los pacientes, pero también entre los profesionales, que tienen reticencias sobre la marcha de un paciente de un hospital. Hoy en día, con la facilidad de desplazamientos es fácil que los pacientes acudan a centros de referencia para cirugía extremadamente compleja. En cada comunidad autónoma puede haber uno o dos, depende de sus características. No es lo mismo Asturias que Andalucía.
- En Madrid tienen experiencias.
- Hay experiencias de colaboración inter-hospitalaria entre los doctores López Monclús y García Ureña. Pero son ellos los que se mueven, no los pacientes. Es un germen.
- ¿La cirugía mínimamente invasiva es el siguiente paso?
- Al igual que la laparoscopia empezó con mucha fuerza, pero la ha ido perdiendo. Se usa para casos muy concretos, muy pequeños. El mayor reto es la prevención, especialmente cuando se ha operado una pared abdominal.
Entrevista publicada en La Voz de Avilés el 19 de marzo de 2016

lunes, 16 de marzo de 2015

Una mano amiga contra el Parkinson

Las asociaciones de enfermos desempeñan un papel fundamental en la atención a los pacientes de enfermedades crónicas. Como periodista, siempre te abren las vías para interesantes artículos, además de poder conocer y comprender el alcance de esa dolencia.
En este caso, es un trabajo con la Asociación de Parkinson de Asturias, con la actividad de su sede en Avilés. 

Foto: Marieta

«¿Sirve Molleda como nombre de río?» La pregunta, a medio camino entre la duda y la broma, aporta un respiro en la terapia del llamado taller de memoria que, cualquier martes o jueves, realizan los pacientes atendidos por la Asociación de Parkinson Asturias en los locales del hotel de asociaciones de El Arbolón, su sede desde hace poco más de un año y que, hasta el momento, ha cerrado un largo capítulo de itinerancias por Avilés donde se formó la delegación de Parkinson Asturias allá por el año 2000.


«Estuvimos en varios sitios: en los locales de la Asociación de Vecinos de El Arbolón; en Los Canapés, en el Centro de Apoyo a la Integración de Villalegre... Aquí estamos muy a gusto», asegura Rosa Saldaña, más conocida como Rosi, actual vicepresidenta de la Asociación y delegada en Avilés.
A sus locales acuden cada martes y jueves de cuatro a siete de la tarde para realizar diferentes actividades con el objetivo último de mejorar la situación de una grave enfermedad degenerativa. También reciben a cualquier familia donde se le haya diagnosticado un Parkinson dispuestos a ayudarles en la medida de sus posibilidades.
A lo largo del pasado año, la Asociación atendió en Avilés a 22 personas en diferentes talleres, además de abordar problemáticas concretas en once casos particulares. Sus servicios cubren campos como la atención social, fisioterapia, logopedia y todo tipo de recursos que ayuden a mejorar la calidad de vida de los enfermos.
«La enfermedad del Parkinson produce síntomas motores, pero también un deterioro cognitivo y efectos emocionales y psicológicos en la persona», explica la psicóloga Olaya Pérez Álvarez, encargada de talleres estimulación cognitiva que se imparten en la ciudad.
La actividad es posible gracias al compromiso de 87 socios, de los que 40 sufren Parkinson en diferentes niveles de la enfermedad, fundamentalmente de Avilés y Castrillón. El resto son familiares o personas que han vivido directamente la enfermedad y se han comprometido con la mejora de la calidad de vida de los pacientes.
Es el caso de Rosa Saldaña. Se asoció a Parkinson Asturias a raíz de la enfermedad de su esposo y, tras su fallecimiento, mantuvo su compromiso para ayudar a otras familias.
Este voluntariado hace posible el día a día de la asociación que, gracias a las aportaciones del 0,7% que se marca en la casilla de proyectos de Interés Social en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, consigue los fondos necesarios para mantener la estructura profesional con la que trabaja. Logopedas, fisioterapeutas y psicólogos realizan un tarea fundamental para los pacientes. Su cartera de actividades también incluye talleres de taichi, transporte adaptado, musicoterapia, incluso el apoyo de un auxiliar de geriatría.
«Cuando una persona marca en la casilla correspondientes de la declaración de la Renta actividades de interés social hace posible que estos servicios se presten», explica Rosa Saldaña.
Mejora en la mayoría
Lo cierto es que los datos de los talleres durante 2014 muestran una mejoría en la mayoría de las 22 personas que participaron en ellos. Así, en el 27% de los asistentes se registró una mejoría en la evolución de la enfermedad, mientras que el 45% se mantuvo estable. Tan sólo empeoraron un 28% de todos los asistentes.
La evolución de las personas cambió en función de su sexo. En el caso de mejorías se produjo más en hombres (un 18% de los participantes) que en las mujeres (un 9%). Ellas se mantuvieron más estables (un 36%) frente a los hombres (9%). Sin embargo, en los varones se registró un mayor porcentaje de empeoramiento pues marcó un 23% frente al 55 de las féminas.
A lo largo del pasado año, la entidad atendió a todas las personas que acudieron y se confía en que, durante 2015, se pueda mantener esta capacidad de respuesta.
Con todo, en el trabajo se cubren más campos, como la atención que se prestó a once casos de forma individual para resolver problemas concretos. Además, hubo 5 casos que recibieron atención psicológica de forma individual. «Uno de los aspectos más duros del Parkinson es que la persona es consciente del deterioro que sufre y para muchos resulta muy duro de asumir», comenta Olaya Pérez.
También hay variables que no figuran en la estadística de la delegación comarcal o, sencillamente, no se contabilizan.
Entre los primeros figura, por ejemplo, la asistencia a sesiones de hidroterapia impartidas en el Hospital Universitario Central de Asturias, y donde acuden todos los asociados que las necesiten dos días a la semana. Entre las segundas, aparece la función de 'respiro' que ofrecen los talleres a las familias.
«Nuestros talleres no se plantean como un recurso de respiro, lo que se busca es la mejoría del enfermo, pero sabemos que para algunas familias representa un alivio en la convivencia con la enfermedad», explica Olaya Pérez Álvarez.
La asociación aprovecha la posibilidad que ofrecen los locales de El Arbolón para poder distribuir todas sus actividades. Los talleres de estimulación cognitiva se organizan en una sala conjunta con todos los asistentes, mientras que la fisio y logoterapia se ofrecen de forma individualizada.
En los talleres, Olaya Pérez trabaja diferentes aspectos: desde recuerdos y capacidad de comunicarse verbalmente a poder realizar gestos de la vida cotidiana como comer, ponerse las gafas o pintarse los labios.

Artículo publicado en La Voz de Avilés el 16 de marzo de 2015

martes, 14 de octubre de 2014

Gastar mejor para hacer más

La colaboración entre la atención especializada y los centros de salud es un campo donde cada vez hay más noticias. La dispersión de la red de Atención Primaria complica cubrir ese campo, pero no impide que sea un foco de buenas noticias, como esta que habla de la colaboración para mejorar el seguimiento a los pacientes diabéticos. 


Desde la izquierda, parte del equipo del Centro de Salud de La Magdalena que ha hecho posible el proyecto, Amalio Fernández, José María López, Antonia Mogollón, Josefina Colao, responsable de enfermería del centro, José Cachón, coordinador del centro, y Víctor García. / MARIETA



El Centro de Salud de La Magdalena de Avilés ha aplicado con éxito el control con retinografías a pacientes diabéticos en la fase piloto de un programa que se aplicará al área sanitaria. Su objetivo final es mejorar la asistencia médica a un colectivo de enfermos que, por causa de la retinopatía, sufren con frecuencia una pérdida de la agudeza visual que puede llegar a causar ceguera.

La doctora Victoria Abelairas, jefa del servicio de Oftalmología en el Hospital San Agustín, destaca que cada cinco años se duplica la incidencia de la diabetes. En Avilés alcanza los 11.500 pacientes. De ellos, el 35% sufre retinopatía diabética, entre el 4 y el 6% retinopatía diabética proliferante y del 1,4 al 7,9% edema macular diabético.

No existen diferencias en su incidencia por sexos y es mas frecuente en pacientes en mayores de 79 años, con las dificultades que siempre supone para una persona de avanzada edad la pérdida de visión. La compra de un retinógrafo portátil, con una inversión de 18.000 euros por parte del Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA), y la existencia de una sólida red informática entre Atención Primaria y el especializada permitió poner en marcha este programa de cribado para detectar precozmente la existencia de problemas visuales en estos pacientes.

Primero, en La Magdalena

Para ponerlo en marcha, desde la gerencia del Área Sanitaria III se pensó en el Centro de Salud de La Magdalena como el lugar adecuado para realizar una experiencia piloto. Varias razones apuntaban a ello.
Por una parte, ya contaban con una experiencia previa hace cinco años en la realización de retinografías. Además, con una cobertura de 20.000 personas y dos consultorios periféricos (La Carriona e Illas), en él se reflejaban todas las realidades de la comarca, tanto en el ámbito urbano como rural. Cuenta, además, con un equipo sólido, con lo que era más fácil impulsar una propuesta de este equipo. Los pacientes de los consultorios debieron desplazarse hasta el centro de salud.
La experiencia piloto se aplicó durante los dos meses y medio del pasado verano. Previamente, médicos y personal de enfermería recibieron una formación específica tanto de oftalmólogos del Hospital San Agustín como del personal de la empresa a la que el SESPA compró el retinógrafo portátil.
Hoy en día sólo puede entender la medicina como un trabajo en equipo. Por eso, junto con la formación del personal sanitario, los administrativos del centro de salud jugaron un papel fundamental para el éxito del programa.
José Cachón, coordinador del Centro de Salud de La Magdalena, asegura que «el trabajo del área administrativa fue clave. Sin ellos y una buena organización del equipo no lo hubiéramos logrado». Y es que a las administrativas no sólo les correspondió la tarea de citar a unas 600 personas en un margen de dos meses y medio.
«No fue sencillo. Había que llamarles, explicarles de que se trataba y cómo era la prueba. Era la primera vez que se hacía y no sabían de qué se trataba. Había que explicarles que no existía ningún problema. En la próxima ronda, será todo más sencillo porque la mayoría ya sabrán de que se trata», explica Antonia Mogollón, del área administrativa del Centro de Salud de La Magdalena.
Estos 600 pacientes representan el 80% de los diabéticos atendidos en La Magdalena. «Se excluyó a personas que ya se encontraban atendidas por el Hospital San Agustín o habían realizado la prueba hace poco tiempo; también a los diabéticos cuyo diagnóstico era reciente y no existe el riesgo de retinopatía», detalla Cachón.
Fueron los enfermos del Centro de Salud de La Magdalena los que se encargaron de realizar la retinografía, una fotografía digital de la retina. Posteriormente, los facultativos la estudiaban.
«Hacer la retinografía es sencillo. La mayor dificultad es que muchos pacientes son personas mayores y no les resulta sencillo quedar con el ojo quieto a una persona de 80, de 94 años como nos ha sucedido», explica José María López.
En esta primera serie, no faltaron anécdotas, como la vez en que la pantalla donde se ve el resultado aparecía lo que López define como «una especie de lagarto verde».
Era algo que nunca se había comentado en los cursos de formación. Así que no dudó en avisar urgentemente al médico Víctor García. «Había caído un poco de baba del paciente anterior en la cámara, así que limpiamos la lente y la prueba se hizo sin problemas. Pero era algo que nunca nos habíamos planteado y comenzamos a hacer desde entonces», recuerda García.
Sin molestar a los pacientes
Los médicos del Centro de Salud aprovechaban sus reuniones de equipo de cada viernes para comentar las pruebas. «Mantenemos estos encuentros desde hace muchos años y siempre han ayudado a todo el equipo», asevera el doctor Cachón.
Una vez realizada la prueba, a través de internet, los médicos del Centro de Salud estudiaban el resultados. Al Hospital San Agustín se enviaban sólo las pruebas con problemas, cerca de un centenar. De ellas, sólo 16 (el 2,6%) necesitaron un tratamiento específico.
Esta fase del proceso se hacía de forma interna, sin molestar a los pacientes. Es decir, los oftalmólogos del Hospital San Agustín analizaban las retinografías y confirmaban o no el diagnóstico. En caso positivo, se citaba al paciente desde el San Agustín para iniciar el tratamiento.
De esta manera, la Atención Especializada alcanzaba un seguimiento impensable hasta la fecha y, los pacientes, accedían al diagnóstico de una forma mucho más rápida y precoz.
Los profesionales de Atención Primaria, sobre los que recae un parte fundamental en la atención al enfermo diabético, también se benefician de este programa. «El seguimiento de los problemas en el ojo siempre era muy complicado y ahora resulta más sencillo», explica José Cachón.
Después de La Magdalena, el equipo estuvo en Cudillero y, la semana pasada llegaba al Centro de Salud de Piedras Blancas. A él también irán algunos de los integrantes del equipo de La Magdalena para compartir su experiencia.
El retinógrafo seguirá rotando por todo el Área Sanitaria hasta regresar a La Magdalena en el plazo de año y medio o dos años. «Cuando no existen lesiones, la prueba se debe repetir cada dos años. En el momento de que se ha detectado la retinopatía, ya es atendido por Oftalmología», explica el doctor Víctor García.
De esta manera, a lo largo de 2016, el Centro de Salud de La Magdalena volverá a organizar su cribado a los pacientes. «Al saberlo, ya podremos avisar a los pacientes previamente en la consulta y estará todo mucho mejor organizado», destaca Antonia Mogollón.

Reducir la lista de espera en 1.000 personas

El servicio de Oftalmología del Hospital San Agustín destaca la importancia de la puesta en marcha de este cribado que llega a la comarca después de unas primeras experiencias en el Área Sanitaria I, Jarrio, y en Gijón, entre el Centro de Salud de La Calzada y el Hospital de Jove. «Hemos contado con el protocolo elaborado por el Servicio de Salud del Principado (SESPA) y lo hemos adaptado a las circunstancias de nuestra Área Sanitaria», explica la doctora Victoria Abelairas, jefa del servicio de Oftalmología en el Hospital San Agustín.
La doctora Abelairas destaca la importancia de la combinación de la telemedicina con la coordinación entre Atención Primaria y especializada para mejorar el tratamiento a los pacientes diabéticos. «El objetivo es mejorar el diagnóstico precoz, evitando que se produzcan casos con una pérdida importante de agudeza visual. Hoy en día, disponemos de los tratamientos para ello, siempre que se traten de forma precoz», comentó.

Dentro del Hospital San Agustín, los oftalmólogos Juan Barbón y Candi Viña asumen el seguimiento y control de los casos de retinopatías diabéticas. Son ellos los encargados de impartir los cursos de formación al personal de Primaria, tanto de enfermería como facultativos. Los cursos vienen a durar 2,5 horas cada uno, explicando tanto la realización de las pruebas como su interpretación.
«Estamos muy satisfechos con los resultados. Todo el mundo se está implicando mucho», comenta Juan Barbón. El médico también destaca la calidad de las retinografías enviadas. «Lo normal es que remitan al Hospital entre un 7 y un 15% de pruebas dudosas. Y en esta primera tanda hicieron un 16%. Es un dato muy bueno. Luego se comentan las pruebas, con lo que se seguirá aprendiendo».
Barbón destaca la importancia para el servicio de Oftalmología, uno de los que tiene más presión asistencial en el centro, este programa. «Nos permitirá atender a entre 1.000 y 2.000 personas, que saldrán de las listas de espera. Presenta muchos beneficios para todos, comenzando por el paciente, que tendrá mucho mejor controlada su evolución», concluye.


Artículo publicado en La Voz de Avilés el 14 de octubre de 2014





lunes, 3 de marzo de 2014

Elogio del celador

Con frecuencia, escribir de sanidad es hacerlo de médicos y enfermería; de mejoras en los tratamientos y de nuevas enfermedades, de los retos de la gestión... Pero también existen estamentos que forman una parte imprescindible en la gestión sanitaria y que sólo se notan cuando no están. O lo hacen mal. Los celadores son uno de ellos. Así surgió este reportaje.

Celadores del Hospital San Agustín. Foto: Marieta

Cierre los ojos. Imagine el Hospital San Agustín sin celadores: ¿quién llevaría los enfermos desde Urgencias a las unidades de hospitalización? ¿O en el propio servicio de Urgencias? ¿Cómo se adaptaría la mesa del quirófano para una determinada operación? ¿Cómo llegarían los medicamentos a las plantas? ¿O la correspondencia? Imagine, ahora un centro de salud sin personal subalterno. ¿Quién se encargaría de que todo estuviese listo a primera hora? ¿Qué profesional trasladaría al paciente impedido?
Son algunas de las funciones que ejercen los celadores o personal subalterno en el Área Sanitaria III, en total 107 profesionales distribuidos entre atención primaria y especializada, con una misión sencilla pero, al tiempo, fundamental de apoyo a la actividad administrativa y sanitaria.
Y allí, entre ambos mundos, se encuentran estos profesionales que, en ocasiones, resulta difícil de distinguir entre todo el personal de los centros de salud.
«Ellas suelen ser enfermeras; a nosotros nos suelen confundir con médicos», comenta Antonio Saavedra, celador desde 1986 y que actualmente trabaja en el retén del Hospital San Agustín, el equipo encargado de la asistencia a las plantas del centro. Y es que, ante muchos usuarios, estos profesionales suelen pasar desapercibidos. No es por la falta de contacto, pues desde la entrada por Urgencias es uno de los estamentos que más tiempo pasan en contacto con el paciente. «En el centro de salud, terminas siendo como uno de la familia; incluso algunas personas, especialmente mayores, te llaman cuando llegas para que las saludes», comenta Antonio Rodríguez Domínguez, 'Tony', celador desde 1991.
«Una vez en el quirófano, preparando una cesárea, la chica me cogía de la mano y me decía que no me fuese. Allí estuve hasta que la sedaron», recuerda Montserrat Pire, celadora adscrita al servicio de quirófano que, además del traslado de pacientes, se encargan de aspectos como adaptar la mesa a las características de la intervención.
«Lo que más me gusta es el contacto con el paciente», afirma Carmen Herrero, celadora en el Servicio de Urgencias, donde reciben el enfermo y los trasladan al triage.
Relación con los pacientes
Si en algo coinciden los celadores con quienes conversó LA VOZ DE AVILÉS es que la relación con los pacientes es la dimensión más importante en su actividad, sencilla pero sin la que el sistema se atascaría. «Lo que hacemos parece sencillo, pero aportamos calidad y calidez a nuestro trabajo. En el tiempo que llevo de celador, veo que el 90% de los compañeros hacen un trabajo admirable, comprometidos con el paciente», asegura Antonio Rodríguez Domínguez, 'Tony ', celador en el Centro de Salud de Villalegre- La Luz y que trabaja como tal desde 1991.
Por eso no es de extrañar que, de forma periódica, los celadores participen en los cursos de formación, tanto del Servicio de Salud del Principado de Asturias como del Instituto Adolfo Posada. Los cuatro reconocen una voluntad de mejora permanente en su trabajo.
Ellos son cuatro de los 129 celadores del Área Sanitaria III y sus palabras buscan reflejar el día a día de un colectivo repartido entre Atención Primaria y el San Agustín. Se trata de un estamento donde la presencia de la mujer es mayoritaria, ya que representan hasta el 80% de la plantilla.
En Primaria, los subalternos se reparten entre los centros de salud. Tan sólo el consultorio de Llaranes cuenta con un celador por la densidad de población que atiende.
El número de celadores en el Hospital San Agustín varía en función del día: 79 los días laborales y 43 los sábados, domingos y festivos. Se distribuyen por todo el hospital, desde el retén que atiende a las unidades de hospitalización al correo interno, almacén general, consultas externas, Anatomía Patológica o Urgencias.
«El trabajo en Urgencias es mucho más variado y es uno de sus atractivos. En las plantas se encuentra todo más protocolizado», comenta Carmen Herrero.
«El trabajo en Primaria coincide con el Hospital en el trato directo con el paciente. Al ser un centro más pequeño, terminamos haciendo de todo. Desde encargarnos de que el centro esté listo a primera hora a trasladar a los pacientes», asegura Tony.
Una actividad intensa y donde las relaciones personales resultan más importantes de lo que puede pensar. «El buen ambiente es fundamental. Trabajamos con grandes profesionales que, además, son grandes amigos, como se ve en las despedidas por una jubilación o en algunos momentos en los que se relaja la actividad», comenta Saavedra. Esa empatía no sólo se produce entre los celadores, también con facultativos y resto de profesionales que saben que en ellos encuentran valiosos colaboradores.
«En un centro de salud, el celador es el único profesional que está en relación con todos los equipos y, de esa manera, sirve como unión entre ellos», comenta Antonio Rodríguez.
Las dimensiones del Hospital y su propio ritmo hacen imposible esa función; pero ello no impide que su trabajo supere los límites del Estatuto del Celador de 1971. «Ahora, tenemos el triage para ordenar la atención a los enfermos; pero cuando llega un paciente muy grave siempre procuramos avisar a las enfermeras», asegura Carmen Herrero.
«El trato con el paciente es muy importante. Intentamos tranquilizarles y darles apoyo emocional, nuestro trato es más personal. Recuerdo que una vez, un paciente, me pedía que no le hiciera de reír más porque le dolía la herida», asegura Pire. «A veces no podemos pasar más tiempo con el paciente porque tenemos más trabajo», comenta Saavedra.
Esa situación también se vive en Primaria. «En más de una ocasión, hemos visto como un paciente se desmoronaba en el mostrador y se ponía a llorar; íbamos con él a un lugar con más discreción y hablamos, y nos contaba cosas de una enfermedad o de su vida que no sabíamos», recuerda Antonio Rodríguez.
Ese cercanía con los pacientes también les convierte en testigos privilegiados de momentos tan duros como es la muerte. «La enfermedad de niños y los accidentes de tráficos con jóvenes es lo más duro. Una vez, me impactó tanto uno que no estuve tranquila hasta que supe que mi hijo estaba bien», recuerda Carmen Herrero.
Antonio Saavedra asegura que «nunca olvidará» una guardia en el Materno Infantil donde, sin avisarle, llegaron en un coche con un niño atropellado, totalmente ensangrentado. «Lo pusieron en mis brazos y salí corriendo buscando un médico a gritos. Era un niño de 5 años, un coche lo había pasado por encima; terminó muriendo», resume.
La situación no cambia mucho en Primaria. «Lo más duro es la enfermedad de un compañero, de un familiar; la muerte de un niño; cuando vivimos el proceso de una enfermedad en una familia», asegura Tony. Todos coinciden que «con el tiempo, te acostumbras a estas situaciones; aunque cuando te tocan más de cerca por ser un familiar o un compañero te siguen impresionando». Antonio Rodríguez señala que «solemos hablar mucho entre nosotros y también es algo que nos ayuda».
Aunque a veces pasan cosas sorprendentes. «Una vez, entré en una habitación y tropecé con un paciente. Pedí disculpas, pero ni se inmutó. Dije al compañero de habitación: menudo sueño más profundo tiene. Al rato, me llamaron para una autopsia y cuando lo vi en la mesa de autopsias creí morir», comenta Montserrat Pire.
Más allá de la anécdota de confusión con médicos o personal de enfermería, los celadores lamentan que apenas sean reconocidos como tales por los usuarios. «Los pacientes ingresados valoran nuestro trabajo positivamente, pero luego, cuando lees las notas de agradecimiento, nunca aparecen los celadores», comenta Montserrat Pire, «sólo recuerdo un caso que citaba expresamente a los celadores».


Artículo publicado en La Voz de Avilés el 3 de marzo de 2014