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jueves, 13 de diciembre de 2018

No todo son las pastillas

Aunque nadie puede negar la importancia de la medicación, siempre existe el riesgo de sobremedicarse, de abusar de las pastillas más allá de lo adecuado. La doctora Belén García Busto (@Belengato) y el farmacéutico Luis Sánchez Álvarez advierten de estos peligros. 


Belén García Busto, Enrique González y Luis Sánchez Álvarez.
Foto: Marieta
Se encuentran en todas las casas y se consideran el camino para la salud; sin embargo la utilización de los medicamentos implica cierta complejidad que ayer abordaron la doctora Belén García Busto, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria que ejerce en el centro de salud de Cudillero, y el farmacéutico Luis Sánchez Álvarez, responsable de Farmacia en Atención Primaria del Área Sanitaria III, dentro de la edición mensual del Aula de Salud que organizan el área y la asociación cultural La Serrana.
«En ocasiones se banalizan los medicamentos y no hay que banalizarlos, tienen sus indicaciones y contraindicaciones», aseguró Belén García Busto, que recordó que «no todos los problemas de salud que tenemos se curan con una pastilla. En ocasiones, un cambio de hábitos es saludable».
Y es que, como recordó el farmacéutico Luis Sánchez Álvarez «tenemos que superar la medicalización de los problemas cotidianos que vivimos actualmente. Los pacientes acuden a las consultas a por una receta y, en ocasiones, no deberían recibirla, porque su problema no lo necesita». Una batalla donde los médicos de familia sufren presiones por todas las partes: por una parte de los pacientes, que si no reciben la receta consideran que su médico no es bueno y desconfían de él; por otra parte, la saturación de trabajo y, por último, la presión de la industria farmacéutica. «No es una situación sencilla para los médicos de Primaria», asegura Luis Sánchez.
Y eso que hablamos de palabras mayores porque, como recordó Belén García Busto, «no existe ningún medicamento de riesgo cero, en ocasiones tenemos que dar opción a las respuestas no farmacológicas. Los medicamentos deben ser los justos y necesarios», aseguró.
Por ejemplo, un problema de colesterol puede solucionarse con un cambio de dieta y ejercicio moderado. O las dificultades para conciliar el sueño en personas mayores, que son propias de la edad y no necesitan ningún medicina. «El prospecto de algunos fármacos señala que no se deben tomar más de ocho semanas continuadas y hay personas que los consumen de manera ininterrumpida. Cuando se receta, hay que indicar cuando se terminará el tratamiento», apunta Sánchez.

Los polimedicados

Y es que, como subraya García Busto, «no todo se arregla con una pastilla». Además, el exceso o uso inadecuado de medicinas lleva a otro problema: la polimedicación. En el área sanitaria hay 2.794 personas que durante seis meses consumieron más de tres cajas de diez principios activos; 228 personas con más de tres cajas de quince principios activos y doce con más de tres cajas de veinte principios activos. Son los llamados polimedicados.
«Hay casos en los que es necesario, pero también hay pacientes en los que sucede el efecto cascada. Se receta un fármaco, que genera un efecto secundario; este necesita otro fármaco, que vuelve a generar otra reacción y se requiere un tercer producto», comenta Luis Sánchez.
¿Se puede romper esta deriva? Los ponentes del Aula de Salud no solo consideran que sí, sino que en su día a día trabajan para ello. Belén García Busto reclama a que el paciente «juegue un papel más activo en la enfermedad, se integre en el equipo con su médico y enfermera. Se conoce mejor que nadie y debe ser protagonista en su salud».
Por su parte, Luis Sánchez facilita recursos a los facultativos de Primaria. «Los profesionales nos demandan información objetiva a los farmacéuticos y responden muy bien a los cursos de formación que impartimos», asegura.
Y es que, como recordó el farmacéutico Luis Sánchez Álvarez «tenemos que superar la medicalización de los problemas cotidianos que vivimos actualmente. Los pacientes acuden a las consultas a por una receta y, en ocasiones, no deberían recibirla, porque su problema no lo necesita». Una batalla donde los médicos de familia sufren presiones por todas las partes: por una parte de los pacientes, que si no reciben la receta consideran que su médico no es bueno y desconfían de él; por otra parte, la saturación de trabajo y, por último, la presión de la industria farmacéutica. «No es una situación sencilla para los médicos de Primaria», asegura Luis Sánchez.
Y eso que hablamos de palabras mayores porque, como recordó Belén García Busto, «no existe ningún medicamento de riesgo cero, en ocasiones tenemos que dar opción a las respuestas no farmacológicas. Los medicamentos deben ser los justos y necesarios», aseguró.
Por ejemplo, un problema de colesterol puede solucionarse con un cambio de dieta y ejercicio moderado. O las dificultades para conciliar el sueño en personas mayores, que son propias de la edad y no necesitan ningún medicina. «El prospecto de algunos fármacos señala que no se deben tomar más de ocho semanas continuadas y hay personas que los consumen de manera ininterrumpida. Cuando se receta, hay que indicar cuando se terminará el tratamiento», apunta Sánchez.

Los polimedicados

Y es que, como subraya García Busto, «no todo se arregla con una pastilla». Además, el exceso o uso inadecuado de medicinas lleva a otro problema: la polimedicación. En el área sanitaria hay 2.794 personas que durante seis meses consumieron más de tres cajas de diez principios activos; 228 personas con más de tres cajas de quince principios activos y doce con más de tres cajas de veinte principios activos. Son los llamados polimedicados.
«Hay casos en los que es necesario, pero también hay pacientes en los que sucede el efecto cascada. Se receta un fármaco, que genera un efecto secundario; este necesita otro fármaco, que vuelve a generar otra reacción y se requiere un tercer producto», comenta Luis Sánchez.
¿Se puede romper esta deriva? Los ponentes del Aula de Salud no solo consideran que sí, sino que en su día a día trabajan para ello. Belén García Busto reclama a que el paciente «juegue un papel más activo en la enfermedad, se integre en el equipo con su médico y enfermera. Se conoce mejor que nadie y debe ser protagonista en su salud».
Por su parte, Luis Sánchez facilita recursos a los facultativos de Primaria. «Los profesionales nos demandan información objetiva a los farmacéuticos y responden muy bien a los cursos de formación que impartimos», asegura.


Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio

domingo, 5 de agosto de 2018

Pensando sobre la sanidad

Entre 2003 y 2011, Alfonso Flórez gestionó el Hospital San Agustín. Tuve la oportunidad de tratar con él. Buen gestor, implicado, humano, generoso. Dejó una buena huella en el centro. Hoy lo entrevistamos, centrando las preguntas en la gestión sanitaria, en la reflexión, un territorio en el que siempre se ha desenvuelto con soltura.

Alfonso Flórez. Foto: Carolina Santos.



Alfonso Flórez Díaz (Gijón, 1948) no duda en calificar su estancia al frente del actual Hospital Universitario San Agustín como un «orgullo». Su gerencia entre 2003 y 2011 implicó el fin de la remodelación y un cambio en el modelo de gestión. Ya jubilado reflexiona sobre el sistema sanitario.

-¿Qué recuerda de su llegada a Avilés, al San Agustín, en 2003?

-Era un hospital con obras, con grandes problemas desde el aparcamiento a la afluencia de pacientes, la distribución de circuitos en el interior... Era una organización en una situación de tránsito. Las obras habían comenzado hacía ya mucho tiempo y se habían acostumbrado a ellas.

-A usted le tocó una buena parte.

-Cuando me incorporé estaba hecho todo el área de los vestuarios de quirófanos y, muy importante, el nuevo edificio de consultas externas. Fue una época compleja. Recuerdo que llegamos a comprar anoraks para las enfermeras que tenían que pasar por pasillos por donde entraba el viento por todas las partes.

-¿Se ha aprovechado todo el conocimiento generado en la reforma?

-En realidad no sé qué tipo de conocimiento se genera. Yo venía de hospitales como Valdecilla o La Paz donde hubo que hacer transformaciones muy importantes y siguieron funcionado. Para mí las obras fueron un pretexto para el cambio organizativo. Lo fundamental fue que me rodeé de un equipo muy bueno de profesionales.

-¿Fue complicado ese cambio?

-Lo fundamental fue que metimos a toda la organización en él, en lo que significaba lo que debíamos diseñar: hacer un hospital nuevo con un viejo cascarón. Las obras se pudieron hacer gracias a todo el personal. Suprimir las habitaciones de tres y cuatro camas, crear áreas de cirugía mayor y ambulatoria, las comunicaciones y circulación del hospital, la informatización... Ese cambio solo fue posible con el apoyo de todo el personal.

-¿Es cierta su llegada en plan Brubaker por Urgencias simulando una dolencia coronaria para desvelar que es el nuevo gerente?

-No, es falsa. Es una leyenda urbana. Mucho después de mi llegada tuve que ir a Urgencias por una medicación que provocó unos síntomas que parecían un infarto. Pero fue mucho después. Todo el mundo sabía quien era y todos me conocían. Ya eran gente de la familia.

-También se comenta que aparecía por cualquier lugar del hospital: en talleres, en los pasillos...

-Conocía el hospital muy bien. Tenía el hábito de andar por él y tratar de solucionar los problemas. Lo hice en todos los hospitales. Algunas veces molesta, pero no tiene porqué.

-Estuvo ocho años en el hospital, ¿de qué está más orgulloso?

-Estoy muy orgulloso de haber estado en el San Agustín, del equipo directivo que se formó. Y de marcharme de un hospital cuya lista de espera no superaba los cuatro meses como conclusión de todo lo que se había hecho. Y las auditorías sin salvedades. Pero sobre todo del equipo que quedó y su forma de trabajar, con un estilo y que dejaron iniciativas que permanecen, como el reciclado, las jornadas gastronómicas, los chavales que venían a tocar...

-En 2011, el cambio político en Asturias marca su salida del San Agustín. ¿Es una de las asignaturas pendientes, la ausencia de un cuerpo de gestores sanitarios con independencia de los políticos?

-Luchamos mucho tiempo por un cuerpo de gestores institucionalizado para dar continuidad. Pero es algo inútil. La política sigue utilizando la sanidad para aguijonear al gobierno. Me parece muy peligroso. Y tiene unas consecuencias para las organizaciones. Al final, el que lo sufre es el paciente.

-¿Hasta qué punto?

-La organización ve todos esos avatares políticos y se crea una desconfianza. No hay alternativas de cambio ni creatividad. Como ha sucedido en Gijón. Un grupo de trabajadores estudia las urgencias en Primaria y ve que la concentración en tres puntos mejora el servicio. Pero se rechaza por la presión de organizaciones sociales. Quizá no se informó bien, pero las cosas no pueden seguir igual por opiniones contrarias. La sanidad es un tema muy técnico, afecta a todos y mueve mucho presupuesto. Debería haber un pacto social para que esto no sucediese, manteniendo unas líneas predecibles y sin cambiar gestores consolidados.

-¿Cómo ve el sistema sanitario?

-Es una suma de todo lo que ha pasado. Para mí, el sistema público se encuentra estancado, necesita un replanteamiento de la organización. No es cuestión de arquitectos ni de más camas. Hay que parar y consensuar. Dentro de la organización sanitaria existe suficiente sabiduría para tomar estas decisiones, sabe lo que se debe hacer.

-¿Quién teme más dar voz a los trabajadores: los gestores o los políticos?

-Un redimensionamiento debe ser hecho por técnicos, personal muy cualificado que sepa dar voz a todas las alternativas. Se habla de meter más dinero, y siempre se necesita, pero es necesario parar. Por ejemplo, para analizar los tiempos que se pierden, que es donde existen muchas ineficiencias.

-¿Qué se puede hacer?

-En el sistema necesitamos servicios centrales fuertes, como Radiología o Anatomía Patológica. Son elementos centrales, son la puerta de entrada y no podemos tener lista de espera en ellos. Los pacientes necesitan los diagnósticos rápidamente. Y si tenemos cuellos de botella ahí se genera esa pérdida de tiempo. Es un elemento de ahorro, evitaría pérdidas de tiempo y que se generasen pacientes crónicos. Un menisco de un trabajador no puede esperar siete u ocho meses. Son elementos en cadena cuyo fallo despilfarra dinero y calidad asistencial.

-Los políticos necesitan resultados cada cuatro años y los gestores planifican a largo plazo. ¿Es el primer conflicto?

-Las líneas que se deben marcar deben ser certeras, de continuidad. En estos momentos, los gestores están en el día a día. Y la gestión del día a día no es la del futuro. Hay que buscar nuevas alternativas a las necesidades de la población, que son muy cambiantes, y la sociedad digital. Tenemos situaciones que se deberían evitar.

-¿Por ejemplo?

-Un paciente crónico no debería entrar por Urgencias. Debería estar tratado por su médico de familia, con una referencia en especializada. Habría que modificar cosas, incrementar los médicos de familia e introducir cambios para que se pudiese relacionar con el especialista.

-Antes aludió a la sabiduría de las organizaciones sanitarias. ¿En qué se debería aplicar?

-En campos como la gestión de personal que necesita una profunda revisión. Para ello, los sindicatos, colegios profesionales y organizaciones sociales son imprescindibles para evitar enfrentamientos donde pierde el sistema y, con ello, los ciudadanos. La carrera profesional es un modelo de frustración organizativa muy importante. Hay que mirar aspectos del escalafón, que se deben modernizar. Y abordar la retribución. Es algo que se debe revisar porque sino esto se va al garete. La sanidad es una profesión muy bonita y ver a profesionales que se jubilan con un alto nivel de frustración indica que algo está mal en la organización. Además de que perdemos mucha experiencia.

-Habrá gente que le diga: todo esto está muy bien, ¿por qué no lo hizo cuando tuvo responsabilidades?

-Cuando estuve en el hospital ayudé a que todo esto no ocurriese. Y los resultados fueron que teníamos una lista de espera que no superaba los cinco meses. Y se generó conciencia de que se debía gestionar de una manera, sin interrupciones en el proceso

-¿Cómo vive de jubilado?

-Me sigo despertando a las seis y media de la mañana. Es por la inercia de cuarenta y pico años. No tengo tiempo. Tengo mucho que hacer: estar con los amigos, la carpintería, ayudar en cuestiones que se necesiten. Estoy muy ocupado. No echo de menos nada.

-¿Y un salto a la política, volver a a la primera línea sanitaria?

-Tengo tanto que hacer que es algo que no me planteo.

Entrevista publicada en el diario La Voz de Avilés-El Comercio el 5 de agosto de 2018.

sábado, 23 de junio de 2018

Invertir en prevención, también en salud

En alguna parte leí que cualquier gobierno es una coalición del responsable de Hacienda con las demás áreas. El caso es que reclamar recursos siempre es complicado. En este caso, el doctor Juan José Martínez Jambrina solicita más medios humanos, lo que da más miedo a los responsables de Hacienda, de las cuentas de cualquier oganización. Es un gasto que llega para quedarse e incrementarse. La ventaja es que los ahorros de un equipo bien dotado siempre serán mayores que el gasto generado por su falta.

Desarrollo del congreso sobre ETAC. Foto: Marieta



 El director de la Unidad de Gestión Clínica de Salud Mental en el Área Sanitaria III, el doctor Juan José Martínez Jambrina, reclamó ayer «más recursos» para dotar suficientemente a todos los equipos de tratamiento asertivo comunitario en la región. El doctor Jambrina cifró entre ocho mil y diez mil los pacientes con enfermedades mentales «graves y persistentes» en la región. Aunque disponen de unos buenos recursos para su atención, Jambrina alertó de «grietas» en la red que provoca que los pacientes lleguen a la consulta cuando los brotes psicóticos se encuentran más avanzados.
«Lo ideal es la detección precoz, cuando existen los primeros indicios y para poder hacerla necesitamos esos recursos», comentó tras la presentación del 'Libro blanco sobre los primeros episodios psicóticos' elaborado por los doctores Ángel Roberto Fernández García y Gabriel García Álvarez.
En concreto, los recursos que reclama Jambrina son más profesionales con diferentes perfiles (psicólogos, psiquiatras, enfermeras) que permitiese doblar la atención en dos campos. Por una parte, el seguimiento a los pacientes, donde, indicó, solo se presta atención a los casos más graves, y a los adolescentes entre dieciséis y veintiún años.
«Es una edad muy compleja, en la que se producen cambios hormonales, en la red social por la evolución en el sistema educativo y también se incrementan las responsabilidades», explicó el doctor Jambrina. En ocasiones, esta explosión de factores termina generando brotes psicóticos. «Es muy complicado que un adolescente acuda a una consulta médica, así que el tratamiento asertivo es la mejor forma de responder a sus necesidades y atenderlo en las fases iniciales, con lo que la evolución de la enfermedad siempre es más favorable», aseguró.
«Asturias ha sido una de las comunidades pioneras en el tratamiento comunitario, con un mejor diseño teórico, pero ahora debemos repensar la red y dotarla adecuadamente para atender a la población», aseveró.
El doctor Jambrina también apuntó la necesidad de introducir cambios en el sistema de atención a las drogodependencias, aunque en concreto utilizó el término tóxicos y no drogas. «Estamos trabajando en un sistema dual. Por una parte, la atención de tóxicos y, por otra, la enfermedad mental. En el caso de jóvenes, vemos que en algunos casos se trata la enfermedad mental, pero ellos mantienen el consumo de tóxicos», comentó el psiquiatra.
En su opinión, la respuesta debe ser «una consulta única para responder de manera conjunta a ambas necesidades». Eso sí, siempre desde la perspectiva del tratamiento asertivo comunitario «que se ha demostrado como la mejor manera para tratar a los enfermos mentales graves. En Holanda y Bélgica ya es así por ley», comentó.
El congreso avilesino contó con la presencia del doctor John Maher para explicar la realidad de Canadá. «Es el país que más recursos destina en la actualidad a los tratamientos comunitarios y la referencia mundial», destacó Jambrina.
La experiencia avala la eficacia de este método de trabajo con los pacientes graves. «Es el que ofrece una mejor calidad de vida tanto para los pacientes como para las familias, facilitando su recuperación e integración», destacó Juan José Jambrina, recordando, además, su eficiencia y eficacia.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio
 el 23 de junio de 2018.

martes, 1 de mayo de 2018

El balance de un año

No sé las causas, pero no es frecuente que los hospitales públicos, al menos en Asturias, hagan públicos sus balances anuales. Es una pena. Los periodistas perdemos una información interesante con la que, además, aprendemos. Y los ciudadanos una oportunidad de aprender. En fin, doctores tiene la Iglesia, que dicen los clásicos. Mientras tanto, el Hospital Avilés es una feliz excepción. Y que siga así, por muchos años.


Foto: Marieta
La Fundación Hospital de Avilés cerró el pasado año con las mejores cifras de su historia. El incremento de la cirugía ambulatoria, la incorporación de nuevas tecnologías y la profesionalidad de la plantilla, integrada en la actualidad por 131 personas, de las que 97 son personal sanitario y 34 no sanitario, explica que se hayan logrado estos resultados, según se destacó en una nota de prensa tras la reunión del patronato.
La entidad, además, consiguió esas cifras sin romper el equilibrio económico y con las tarifas congeladas. Según explican, se encuentran «en un importe similar a las de 2008».
El convenio con el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) es la principal vía de ingresos para el centro avilesino. El balance del año pasado, registró un cumplimiento de objetivos superior al pactado inicialmente. En concreto, se alcanzó el 102,78%. No es la primera vez que sucede. Así, en 2016 el cumplimiento de los objetivos había llegado al 101,4% y en 2015 el 104%.
En el año 2003, el Hospital de Avilés se incorporó a la Red hospitalaria de utilización pública del Sespa como centro asociado al hoy Hospital Universitario San Agustín, convirtiéndose en una de las piezas claves en la asistencia sanitaria pública de la comarca, gracias sobre todo al apoyo que representa para la atención de las personas mayores.
De hecho, la actividad geriátrica sigue siendo una base importante de su actividad. No se puede olvidar que el índice de envejecimiento del Área Sanitaria III es del 25,07%, cuando el porcentaje regional es del 24,75% y la tasa española baja hasta el 18,96%. Además, el 8,76% de la población de la comarca tiene más de 80 años.
El pasado año, el Hospital de Avilés atendió a 1.257 pacientes geriátricos, una cifra ligeramente inferior a la de 2016, cuando había sido 12.702. Sin embargo, las estancias se incrementaron por ser más largas. Y es que en 2017 se contabilizaron 20.609 estancias frente a los 201.82 de 2016.
El 67% de los pacientes geriátricos tiene más de 80 años y la edad media es de 82 años, un año más que en 2016, lo que evidencia la tendencia al envejecimiento de la comarca. Estos ingresos suelen alargarse en el tiempo, de ahí el número de estancias. Además suelen ser pacientes complejos, con polimedicaciones y, con frecuencia, encamarados, lo que representa una importante carga de trabajo, especialmente para colectivos como auxiliares de enfermería, celadores y enfermería que mantienen un contacto más directo con los pacientes.
La importancia del Hospital de Avilés es que la atención que presta a estos pacientes libera espacios en el San Agustín para recibir casos agudos, más que pacientes crónicos o que necesitan ingresos prolongados como sucede con los enfermos geriátricos.

Cirugía ambulatoria

La actividad quirúrgica también se ha incrementado después de las reformas de los quirófanos y el apoyo a la cirugía ambulatoria, que ya encamados el 89% de la actividad quirúrgica del centro.
En total se realizaron 3.585 operaciones, la cifra más alta de la historia superando las 3.194 de 2016. La comparativa interanual mantiene como las especialidades con más carga de trabajo a oftalmología, cirugía plástica y cirugía vascular. El único cambio es que traumatología gana peso frente a urología.
Todo apunta a que esta tendencia se mantendrá gracias a la adquisición de nuevas tecnologías para las operaciones de cataratas y la importancia del Hospital de Avilés para contener las listas de espera de esta cirugía, que tiene una gran peso en la comarca por el envejecimiento de su población.
Además, el Hospital Avilés es el centro de referencia público para la cirugía plástica y vascular, especialmente varices, ya que otras patologías más complejas se derivan al Hospital Universitario Central de Asturias, por lo que no caben cambios en esta estructura.
Algo parecido sucede en la actividad de consultas externas, que alcanzaron en 2017 las 17.476 visitas cuando en 2016 habían sido 16.415. Oftalmología es el servicio que más actividad genera, con 7.884 consultas. La consulta de alergia generó 3.296 visitas en 2017, siendo el único centro de la red pública en la ciudad.
El año pasado hubo 2.248 consultas preoperatorias, 1.135 consultas de seguimiento de la de cirugía vascular, y 1.953 para cirugía plástica. Además, traumatología atendió a 929 pacientes en consultas externas y 31 acudieron a urología.
La existencia de la actividad quirúrgica y médica también obliga a realizar diferentes pruebas diagnósticas. El pasado año se realizaron 6.205 exploraciones diferentes, cuando en 2016 habían sido 5.665. El aumento de la actividad asistencial explica esta evolución.
La mayor parte de las pruebas fueron ecografías (2.529). También se realizaron 1.470 exploraciones radiológicas y 1.209 densitometrías. La actividad en este campo se completó con 997 electromiografías.
El Hospital de Avilés mantuvo un año más la campaña de detección precoz del cáncer de mama, a la que acudieron 8.440 mujeres de las 10.246 convocadas, lo que representa un porcentaje del 82%, superior al del 2016 cuando había sido del 75%. La campaña permitió detectar cincuenta casos de cáncer. Este programa facilita la localización de los tumores en sus estadios iniciales, con lo que el tratamiento siempre presenta una mejor perspectiva para la mujer. Desde el año 1999, el programa ha realizado 129.732 estudios y que han permitido detectar 440 tumores detectados.

Rehabilitación

Otra de las áreas importantes de actividad es la rehabilitación, donde pasaron 867 pacientes con un total de 5.805 sesiones. Una parte fundamental es la atención a los pacientes geriátricos, con 4.637 sesiones que son de gran importante para su evolución ya que les ayudan a recuperar o mantener la movilidad después de cirugías complejas.
El Hospital de Avilés también mantuvo hasta septiembre del pasado año un concierto con ASAT-Salud dentro de su acuerdo con Unespa para atender a pacientes en sesiones de rehabilitación por accidentes de tráfico. En total, pasaron por esta unidad el año pasado 110 personas, que recibieron 1.168 sesiones de rehabilitación.
Con este balance, el Hospital de Avilés se mantiene en sus máximos históricos y con un escaso margen para crecer. Y más aún después de que la marcha de las Siervas de Jesús que, en 2016, abandonaron el Hospital facilitando un cambio en el aprovechamiento del edificio, lo que ha contribuido a la mejora de las cifras de actividad.
Antes de la crisis económica, el centro planteó la construcción de un edificio anexo para albergar un centro de día para pacientes geriátricos que se encuentran en su domicilio, pero necesitan atenciones específicas.
Las medidas de control del gasto paralizaron el proyecto, cuyo desarrollo depende de que el Principado de Asturias financie la puesta en marcha de un recurso que representaría un avance muy importante. La Fundación sigue trabajando para lograr la financiación necesaria para esta inversión.
El patronato de la Fundación Hospital de Avilés aprobó también las cuentas para el presente año, en una línea continuista con el pasado ejercicio. Así, para 2018 se han previsto 7.288.187 euros de ingresos frente a los 7.210.705 euros contabilizados en 2017 con un incremento de 134.795,11 euros respecto a 2016. Las cuentas de 2018 destinan 7.032.683 euros para gastos.
La distribución del gasto mantiene la tónica de los pasados años. La mayor parte del dinero se destina al personal, aunque se reservan 113.944 euros para inversiones, tanto en el mantenimiento de las instalaciones como en la renovación de la tecnología sanitaria.
Así, este año está previsto destinar 70.440 euros para un fluoroscopio de alta gama para la operaciones de juanetes (Hallux Valgus), además de equipos para la realización de artroscopias, cataratas y cirugía plástica.
Esta inversión se completa con partidas para videovigilancia, tanto en el interior como en el exterior o las barreras de entrada al recinto.
Las cuentas de 2017 registraron inversiones por valor de 150.835euros y obras por 100.140 euros. Una de las compras más importantes fue la adquisición de dos facoemulsificadores, empleados en cirugía de cataratas, por un valor de 75.413euros.
También se destinó dinero para una lavadora de material quirúrgico, nuevas puertas automáticas de entrada al hospital, mobiliario y taquillas para el vestuario de personal, colchones y cojines antiescaras, además de un tensiómetro electrónico con un carro.
La política de inversiones constantes ha permitido que el centro mantenga su calidad en la asistencia. Así de manera paulatina se han renovado todas las camas y modernizado sus instalaciones.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 30 de abril de 2018.

miércoles, 14 de febrero de 2018

La cocina del hospital

Dicho sin ánimo de ofender: la mayor parte de los pacientes somos unos ignorantes cuando estamos ante el médico. Nos sabemos enfermos, pero poco más. A base de experiencia, podemos avanzar un poco, pero poco. Tardaremos en saber si la operación ha sido un éxito y si el tratamiento es el adecuado.
Pero sí podemos juzgar si la comida llega fría o caliente, si la sopa está sabrosa o no, si nos gusta el postre...
Por eso, la cocina hospitalaria es tan importante. No sólo aporta la alimentación, también contribuye al bienestar, al confort del paciente. Y, aunque la enfermedad siempre impone severas condiciones, siempre es mejor disfrutar el almuerzo. 
Por eso es tan importante la cocina del Hospital.


Lidia Clara Rodríguez, el cocinero Borja Martín y José Manuel Valledor en la cocina del Hospital Universitario San Agustín. 
                                                                 foto MARIETA


Son unas cocinas amplias, limpias con perfección y que se diferencian de cualquier otra por su ubicación: el Hospital Universitario San Agustín. Lo que las convierte en unos fogones conocidos por todos los avilesinos, bien por su estancia en el centro médico o la de sus familiares. De ellas, vienen a salir cada día unos 1.200 servicios en los cuatro turnos de comida que se ofertan: desayuno, almuerzo, merienda y cena.
Ciertamente, es un número elevado, pero más aún si se es consciente que, en la actualidad, el servicio se encuentra individualizado. «Ahora mismo tenemos un programa informático que permite conocer no sólo las necesidades médicas de cada paciente, también rasgos personales, como puede ser una alergia alimentaria. De esta manera logramos los menús personalizados», explica José Manuel Valledor, encargado del centro de Mediterránea de Catering, la empresa que, desde 2001, es la concesionaria del servicio.
La última renovación del contrato del servicio en 2016, la dirección de gestión del Hospital Universitario San Agustín sumaba a la cocina hospitalaria, la atención al público y también imponía una importante modernización de los equipos. Los trabajos comenzaban el pasado mes de agosto y que se alargaban hasta mediados de septiembre.
La obra, con una inversión de 55.000 euros, supuso una renovación total de la cocina, tanto en su organización física, como en los equipos y también el menaje. En la distancia se ve el resultado con satisfacción, pero solo sus protagonistas conocen las horas de trabajo que les llevó planificar la intervención, un proyecto en el que se implicó todo el hospital. Incluso desde fuera, como la Unión Comarcal de Comisiones Obreras, que fue clave para conocer que el Ayuntamiento había aprobado la licencia y los trabajos podían comenzar en agosto.
«Teníamos que aprovechar el momento con menos ingresos para que apenas se resintiese el servicio. Fue un gran esfuerzo de todo el mundo, también de los pacientes, que durante los trabajos no pudieron escoger el menú, como es habitual», recuerda ahora José Manuel Valledor.
El corazón de la nueva cocina del San Agustín es su sistema informático, un programa en el que llegan a diario las necesidades de los pacientes. No sólo los llamados menús basales (aquellos ingresos sin necesidades especiales, que oscilan entre setenta y ochenta) y que pueden escoger entre diferentes opciones.
Las necesidades de los pacientes obligan a diferentes tipos de dieta y técnicas, como el uso de batidoras para facilitar la deglución. Todos esos datos se conocen con tiempo suficiente para ir organizando el trabajo de un equipo de 33 personas que, desde las 7.30 de la mañana a las diez de la noche, trabaja en la cocina distribuido en turnos de mañana o tarde.
No sólo se trata solo de plantear una oferta gastronómica. Ésta debe ser saludable y, por ese motivo, una dietista recibe la información de las características de los pacientes y trabaja con el equipo de cocina en las posibles respuestas.
Pero las mejoras de la nueva inversión van mucho más allá. Algunas no se conocen fuera de las paredes de la cocina, pero son de gran importancia para el equipo, como los nuevos suelos, antideslizantes para mejorar la seguridad laboral del equipo. No menos importante es el nuevo sistema de climatización y de aire acondicionado. «Con los equipos anteriores, o teníamos demasiado calor o demasiado frío, es algo que ahora se ha solucionado», destaca Valledor.

Detalles de la reforma

También se han modernizado todos los equipos de cocina, con nuevas líneas de lavado, hornos más eficientes, nuevas líneas de emplatado... La obra también alteró la distribución interna de la cocina de tal manera que definió con total claridad los circuitos de sucio y de limpio. El refuerzo de la seguridad alimentaria y la mejora de las condiciones de trabajo han sido dos constantes en esta inversión.
Ahora mismo las vajillas usadas se colocan en un tren de lavado cuya cabecera se encuentra en las inmediaciones del ascensor. De esa manera, se aleja cualquier foco de posible contaminación del lugar donde se encuentra la comida preparada. Una vez limpieza, la vajilla ya pasa a la zona de emplatado, más próxima a la cocina y de ahí se dirige a las plantas.
Pero los pacientes del hospital también han visto directamente algunas de las mejoras. Incluso tocado, como el nuevo menaje, mucho más ligero y cómodo, toda vez que se han suprimido las anteriores tapas que evitaban que la comida se enfríase.
Prescindir de ese recurso ha sido posible gracias a los nuevos carros para la comida. Llaman la atención por las imágenes de la comarca que lucen en su exterior. Y suponen una verdadera revolución en la hostelería hospitalaria toda vez que han solucionado un problema común a todos los hospitales: que la comida llegue fría a las habitaciones.
Eso es posible porque, junto con los catorce carros, se adquirieron cuatro estaciones de alimentación que cargan una batería que mantiene el calor de la comida. El equipo dispone de una zona fría, donde se colocan postres, por ejemplo yogures y la bebida como agua, y la parte caliente donde va el resto de la comida. «Se ha pasado de escuchar que la comida estaba fría a tener que advertir que tengan cuidado, puesto que llega caliente», apunta Valledor.
Ello no evita una cuidadosa planificación para asegurar que los pacientes reciban a su tiempo su menú. Así, para que los desayunos lleguen a las nueve de la mañana a planta, comienzan a emplatarse cuarenta minutos antes.
Además, los nuevos equipos son más silenciosos, algo especialmente importante para los pacientes ingresados, y resultan más sencillos de trasladar por la posición que deben adoptar las personas encargadas de esa tarea. Además, han visto como el peso de las bandejas se reduce.
La cocina también ha superado la certificación de calidad ISO 9001-2000, demostrando un compromiso constante con la mejora de la calidad, según destaca Valledor. «Si no hubiese sido por el apoyo de los trabajadores, toda esta obra y las mejores que ha supuesto no hubiese sido posible», asegura Valledor.
Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 13 de febrero de 2018.

sábado, 30 de septiembre de 2017

La importancia de la cocina

La gestión sanitaria es muy compleja. Entre los factores que incrementan su dificultad se encuentra la influencia de elementos que no son estrictamente sanitarios pero que influyen de manera decisiva en la impresión que los usuarios tenemos. Un ejemplo claro es la comida, un aspecto tremendamente complejo. De ahí la importancia de una obra como la renovación de la cocina en el Hospital Universitario San Agustín.

Preparando el almuerzo. Foto: Marieta©

Septiembre llega al Hospital Universitario San Agustín con la renovación completa de las instalaciones de la cocina de pacientes, una inversión asumida por la empresa concesionaria, Mediterránea de Catering, dentro de las mejoras ofertadas en su día dentro del proceso de licitación. La inversión ronda los 400.000 euros en números redondos.
Este dinero ha permitido una renovación completa de las instalaciones, que pasan a estar dotadas de una tecnología más moderna, tanto para la preparación de los alimentos como su conservación. Por ejemplo, los equipos de frío disponen de ordenadores que detectan la caída del suministro y, ante ese problema, automáticamente conectan las baterías de reserva para asegurar que los alimentos se mantienen en perfecto estado. También se han renovado los equipos de extracción de aire. En suma, un proceso que permite que el Hospital Universitario San Agustín disfrute importantes mejoras.
La obra se realizó durante el pasado agosto. El proceso de instalación de los equipos fue sencillo, y la mayor complejidad fue la planificación de los trabajos para que incidiese lo menos posible en el trabajo diario.
Por ese motivo, Mediterránea de Catering tramitó las licencias municipales para poder realizar los trabajos durante el verano, aprovechando que es la época con menos ingresos y se reduce la carga de trabajo. Ello no evitó que, durante la renovación, se aplicasen medidas temporales. Así, por ejemplo, durante unas semanas los pacientes no tuvieron la opción de elegir menú.
La licencia se recibió en agosto, justo en los plazos que había previsto la empresa. Toda la documentación se había registrado con margen suficiente en el Ayuntamiento y los técnicos municipales habían informado favorablemente; sin embargo la comunicación a la concesionaria se demoró, lo que motivó la intervención de la Unión Comarcal de Comisiones Obreras a instancias de los delegados del sindicato en la empresa para lograr desbloquear la situación. De esta manera, los permisos llegaban a tiempo.

Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 30 de septiembre de 2017.

lunes, 31 de julio de 2017

¡Oh!, las listas de espera

La Ley General de Sanidad se aprobó en 1986 estableciendo en España las bases de un sistema sanitario eficiente y con capacidad de resistir unas cuantas tormentas. Sin romperse nunca el consenso sobre la necesidad de una sanidad pública, el debate político entró con fuerza en el ámbito hospitalario a principios de los noventa con las denuncias sobre las listas de espera. 
Las listas de espera.
Tema complejo allá donde los allá, que ocupa a gestores y profesionales, que genera acusaciones y debates. Pero, ¿qué dicen los pacientes? El Servicio de Salud del Principado de Asturias encargó a pacientes en lista de espera. ¿Cual es su opinión? Pues de una lógica aplastante: no les gusta esperar, pero lo entienden y les gustaría que se redujesen las demoras.
Pero, tranquilos, el debate sigue abierto.

Foto: Patricia Bregón
Pocos temas han generado más tinta y debates políticos que las listas de espera en la sanidad. Denuncias de todos los partidos, sindicatos, organizaciones ocupan el panorama ante una realidad que trastorna y molesta a las personas que aguardan por una operación, consulta o prueba diagnóstica. Ahora, el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) profundiza sobre el tema y encarga una encuesta para conocer la opinión de los pacientes del Área Sanitaria III, que engloba Avilés y comarca.
El objetivo es tener los datos sobre lo que los pacientes aceptan y no aceptan de la manera más aséptica posible. Y los datos del estudio rompen muchos de los estereotipos que, hasta el momento, se han venido manejando sobre las listas de espero. En primer lugar, la aceptación del tiempo de espera para la intervención. El 5,7% de los encuestados lo define como muy aceptable y el 66,3% como aceptable. Es decir, de forma abrumadora (un 72%) acepta la demora. Sólo un 7,2% lo define como inaceptable y un 20,6% opta por poco aceptable. Los pacientes más jóvenes presentan los perfiles más críticos, si bien es cierto que también se asume la espera.
Así, entre los menores de 60 años, las respuestas positivas representan un 66% frente al 34% de contestaciones negativas. Entre los 60 y 69 años, las opiniones positivas alcanzan el 65,8% y un 34,2% de valoraciones negativas.
De forma paralela a esta respuesta se entiende que el 74,9% de los encuestados se defina como satisfecho por el tiempo de espera. Es la suma de las contestaciones a la opción de muy satisfechos (8,5%) y satisfechos (66,4%). Las dos posibilidades negativas alcanzan el 24,2%: insatisfechos (un 21,8%) y muy insatisfechos (2,6%). Al igual que sucede con la opinión general, las opiniones más críticas responden a las personas más jóvenes y ligeramente a las mujeres.
En este marco general, existen importantes matices. El grado de inaceptabilidad se incrementa hasta el 40% en los pacientes que aguardan por una prótesis de cadera, una espera en la que, junto con dificultades de movilidad, existen dolores. Y, lógicamente, aumenta según con los mayores tiempos de espera.
En la encuesta también se pregunta si la demora generó consultas en Atención Primaria u obligó a los pacientes a acudir al servicio de Urgencias del Hospital Universitario San Agustín (HUSA). Es una pregunta importante ya que siempre se ha mantenido que la existencia de las listas de espera quirúrgicas contribuye a saturar las urgencias hospitalarias y también incide negativamente en Atención Primaria.
La encuesta, sin embargo, presenta otro panorama, ya que el 93% de los participantes no necesitaron atención médica durante la demora.
En el 6,9% de personas que acudieron, la mayor parte resolvió su problema con una sola consulta: 35,7%, un 19% de personas aseguraron que en dos ocasiones y otro 19% responde que en tres veces. Cuatro consultas necesitaron el 7,1% de las personas y cinco el 9,5%. A partir de ahí se mantiene un mismo porcentaje (2,4%) para seis, diez, doce y quince consultas.
El dolor, o molestias, es el principal motivo de consulta ya que lo aportan el 70,7% de las personas, seguido por problemas de visión en un 9,8%. Esta opción responde, lógicamente, a las cataratas, patología que representa el 75,8% de los encuestados, lo que demuestra el esfuerzo del servicio de Oftalmología para priorizar los casos más graves.
La respuesta del dolor también es lógica, ya que responde a la propia naturaleza de los procesos en rodilla y cadera. De hecho, el número de personas que necesitaron acudir a Urgencias o Primaria se incrementa en los pacientes de Traumatología, en los enfermos más jóvenes y en aquellos que han tenido un tiempo de espera más prolongado, con lo que puede suponer de un deterioro en sus condiciones. La encuesta también preguntó a los pacientes el tiempo que consideraban razonable para una espera como la que él había tenido que soportar.

«De uno a dos meses»


La respuesta mayoritaria es que la espera razonable se encuentra entre uno y dos meses. En el conjunto de las respuestas alcanza un 54% de contestaciones. Por encima de la mitad se encuentra en función del sexo (hombres, 51%; mujeres, 56%) y también en todos los rangos de edad, salvo en los mayores de 80 años donde sólo el 47,3% fija el plazo de entre treinta y sesenta días.
Para este colectivo, el tiempo de espera razonable es de un mes. Es la opción fijada por el 32,3% de los mayores de 80 años. En el conjunto de la encuesta alcanza un 26%.

Esta respuesta se entiende mejor con los tiempos medios de demora en las diferentes patologías. En mayo de 2016, cuando se realizó el trabajo de campo, la espera media para las operaciones de cataratas era de 66,9 días, de 84,5 días para las prótesis de cadera y de 76,8 días para las de rodilla.


La conclusión es evidente: aunque los pacientes entienden la existencia de las listas de espera, consideran que se deben mejorar. Encontrar la manera, si embargo, resulta más difícil, aunque la encuesta evidencia que los ciudadanos reclaman un esfuerzo en esa línea.
Eso se deduce de la última de las preguntas en el cuestionario. Se abría la posibilidad de hacer observaciones sobre el tiempo de espera, opción que rechazan el 76,8% de los usuarios y aceptaban el 23,2% restante. En este grupo, la mayor parte (un 66%9) defendía que era necesario reducir el tiempo aguardando por la operación, pero no iba más allá.
A partir de ahí ya se formulan soluciones más concretas. Un 12,8% reclama «estudiar bien los casos para priorizar y reducir el tiempo de espera en los más urgentes». Y el 6,4% reclama más personal sanitario.
No faltan voces críticas que afirman, en un cinco por ciento, que «el tiempo de espera no coincide con el real». A partir de ahí, aparecen porcentajes más pequeños: un 3,5% opina que «se espera demasiado tiempo para luego quedar mal o tener que ser operado de nuevo», un 2,8% solicita cuidado para no perder la documentación o equivocarse de fecha, un 1,4% pide que no exista influencia o enchufe con las listas de espera y, un porcentaje idéntico, reclama «menos tiempo de espera en la operación de cada ojo», contestación que corresponde a una patología concreta.
Con el 0,7% aparecen diferentes posibilidades: solicitar más quirófanos, adelantar el preoperatorio, reducir la demora para la rehabilitación.
El menor número de aportaciones en las respuestas libres puede relacionarse con la satisfacción después de la intervención quirúrgica. Y es que el 93,5% asegura que «en función de los resultados de la operación» ha merecido la pena esperar. Sólo un 6,5% ofrece una respuesta crítica. Ese porcentaje es superior en los pacientes menores de 60 años (alcanzan un 14%), en las mujeres (un 9,1%), en los pacientes traumatológicos, con un 14% en los casos de prótesis de cadera y un once por ciento en las de rodilla. También influye el tiempo de espera para tener una opinión negativa. Según se incrementa aumenta la opinión negativa, un 11,1% en los que aguardan más de siete meses, pero un 7,47% hasta los siete meses; un 9,6% hasta los seis meses y un 4,8% hasta los cinco meses. Sin embargo, hasta tres meses alcanza un 1,6%.
Foto: Marieta

La encuesta encargada por el Servicio de Salud del Principado de Asturias para valorar la aceptabilidad de las listas de espera en el Área Sanitaria III confirma la buena imagen del Hospital Universitario San Agustín (HUSA) entre los usuarios. Así, ante la pregunta de si volvería a elegir el HUSA ante la misma operación o preferiría ir a otro centro con una menor lista de espera, el 80,7% de los encuestados aseguró que repetiría en el San Agustín.
Sólo cambiaría de centro el 15,2% y un 4,1% no responde. Esta actitud se acentúa en las mujeres (19,5%) y en los pacientes mayores de 60 años que, con un 32% es el mayor de los porcentajes por desgloses de edad. En la franja de 60 a 69 años, sólo un 16,2% opta por el cambio.
El porcentaje de traslados se incrementa en los pacientes de traumatología con un 31,6% para las prótesis de cadera y un 19,8% para las de rodilla. Estas respuestas pueden influirse porque los pacientes aún se encuentran en fase de recuperación y, en el caso de las prótesis, es especialmente dolorosa en los primeros meses, por lo que cabe pensar que no existe una buena impresión del resultado.
Lógicamente, conforme se incrementa el tiempo de espera crece la opción de cambiar: del 15,3% de los que aguardaron cinco meses al 17,1% de las esperas de seis meses y el 20,5% en los que alcanzaron siete meses. Sin embargo, en las superiores a ese plazo se reduce a un 15,6%.

Falta de información

La encuesta desvela que cerca del 40% de los pacientes asegura no haber sido informado del tiempo de espera. Un 51,2% confirma haber sido informado de esa posibilidad, con un porcentaje similar en función del sexo pero se modifica en función de la edad.
Así, del 28% de menores de 60 años que aseguran que no fueron informados se pasa a un 41,4% para los septuagenarios y un 40,8% para los mayores de 80 años. También existe un porcentaje alto en las operaciones de cadera (un 43,9%), pero es una patología que se asociada a personas mayores. Además, en las mayores esperas alcanza un porcentaje del 48,9%, igual a los que sí fueron informados.
Esto podría deberse a un problema de comunicación más que a la ausencia del mensaje. Y es que el 81,6% de los encuestados consideró ser justamente tratado durante la espera: 12,6% muy justo; 32,2% justamente y 37%, adecuadamente tratado. Estas respuestas positivas no concuerdan con la posible falta de información. Injustamente tratado se considera el 12,9% y muy injustamente tratado el 1,6%. Los porcentajes más altos se encuentran entre los pacientes menores de 60 años.
La selección de las tres patologías (cataratas y prótesis de cadera y de rodilla) no es gratuita, ya que responde a los tres procesos con mayores demoras. Con datos de junio de 2016, representan el 77% de las operaciones que aguardan su momento. Las variaciones que se pueden producir mes a mes no son significativas.
Además de los datos totales, la encuesta analiza los resultados con tres variables. La primera es en función de la patología. En segundo lugar, se analizan las respuestas en función del sexo. El 59,6% de las encuestas fueron respondidas por mujeres y el 40,4% por hombres. La última variable es en función de la edad del usuario organizándose en cuatro grandes grupos: menos de 60 años, entre 60 y 69 años, entre 70 y 79 años y mayores de 80 años.

Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 30 de julio de 2017