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martes, 24 de septiembre de 2013

La epidemia del tabaco

Los efectos negativos del tabaco son un tema recurrente en toda la divulgación sanitaria. Con frecuencia se habla de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), una de las patologías más habituales y asociadas al tabaquismo. Cuenta con su propio día y campañas específicas. Pero siempre es bueno hablar de ella en cualquier ocasión.


Por la izquierda, los doctores José Antonio Gullón y José María García.
Foto: Marieta
Se fatiga con facilidad, es suficiente dar dos pasos para notar que le falta aire, tose con frecuencia... Son algunos de los síntomas de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), una de las patologías más frecuentes en la especialidad de Neumología y responsable de un buen número de ingresos y fallecimientos al año.
«Las estimaciones son que cerca del 10% de la población sufre EPOC en diferentes grados. Recientemente se hizo un estudio en Asturias, Episcan, que elevaba su incidencia hasta el 20% de la población, pero pensamos que existen errores en su elaboración», comenta el doctor José María García García, director de la Unidad de Gestión Clínica de Neumología en el Hospital San Agustín.
En lo que no caben dudas es en su influencia en la calidad de vida de la población. «La Organización Mundial de la Salud la sitúa como la cuarta causa de mortalidad en el mundo y ya ha superado al cáncer de pulmón», comenta José Antonio Gullón, neumólogo del Hospital San Agustín.
Su incidencia en la actividad de un centro como el avilesino es elevada. «En 2012 hicimos un estudio sobre los informes de alta del servicio, de 1.026 altas, 292 correspondían a diagnósticos de EPOC, un 28,5% de los ingresos. Además, sus estancias suelen ser largas, unos siete días de media, y estar asociadas a otras enfermedades, con lo que también son más difíciles de tratar», comenta el doctor Gullón.
La prevalencia aumenta conforme avanza la edad de los pacientes. Así, lo habitual es que los primeros diagnósticos se hagan a los 40 años y hasta los 80. «A mayor edad, más prevalencia y también mayores complicaciones», señala el doctor Gullón.
La epidemia humeante
La explicación de esta incidencia viene de la mano de hábitos asentados en la población desde hace años. Y, sobre todo, uno: el tabaco. «La EPOC se provoca por una inflamación bronquial relacionada, principalmente, por el tabaco que produce una obstrucción en la espiración. De ahí sus síntomas como la fatiga o disnea, la tos. Y las frecuentes agudizaciones de los enfermos», asevera el doctor García.
La enfermedad no surge de un día para otro. En el caso del tabaquismo, sus síntomas aparecen después de varias decenas de años consumiendo. «Los primeros síntomas pueden aparecer a los 40 ó 50 años. A esa edad es aconsejable que los fumadores se hagan una espirometría. Es una prueba sencilla, fácil de hacer en todos los centros de salud y que permite un diagnóstico precoz, fundamental para el tratamiento», comenta el director de la Unidad de Gestión Clínica.
Dentro de la EPOC hay diferentes niveles de gravedad. Existe un primer estadio en el que se encuentra asintomática, aunque ya ha comenzado un daño en los pulmones que avanzará inexorablemente con la vida de la persona. Y, lógicamente, existen niveles más avanzados en los que se expresa en toda su gravedad. Las estadísticas manejadas por los médicos incluyen el conjunto de la patología, con independencia de su gravedad.
Por ese motivo es importante avanzar en el diagnóstico precoz. Y es que, como recuerda el doctor Gullón, «el daño producido en el pulmón no se puede recuperar totalmente. Ahora bien, si una persona con diagnóstico de EPOC deja de fumar, su evolución no será tan negativa como si mantuviese ese hábito», comenta el médico.
La enfermedad no sólo provoca un importante deterioro en la calidad de vida de los pacientes. Un buen número de bajas laborales llevan su firma. Su incidencia en el sistema sanitario es muy importante. «En Neumología es una de las primeras causas de ingreso. Durante los meses de invierno y otoño, cuando se produce el mayor número de agudizaciones, llegamos a tener la mitad de las camas ocupadas por EPOC. Y en Atención Primaria es una de las primeras causas de consulta», asevera el doctor José Antonio Gullón.
Lo normal es que los enfermos registren uno o dos ingresos al año. Incluso, en los más graves, llegan a ser varios al mes. Además, suelen ser estancias largas, con una media de siete días. Y, generalmente, con otras enfermedades asociadas, con la dificultad que eso conlleva a la hora de establecer los tratamientos.
El resumen del balance de la EPOC lo hace el doctor José María García: «Muchos afectados y con una importante pérdida de calidad de vida para los enfermos. Y una importante repercusión para el sistema sanitario». La relación entre tabaquismo y EPOC es tal que el 15% de los fumadores llegan a desarrollar esta enfermedad. Además, si el fumador tiene un diagnóstico de asma, la posibilidad de desarrollar el EPOC es mucho mayor.
«El tabaquismo es su principal causa. En el 90% de los enfermos, el tabaco está detrás. También existen casos de EPOC por inhalación de humos, aunque se encuentra más documentados en lugares donde se usan más cocinas de leña, que en Avilés. La evolución del asma es otra de sus causas, pero menos frecuente que el tabaco», comenta el doctor García.
Existe un último factor que puede provocar esta enfermedad y que es de origen genético. Se trata de un déficit de la enzima Alfa 1 antitripsina. Su carencia provoca que la enfermedad aparezca de forma precoz y con una mayor gravedad. «Esos casos son una minoría. En el Área Sanitaria, tenemos cuatro pacientes», comentó el doctor García.


Artículo publicado en La Voz de Avilés el 23 de septiembre de 2013

sábado, 17 de marzo de 2012

La Unidad de Tabaquismo del HSA logra que el 40% de sus pacientes deje de fumar


Cada vez las personas que quieren superar la adicción al tabaco cuentan con más recursos desde la sanidad pública. Con esta información presenté un equipo que trabaja en el Hospital San Agustín de Avilés. En su primer año, ha logrado resultados muy positivos.
Fue un trabajo muy interesante, que, además, se completó con sendas entrevistas a Paloma Fernández y a Lidia Laucirica explicando su experiencia.



El neumólogo Manuel Muñiz y la enfermera Concepción Rodríguez
en la unidad. :: Foto: SERGIO LÓPEZ
 
Dejar de fumar es posible, aunque para ello la persona necesite una ayuda como la que le ofrece la Unidad de Tabaquismo en la Unidad de Gestión Clínica de Neumología en el Hospital San Agustín. Desde su apertura ya ha atendido a 170 personas. Y en el primer año, ha logrado un porcentaje de éxito del 40%, entendiendo por tal el número de fumadores que han permanecido sin consumir a los seis meses de haber terminado el tratamiento.
El neumólogo Manuel Muñiz y la enfermera Concepción Rodríguez se encuentran al frente de esta unidad creada el 9 de septiembre de 2010. «En Neumología siempre existió una gran sensibilidad hacia el tabaquismo», explica el doctor Muñiz al comentar el origen de este equipo. «En 2009, la Consejería de Sanidad elaboró un plan estratégico contra el tabaco donde se nos invitaba a crear este tipo de unidades y entonces dijimos que sí».
La unidad del San Agustín no es el único equipo del Área Sanitaria III para ayudar a abandonar el tabaco. Atención Primaria cuenta con su propia oferta en diferentes centros de salud, aunque existe una diferencia fundamental entre ambas propuestas. Así, en el San Agustín se ofrece un tratamiento individualizado, buscando adaptarse a las características de cada persona. Frente a esto, en Atención Primaria la base del trabajo es la terapia de grupo para ayudar a alcanzar el objetivo de dejar de fumar.
«El acceso a la unidad es derivado por médicos de Atención Primaria, de Neumología o de otros servicios del Hospital. También la Unidad de Tabaquismo de Primaria nos remite algún paciente», explica el doctor Muñiz, que señala que en las conversaciones iniciales se les comenta la existencia de sus homólogos en Primaria. «Igual hay personas que prefieren el apoyo de un grupo antes que estar en solitario», comenta. De igual manera, reciben a pacientes enviados directamente desde el equipo de Primaria y por idénticas razones.
La Unidad de Tabaquismo se orienta a pacientes con dificultades especiales para dejar de fumar, incluso con varios intentos fallidos. También apoya a las personas con enfermedades graves asociadas al tabaquismo y personal del Hospital San Agustín.
Este año se quiere, además, reforzar la atención a las mujeres embarazadas que fuman y se pretende impulsar una iniciativa con Psiquiatría para que sus pacientes abandonen el tabaco. «Es un colectivo con un gran consumo», recuerda Concepción Rodríguez.
 
Diferentes abordajes
La actividad de la unidad se centraliza en un día a la semana, en concreto los miércoles por la tarde, ya que tanto Muñiz como Rodríguez deben atender la actividad normal de Neumología. Cada tarde realizan entre 11 y 13 consultas. De ellas, tres son primeras visitas a la Unidad de Tabaquismo y el resto revisiones. «Es un número pequeño, pero esta es una consulta que lleva mucho tiempo. En la primera visita, lo normal es estar entre 40 y 45 minutos con cada paciente. Las revisiones duran 15 minutos, pero el tiempo es variable; en ocasiones un paciente necesita más tiempo y hay que dedicárselo», comenta el doctor Muñiz.
El sistema de trabajo repite el mismo patrón. En la primera visita se realiza una completa exploración de la persona. Además de conocer su estado físico, se busca descubrir los niveles de dependencia psicológicos y a la nicotina de cada fumador. También se trata de descubrir su motivación para abandonar el tabaco, el que para muchos es un amigo al que resulta difícil renunciar.
«La motivación es fundamental. En ocasiones, el paciente ya llega con ella muy clara. En otros casos, se le anima a buscarla durante la entrevista, apelando, por ejemplo al estado de su salud y la mejoría que significará dejar de fumar», comentan Muñiz y Rodríguez.
Conocer el historial médico de la persona también es fundamental, ya que durante esta terapia se le ofrecerá la posibilidad de utilizar tratamiento farmacológico para superar la adicción a la nicotina. «Salvo que descubramos una contraindicación médica, siempre ofrecemos a los pacientes la posibilidad de usar fármacos. Las posibilidades de éxito se duplican», explica Manuel Muñiz.
La barrera de que es el fumador quien debe asumir el coste de estos medicamentos se derriba al aplicar la calculadora. «Los fármacos se utilizan unos tres meses de media y, en los tratamientos más caros, hablamos de un coste que oscila entre los 200 y los 300 euros. Lo mínimo es que los fumadores que vienen aquí consuma una cajetilla diaria, que ronda los 4 euros, es decir, unos 360 euros, con lo que se trata de pasar el dinero del tabaco al medicamento y, aún así, ahorrará».
En este año y medio de actividad, la inmensa mayoría de los pacientes optan por la medicación.
 
Ayuda psicológica
Vencida la adicción física a la nicotina, el mayor esfuerzo del equipo se orienta para derrotar la dependencia psicológica que se traduce en muchos componentes: gestos, hábitos como el cigarro después de comer o en determinados momentos de la vida se presentan como trampas mortales.
«Siempre les explicamos que dejar de fumar es difícil, pero no imposible y que pueden lograrlo. Además de tener las motivaciones, les ofrecemos herramientas para vencer esos momentos de dificultad, les enseñamos pautas para afrontarlos», comenta Concepción Rodríguez.
Así, desde aprender a respirar y coger aire para superar los momentos de ansiedad, a comer fruta para vencer esa sensación de hambre que relatan muchas personas mientras dejan el tabaco... Hacer ejercicio físico, recuperar aficiones, buscar otros gestos que provoquen el olvido de los juegos con los cigarrillos...
«Existen muchos trucos y cada persona encuentra los que mejor le van. Ahora tenemos una gran aliada con la actual legislación. Cuando se permitía fumar en los bares era una dificultad añadida para la persona que trataba de dejarlo; también reforzó la conciencia sobre los efectos dañinos del tabaco», reflexiona Muñiz.
Tras la primera consulta, el paciente regresará para el seguimiento, del que se encargan ambos. «El ritmo se fija según su necesidad; nosotros estamos para ayudarle a dejar el tabaco, hay personas que necesitan regresar a la semana y otras pueden estar dos semanas», comenta el equipo. Lo que no se modifica es la tendencia a ir espaciando el tiempo entre visitas. A los seis meses, se debe terminar el programa. Aunque tampoco es una frontera fija. «Todo va en función de la persona», concluyen.


Artículo publicado en La Voz de Avilés el 16 de febrero de 2012. En la página hay acceso a otras dos piezas vinculadas.