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martes, 28 de diciembre de 2021

James Webb camina hacia su casa

 

 Fuente: Nasa, recreación artística de D. Ducros



La gran noticia del día de Navidad fue el lanzamiento del telescopio James Webb. Es el fruto de una barbaridad de millones, algo más de 9.000 millones de dólares y que es el resultado de catorce años de trabajo entre tres agencias espaciales: la estadounidense (NASA), la europea (ESA) y la canadiense (CSA), las tres con sus siglas en inglés. 
Con esos datos es fácil imaginar la cantidad de talento y trabajo detrás de esta gran obra de ingeniería humana y donde los científicos españoles han realizado una gran aportación a través del Centro de Astrobiología. En concreto se han implicado en dos de los cuatro grandes equipos de observación. Es el caso del espectrógrafo que permitirá analizar la luz infrarroja con gran sensibilidad (, el equipo se llama NIRSpec, por sus siglas en inglés). La otra joya es el MIRI (por sus siglas en inglés), dedicado a analizar los infrarrojos térmicos, una tecnología que, por primera vez llegará al espacio.
El día veinticinco de diciembre iniciaba un viaje de un mes que lo llevará a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Entre mediados de enero y febrero, llegará a punto donde se desplegará completamente y se convertirá en el objeto que la humanidad haya puesto en órbita más lejos hasta la fecha. En el momento de escribir estas líneas ya ha recorrido un 34% de su destino. Para facilitar el seguimiento de la misión, la NASA ha creado la web ¿Dónde está Webb? para tener información sobre la misión.
Si hasta la fecha, el telescopio espacial Hubble ha permitido un salto espectacular en la investigación del cosmos, esta nueva proeza permitirá un salto aún mayor. Dispone de tecnología para observar infrarrojos, algo de lo que carecía el Hubble. Además, frente a los 2,4 metros de espejo de éste, el Webb contará con 6,5 metros, lo que permitirá aumentar su capacidad de observación. Si todo sale bien, podrán escribirse grandes páginas en la astronomía.



Fuente: Nasa




Con todo, el proyecto tiene muchísimos riesgos. Los más importante es que, por su situación, no podrá ser reparado. Se confía en que su vida útil se alargue unos diez años. Los técnicos han previsto todas las posibles averías, pero cuando alcance su órbita, Webb estará solo. Todo un reto para un aparato que, con su nombre, homenajea al segundo administrador de la NASA.


Fuentes consultadas:


Corregido posteriormente el 29/12/2021

lunes, 10 de diciembre de 2018

Hablando del futuro

Hablar del futuro es muy peligroso. Con frecuencia, las predicciones fallan. No obstante, es inteligente reflexionar sobre lo que vendrá, toda vez que también implica pensar sobre el momento en el que se vive. El científico Amador Menéndez asumió el reto de intentar ver el futuro en el campo de la medicina. Y estas fueron sus conclusiones. 


Amador Menéndez. Foto: Marieta

Tan apasionado de la ciencia como de la divulgación, Amador Menéndez (Las Regueras, 1969), investigador en la Fundación ITMA, se sumó ayer (26 de noviembre) al Aula de Salud que el Área Sanitaria III organiza junto con la asociación cultural La Serrana para avanzar las tecnologías que cambiarán la manera de ver y vivir la medicina en los próximos años. De ello, conversó antes de la charla.
-¿Qué hace un científico de materiales como usted hablando de salud?
-Hoy en día, la ciencia está interrelacionada. No hay comportamientos estancos. En la salud humana, los avances vienen de equipos interdisciplinares con capacidad para desarrollar tecnologías disruptivas, con capacidad de revolucionar la medicina y mejorar notablemente la calidad de vida del ser humano. Y, además de la ciencia, me encanta divulgar.
-¿De qué técnicas habla?
-De varias: Big Data, edición genómica, reprogramación genómica, biónica, medicina regenerativa, pero, sobre todo de la nanotecnología. La nanotecnología permite fabricar materiales que no existen en la naturaleza con unas características y fines específicos. Se construye como si fuesen piezas de Lego y representa un campo con grandes avances.
-Existen nanomedicamentos que, en pacientes con cáncer, seleccionan las células malignas para evitar que la quimio o la radioterapia dañen a las sanas.
-Sí, ya existen algunos fármacos en el mercado. Es como la película 'Viaje fantástico' hecha realidad. Es un ejemplo de nanoterapia, una de las grandes aplicaciones de la nanomedicina. Ya existe nanomedicina. En este siglo, los grandes avances llegarán en la medicina preventiva, porque siempre es más fácil evitar la enfermedad que curarla. Los otros campos son el nanodiagnóstico y la medicina regenerativa.
-¿Qué es el nanodiagnóstico?
-Se utiliza la nanotecnológica para lograr el diagnóstico más precoz posible. Es algo muy importante en enfermedades como el cáncer. Adelantar el diagnóstico lo antes posible facilita el tratamiento.
-¿Y en el caso de la medicina regenerativa?
-Los nanomateriales pueden provocar el crecimiento controlado de tejidos y órganos. Abre vías muy interesantes.
-Antes aludía a los equipos interdisciplinares. ¿Es fácil el trabajo entre el personal sanitario y científicos que vienen de otros campos?
-Es el gran reto y no resulta fácil. Cada uno cuenta con una formación específica y hay que buscar puntos de encuentro. Cuando se logran, los resultados son mucho mayores que la suma de dos partes.
-¿En la Fundación ITMA tienen alguna experiencia en estos campos?
-Hemos participado en algunas investigaciones, aunque por las cláusulas de confidencialidad no podemos dar datos.
-Asturias, con una universidad, centros tecnológicos y una red de hospitales, ¿se encuentra preparada para investigar en este campo?
-Se empiezan a hacer colaboraciones. Cada vez es más necesario unir esfuerzos, existen muchas dificultades pero comenzamos a trabajar todos juntos.
-¿Cuanto tardan en llegar a los ciudadanos estas innovaciones?
-Son variables. En Estados Unidos, la regla de la innovación fija en 15 años de medio la generalización. Pero depende de su naturaleza, un cambio en un programa informático es mucho más rápido que un nuevo medicamento que requiere de muchas más tramitaciones. Y, además está lo que se llama el valle de la muerte.
-¿Qué es?
-Es un término que se utiliza en la Unión Europea para incluir todas las innovaciones que no llegan al mercado por diferentes causas. Son varios factores los que provocan que algo que es viable en un laboratorio no pueda desarrollarse luego en el mercado.
el 27 de noviembre de 2018

domingo, 4 de junio de 2017

Todos los mundos posibles

Foto: Marieta
Existen otros mundos posibles dentro de nuestra realidad. Y más allá de un refugio de soñadores, poetas y almas creativas, pueden ayudar a pacientes de salud mental a superar sus enfermedades. Así lo viene demostrando desde la década de los noventa del pasado siglo el psicólogo Iván Alsina Jurnet, que ayer ofreció una conferencia en el Hospital Universitario San Agustín para hablar sobre la aplicación de las Nuevas Tecnologías en Salud Mental. La dirección de Gestión de Cuidados y Enfermería del Área Sanitaria III organizó la charla.
«Las nuevas tecnologías se encuentran disponibles desde hace tiempo, pero eran muy costosas y difíciles de utilizar», recuerda Alsina. Sin embargo, en los últimos años el desarrollo tecnológico ha convertido en algo cotidiano los teléfonos inteligentes y comienza a ser accesible la realidad virtual. De hecho, el propio Alsina acudió con unas gafas de realidad virtual a la charla para demostrar su potencial.
«Yo empecé a utilizar esta tecnología en 1992. Son ya veinticinco años con estudios clínicos que demuestran que son más eficaces en los tratamientos y aumentan la adherencia del paciente a ellos», avanza. Así, por ejemplo, citó un estudio sobre estudiantes con crisis de ansiedad antes de los exámenes. El grupo donde se utilizó realidad virtual mejoró la nota media más que en el conjunto donde sólo se trabajó de la manera tradicional.
«Lo estamos utilizando en personas con problemas de ansiedad, trastornos del comportamiento, adicciones», comentó. Su clave, según explicó, no se encuentra tanto en la tecnología sino en los sentimientos de la persona. «Con realidad virtual, podemos situar a la persona en el contexto que le genera el problema e interactuar. Por ejemplo, si tiene miedo a hablar en público ve un auditorio y el público virtual puede actuar, hacer preguntas. La clave es que todo lo que aprendes en el mundo virtual lo puedes generalizar en la realidad.
Las sensaciones y sentimientos de la persona son auténticas y así puede afrontar su problema», comenta. Estas tecnologías no se utilizan en solitario, sino como apoyo a métodos tradicionales, matizó Iván Alsina.
«Los pacientes lo reclaman»
Aunque existe la posibilidad de que cada persona acuda a las nuevas tecnologías por su cuenta, los riesgos de la 'automedicación tecnológica' son pequeños. «El uso libre no es perjudicial, pero resulta menos efectivo que si dispone con el apoyo de un profesional. También debe tener en cuenta las características de la propia tecnología. Los equipos virtuales no se pueden utilizar más de quince minutos sin sentir mareos», comenta.
De esta manera, se entiende que sean los propios usuarios de Salud Mental quienes más reclamen estas herramientas por los buenos resultados que ofrecidos. Alsina opina que la principal barrera de entrada se encuentra en los propios profesionales de la sanidad, «principalmente por miedo y pereza», asegura el psicólogo.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 3 de junio de 2017

domingo, 19 de agosto de 2012

Emergencias industriales y médicos de Primaria.

De una memoria fin de máster, se puede sacar un articulo interesante. Este es el caso del trabajo de María Vázquez en la Universidad de Oviedo. En este caso, sobre la percepción que los médicos tienen de sus habilidades para responder a una catástrofe industrial. El tema es muy interesante porque los profesionales ejercen en la mayor mancha industrial de Asturias. Y, aunque entra un poco de miedo al ver que reconocen su ignorancia; por lo menos exponen su deseo de aprender. Con eso me quedo.


Rafael Castro y María Vázquez.
Foto: Sergio López


Los profesionales sanitarios de la comarca, especialmente en Atención Primaria, reclaman la existencia de planes de formación específico ante emergencias industriales. Es una de las conclusiones de la investigación realizada por la doctora María Vázquez Suárez, especialista en Medicina de Familia y Comunitaria como trabajo final en el Máster Universitario en Análisis y Gestión de Emergencias y Desastres de la Universidad de Oviedo. Tras realizar su formación en la comarca, María Vázquez optó por trabajar en Urgencias, en la base de Avilés. A partir de ahí, decidió realizar el máster universitario escogiendo la situación de la comarca como tema para el obligatorio trabajo de fin de curso.
Su tutor para la elaboración del estudio, el doctor Rafael Castro Delgado, es autor de una tesis doctoral sobre los riesgos industriales en la comarca de Avilés. Castro realizó el estudio en 2000, convirtiéndose en el referente para la nueva investigación que ha podido comprobar la evolución de los conocimientos.
Tras ese estudio, los cambios normativos obligaron a que las grandes empresas (ArcelorMittal, Saint-Gobain, DuPont, Asturiana de Zinc y Alcoa) elaborasen los Planes de Emergencia Exterior (PEE) para coordinar la respuesta ante posibles accidentes. Las medidas de prevención responden a esa realidad.
«En la comarca existen una serie de características que la diferencian», explica María Vázquez Suárez, «una gran concentración de industria con un riesgo por sus características. Además, la población se encuentra muy cercana. En caso de un hipotético accidente, siempre existe una posibilidad de efecto dominó por la cercanía de unas empresas a otras».
En este sentido, Rafael Castro recuerda que «más que el riesgo, lo importante es siempre la prevención».
Objetivo del estudio
A partir de ahí, la investigación de María Vázquez se centró en conocer la percepción que existía entre los profesionales sanitarios ante una posible situación de emergencia.
«No entramos a valorar los riesgos. Es muy difícil conseguir los planes internos de prevención, sólo conocemos los PEE. Así que el objetivo era saber si el personal sanitario, tanto médicos como enfermeras, se consideran preparados o no; la percepción que existe entre los propios profesionales», comenta Vázquez. En las conclusiones se incluyó una comparación con el trabajo de 2000.
El estudio abarcó a la red de Atención Primaria, además de los equipos del Servicio de Atención Médica Urgente (SAMU) y Emergencias. «El personal de SAMU tiene planes para reaccionar porque forma parte de su trabajo diario. En Atención Primaria no está asumido que forman parte del eslabón de respuesta ante una situación de este tipo. No lo tienen interiorizado y nos parecía interesante saber lo que pensaban», comenta el doctor Castro.
Así, las respuestas de los profesionales demuestra que conocen la realidad comarcal. La mayor parte de ellos, un 41,17%, califican de 3 el grado de riesgo industrial en la comarca en una escala que va de cero (ningún tipo de riesgo) a cuatro, un porcentaje que en diez años creció en un 2,32%.
El 77,64% de los encuestados considera que la catástrofe más probable es un accidente en la industria, siete puntos más que hace doce años. A continuación se encuentra un accidente de tráfico con múltiples víctimas, con un 64,70%, un porcentaje que se reduce en 14 puntos respecto a los datos de 2000.
A pesar de ello, los profesionales reconocen sus carencias ante una situación de emergencia. Así el 80% califica de «nulo o escaso» sus conocimientos sobre placas y símbolos peligrosos. El 83,53% califica de igual manera sus habilidades sobre las normas de descontaminación. Y un 85,88% define como nula o escasa su capacidad para tratar a víctimas de accidentes con sustancias peligrosas.
No sólo eso. Aunque se asumen los riesgos industriales de la comarca, apenas existe un conocimiento sobre los Planes de Emergencia Exterior. Así, el 30,58% responde con un «no o no lo hay» a la pregunta de si existen los PEE. Un 38,82% cree que existen, pero los desconocen. Y un 29,41% responden que sí.
Además, el 81,17% asegura que su conocimiento del papel de los sanitarios en los Planes de Emergencia es nulo o escaso. De igual manera, el 78,82% duda sobre su pertenencia a un PEE.
A pesar de ello, la mayor parte considera que podrían facilitar la información que les demande el Centro de Coordinación de Urgencias que se establece en una hipotética catástrofe.
Capacidad de reacción
Hasta aquí, la lectura del estudio puede resultar desalentadora, pero el trabajo también percibe la capacidad de los profesionales para reaccionar. Así, el 96,47% se muestra de acuerdo con que los profesionales deben adquirir conocimientos sobre actuación ante un desastre industrial.
El 97,64% opinó que los sanitarios debería recibir información sobre el riesgo industrial. Así, María Vázquez destaca que «casi por unanimidad los encuestados responden que deberían recibir información y formación relativa a los riesgos industriales, así como de procedimientos básicos de actuación en accidentes en los que están implicadas sustancias peligrosas».
Los profesionales sanitarios son coherentes con esa inquietud y en los doce últimos años aumentó el número de personas que acudieron a un curso de emergencias donde se incluye la formación en catástrofe, apunta María Vázquez. Así, se evoluciona de un 19,42% en 2000 a un 35,29% en 2012.
Aunque menor, la encuesta también desvela un incremento de los trabajadores que realizaron más de un curso. En consecuencia, «el porcentaje de profesionales que no ha realizado ningún curso se reduce de un 67,62% a un 44,70%» escribe María Vázquez.
Rafael Vázquez comenta que «poner en marcha un plan de formación no supondría un gran gasto. No se trata de organizar acciones puntuales, sino de elaborar una estrategia integral durante varios años».
Además, la experiencia demuestra, al menos en Avilés, que establecer una línea de trabajo y mantenerla en el tiempo aporta unos resultados positivos. Es otra de las conclusiones en la investigación de María Vázquez, que demuestra que en los últimos años ha mejorado la formación en reanimación cardiopulmonar (RCP) además de los conocimientos para la aplicación del triaje en Urgencias.
Así, en 2000, el 10,07% calificaba de nulo o escaso su formación en RCP básica mientras que esta opción no tenía ninguna respuesta en la nueva investigación. El 46,76% respondía hace doce años que sus conocimientos eran suficientes, porcentaje que, en 2012, se reducía al 28,23%. En cambio, este año la respuesta en los rangos mayores (buenos o muy buenos) llegaban al 71,76% cuando hace doce años alcanzaba el 43,16%.
La evolución es igual de positiva cuando se habla de RCP avanzada. En doce años, el porcentaje de profesionales que asumía tener unos conocimientos nulos o escasos se redujo en 30 puntos, pasando del 43,88% en 2000 al 12,94% en 2012.
Esto se debe al aumento de las respuestas favorables. Así, en 2012, el 36,47% aseguraba tener conocimientos suficientes y un 71,76% respondía con un bueno o muy bueno. En 2010, las contestaciones eran del 33,09 y 21,58% respectivamente. Esta mejora es el resultado de la amplia oferta de cursos que se ha venido ofreciendo en los últimos años.
De igual manera, se produce un aumento de los conocimientos en el triaje, si bien la autora del estudio apunta que el resultado se debe a un sesgo estadístico a favor del personal de Urgencias del Hospital San Agustín, donde el triaje es una herramienta de trabajo básica para atender a los pacientes que llegan al centro
Con todo, la formación ante situaciones de Emergencias aún se encuentra en una fase inicial. «Hay mucho por hacer. Aún no se entra en temas como la formación de la población en general», concluye el doctor Castro.
Por ese motivo, la conclusión de la doctora María Váquez es clara. «La necesidad de reforzar estrategias de prevención es evidente, más aún cuando existen elementos que incrementan la peligrosidad. Esta preocupación se extiende a la a los profesionales sanitarios del Área Sanitaria III», escribe.

Artículo publicado en La Voz de Avilés el 12 de agosto de 2012.




martes, 10 de julio de 2012

Problemas con el sueño

Una sencilla investigación de un equipo de médicas de Atención Primaria de Avilés y Corvera ha puesto algo de luz a una realidad que, aunque intuida, no se tiene concretada: existe un problema con el insomnio que afecta a la calidad de vida de las personas. Motivo suficiente para dedicarle un reportaje.

Ana García del Campo, a la izquierda,
y Ana María López.
Foto: Sergio López


La comarca tiene un problema con el sueño. Y es que, aunque no aparece en las estadísticas oficiales, cada vez es mayor el número de personas que aseguran no descansar bien, con las consiguientes secuelas para la vida profesional y personal.
«Entre el personal sanitario existe una sensación de que existe un problema con el sueño. Todos conocemos algún caso de personas con insomnio y dificultades para dormir. Así que decidimos acercarnos a esta realidad y tratar de conocer su alcance». Estas palabras de Juan Rubio, técnico de Salud Pública en la Gerencia de Atención Primaria, explican la génesis de la investigación realizada por las residentes de último año de Medicina de Familia y Comunitaria sobre la situación del sueño en las zonas básicas de salud de Corvera y La Magdalena.
El resultado desvela que el 33,5% de la población estudiada sufre problemas de insomnio, si bien el 56% asegura no haber acudido nunca a su médico de familia para consultar sobre ello.
«Aunque los datos no se pueden extrapolar a toda la comarca, los indicios apuntan a que una parte importante de la población tiene problemas para dormir», comenta Juan Rubio, que advierte de las dificultades de extraer conclusiones de ámbito comarcal de esta investigación.
«Las respuestas recogidas sesgan el resultado hacia La Magdalena, aunque parece que no influyeron en los datos finales. Además, la muestra final es más representativa de mujeres que de los hombres», señala.
Para Juan Rubio, uno de los aspectos más importantes de los resultados de esta investigación es que «si cuando empezó teníamos la intuición de que existía un problema sobre el sueño, ahora, existen unos indicios de que verdaderamente hay un problema».
Una vez propuesto por Juan Rubio, la investigación corrió a cargo de seis residentes adscritas a los Centros de Salud Las Vegas y La Magdalena, convirtiéndose en el estudio científico que deben hacer al concluir su especialización. Firman el estudio Ana García del Campo, Rosaura Ozoria, Nicaury Encarnación; Fiorella Pacheco, Verónica Rodríguez y Ana María López.
En él realizaron 348 entrevistas telefónicas, con un margen de error del 5%. «Más que dormir o no dormir, lo importante es descansar y saber cómo la falta de sueño afecta a la vida cotidiana. Por eso se realizaba un cuestionario, ya que la frontera entre sufrir insomnio y no depende de cada persona», comentan las autoras.
Los datos recogidos indican que la media de edad de las personas con insomnio es de 54 años, mientras que los no insomnes tienen 48 años. A partir de los 45 años, es mayor la población de mujeres que de hombres con problemas para dormir.
La investigación también les ha permitido comprobar que, aunque el 33,5% de la población sufre insomnio, la patología apenas se aborda en las consultas. «En el 56% de los casos de insomnio no aparece ninguna referencia en su historia clínica; sólo el 32% recogen alguna referencia en las consultas y un 15% de la población insomne tiene ya ese diagnóstico», comentan las autoras. Aunque a la hora de interpretar estos datos hay que tener en cuenta que se basan en respuestas de los pacientes.
Es decir, ellos aseguran no haber consultado, es una respuesta basada en su recuerdo. Más allá de ese debate, la respuesta muestra que el problema del insomnio se calla ante los profesionales de la salud.
Lucha contra el insomnio
Pero ello no quiere decir que las personas que lo sufren no luchen contra él. Así, las respuestas recogidas desvelaron que la mitad de los insomnes toman medicamentos para dormir, con lo que se trata de un colectivo con una gran tendencia hacia la automedicación.
A la hora de adquirir productos, los más habitual es que recurran a sustancias naturales, compradas en herbolarios, opción escogida por el 21% de este colectivo. Además, un 13% aplica medidas higiénicas, como leer para quedarse dormidos o hacer ejercicio unas horas antes de acostarse. Es decir, establecer estratégicas naturales para que el cuerpo se fatigue y pueda descansar.
«Los Médicos de Familia se encuentran perfectamente capacitados para abordar los casos de insomnio; las personas deberían comentar esa situación si la tienen con frecuencia. En el Hospital San Agustín y el Hospital Universitario Central existen unidades del sueño, pero son para abordar problemas de apneas y los casos más graves», comentaron Ana García del Campo y Ana María López.
Otro dato que llamó la atención de las autoras del estudio fue que el 5,6% de la población sin problemas de insomnio toma algún tipo de medicamento por su cuenta para dormir. Según explicaron, se trata de personas que han tenido algún episodio puntual sin dormir y que deciden actuar para evitar que se repita.
El estudio también les permitió establecer una relación de los insomnes con otras enfermedades. Así, en el 49% de los casos se asociaba con una patología psiquiátrica, siendo las más frecuentes la ansiedad y la depresión. «Lo que no sabemos es si la patología psiquiátrica es previa al insomnio o consecuencia de él», matizan.
Relación con enfermedades
Además, también se valoraron otro tipo de enfermedades como diabetes, dislipemias o enfermedades relacionadas con el metabolismo de los lípidos y dolor crónico sin encontrar ninguna relación.
Tampoco se encontró una vinculación directa entre el tabaco o con otros aspectos como el número de accidentes sufridos durante el día. «El tamaño de la muestra nos limitó y evitó que llegásemos a datos sobre esta relación. En algunos estudios se afirma que las personas que viven solas registran una mayor tendencia al insomnio, pero fue un dato que aquí tampoco se constató», apuntaron las investigadoras. Así, el estado civil no influye en la facilidad o no para conciliar el sueño.
También se percibió un menor porcentaje de personas con insomnio entre los colectivos que pasaban más tiempo fuera del hogar (trabajadores en activo y estudiantes) que entre los grupos que permanecían más tiempo en su domicilio, como es el caso de las amas de casa, parados y jubilados.
La investigación sólo refleja los datos recogidos, no se establece ninguna comparación con otras investigaciones. Las doctoras explican que «en la bibliografía que consultamos existe poco consenso sobre lo que es el insomnio. Se utilizan diferentes encuestas para medirlo. Además, es difícil encontrar referencias para poder comparar».
Calidad del sueño
Y es que en el campo del sueño resulta complejo establecer definiciones cerradas. «Lo importante es la calidad del sueño, que el descanso permita recuperar fuerzas para la siguiente jornada. Existen consensos como que, con los años, se duerme menos, pero lo importante es que el sueño permita descansar y recuperar energías para el día», comentan.
Entre las múltiples dificultades aparece la variedad de causas del insomnio y que pueden provocar unas soluciones diferentes según el caso. «En una persona mayor, si la frecuencia urinaria es un problema, debería limitar el consumo de líquidos durante la tarde», comentan como una medida para un tipo de caso concreto.
Ana García del Campo y Ana María López concluyen que, ante las dificultades para dormir, una serie de hábitos de higiene pueden permitir un correcto descanso.
«Si una persona duerme bien, no debe preocuparse por ellos, aunque, por norma general, la cama sólo debe utilizarse para dormir y el sexo», apuntan Ana García del Campo y Ana María López.


Artículo publicado en  La Voz de Avilés el 20 de mayo de 2012

lunes, 9 de julio de 2012

Rompiendo la barrera del silencio

En ocasiones, los pacientes son los grandes excluidos de la información sanitaria. Y, cuando salen, su relato se suele ceñir a la vida del enfermo. Por eso, me gusta este artículo sobre la vida de Juan Rodríguez Oyagüe, que demuestra como la investigación sanitaria puede mejorar la vida de las personas.

Juan Rodríguez Oyagüe.
Foto: Marieta

Cuando se le ve caminando por la calle, Juan Rodríguez Oyagüe se parece a cualquier otro joven de su edad. Sin embargo, a los 18 años, a punto de matricularse en la Universidad, es el primer asturiano con un doble implante coclear, una tecnología que ha permitido terminar con la sordera normalizando la vida de muchas familias. Como fue su caso.

Sin antecedentes de sordera, la familia confirmó que Juan la sufría cuando tenía 18 meses. «Veíamos que no respondía igual que su hermano mayor», recuerda su madre Cristina Oyagüe. El diagnóstico era claro: sordera bilateral profunda, sin posibilidad alguna de rehabilitación.
«Fue un momento muy duro», comenta hoy en su madre. Casualmente, en esa época, su tía, Montse Oyagüe estudiaba en Pamplona y una amiga de su madre, Cuca, trabajaba en el Centro 'Entender y Hablar', fundado por Marcos Monfort y pionero en España en la educación e integración de las personas con problemas auditivos. Gracias a esas entrevistas, Cristina conoció el implante coclear, la tecnología que permitía que los sordos escuchasen y que, en 1985, comenzaba a llegar a España.
«El doctor Manrique, de la Clínica Universitaria, me dijo que sólo tenía dos opciones para Juan: el implante coclear o el lenguaje de signos. Era algo nuevo, me informé y no tenía dudas. Tuve el apoyo de mis padres y mi hermana, nunca tuve dudas», recuerda Cristina. Su perseverancia y constancia fueron claves para superar todos los problemas.
Con tres años de edad, Juan recibía su primer implante en Pamplona. Era el primer niño asturiano en recibirlo.
La operación fue un momento duro, pero no el único. «A ningún padre le gusta ver sufrir a su hijo y no fue nada agradable pasar la operación. Pero fue mucho peor cuando le conectaron el sonido por primera vez. Nunca había escuchado y tenía pánico al sonido. Para mí fue lo más duro. Aunque nunca tuve ninguna duda de que hacía lo mejor para mi hijo», comenta su madre.
Y luego, a estudiar
Confirmado el éxito de la operación, el siguiente gran reto fue la escolarización de Juan Rodríguez Oyagüe. Antes, con el apoyo de la logopeda Silvia Schawrtz, Juan había comenzando a desarrollar todas sus habilidades. Con ella aprendió a leer y escribir. En esos años, Cristina siempre iba con una pizarra que utilizaba para comunicarse con Juan.
«Quería que siguiese con el apoyo de Silvia en el colegio y el único lugar donde me lo permitieron fue en el San Fernando», explica Cristina Oyagüe.
La madre de Juan tan sólo guarda palabras de elogio para la actitud del centro avilesino al recibir a su hijo. «Nunca podré olvidar la dedicación de Goya o el trabajo de Deli, que es una segunda madre para Juan, o Varela, su tutor cuando la segunda operación, con once años, y que organizó todo para que le afectase lo menos posible en las clases. Pero el esfuerzo fue de todos, desde Belén y Carmen, Pepi, Peláez, Lalo... No tengo palabras suficientes para agradecer su ayuda», asegura Cristina. La implicación también fue de los compañeros, de amigos; también su hermano, Adolfo, tres años mayor que él.
Juan confirma todas las palabras de su madre. «Si fuese hijo de Deli, no podría hacerlo mejor», asegura al tiempo que tiene palabras de elogio para todos sus profesores y amigos.
Y es que esos primeros años no llegaron a ser fáciles. El implante coclear resultaba desconocido para mucha gente, incluso profesionales. Una vez, comentan como anécdota, un médico no se atrevió atenderle, enviándolo al actual Hospital Universitario Central de Oviedo. «Hace quince años, nos veían como algo muy raro, como conejillos de indias», comenta Juan Rodríguez Oyagüe.
«Los primeros años de colegio, cuando era un niño tenía un comportamiento muy malo, siempre tenía un cero en conducta; aunque con el tiempo me tranquilicé», explica Juan Rodríguez, «siempre procuro buscar lo positivo de la vida. El implante, por ejemplo, me permite desconectar si quiero estudiar y hay mucho ruido».
Mientras aguarda por las notas para matricularse en la Universidad, Juan, como cualquier otro joven, espera sacar el carné de conducir y seguir disfrutando de sus aficiones como la lectura, el fútbol o la cocina.
No duda en animar a las familias que dudan en realizar el implante coclear. «Las familias no deben tener ninguna duda. Es un paso muy importante y te cambia la vida por completo. Te ahorra mucho sufrimiento», asevera Juan Rodríguez Oyagüe, que, aunque no quiere, puede presumir de haber roto la barrera del silencio.

Artículo publicado en La Voz de Avilés el 8 de julio de 2012

lunes, 30 de abril de 2012

La sencillez de la investigación

En mi trabajo periodístico, me suelo preocupar por la investigación aplicada que se realiza en mi entorno. Una de las características singulares de un hospital comarcal como el San Agustín de Avilés es el tiempo que sus profesionales dedican a esas tareas y que se traduce en mejoras para sus pacientes, como es el caso de la siguiente información.

Freno a las hernias

Es uno de los problemas más frecuentes en las personas con colostomías, conocidas popularmente como las 'bolsas' para recoger las heces. Y es que al menos la mitad de esos pacientes sufren una hernia, lo que les obliga a regresar al quirófano en una operación de gran complejidad.
«La prevención de las hernias paraestomacales es uno de los retos actuales en la cirugía de pared abdominal», explica el doctor José Ignacio Jorge, jefe del servicio de Cirugía. Profesionales de todo el mundo buscan la forma de evitarla. Y el Hospital San Agustín se encuentra entre los centros pioneros en encontrar una respuesta para estos enfermos.
Así quedó demostrado en el Congreso Mundial de Pared Abdominal recientemente celebrado en Nueva York con la participación de dos profesionales del hospital avilesina. En el simposium, presentaron el estudio que analiza la evolución de las colostomías realizadas en Avilés durante los dos últimos años. De 19 pacientes estudiados, ninguno había desarrollado una hernia, cuando la estadística señala que debería ser, al menos, el 50%.
Los resultados presentados recibieron el elogio de los médicos presentes en el congreso estadounidense.
Este éxito se logra gracias a la colocación de mallas intraperitoniales durante la cirugía para la colostomía. «Aplicamos la técnica de Sugarbaker para evitar las complicaciones. Si no estoy equivocado, somos uno de los centros pioneros en España y en Asturias en hacerlo», comenta el doctor Jorge. El jefe de los cirujanos explica que esta solución comenzó a desarrollarse gracias a dos avances técnicos.
«Por una parte, las mallas que ponemos cada vez son de una mejor calidad, biocompatibles, lo que reduce los rechazos. Por otra parte, se solucionó el problema de la fijación, ya que utilizamos unos trackers absorbibles. Los sistemas anteriores no eran seguros para el paciente», asevera el cirujano.
La colostomía terminal se aplica en casos de enfermedades inflamatorias y en cáncer colorrectal. La media en Avilés es de unas 15 intervenciones de este tipo al año, aunque la cifra va en aumento. «Esta solución se generalizará en todos los pacientes, tanto por las ventajas para él como por el ahorro que supone para el sistema», comenta el doctor Jorge. El servicio seguirá estudiando la evolución de los pacientes para aportar nuevas evidencias sobre esta técnica.
Cuando se producía la hernia, la única opción era regresar al quirófano. En esa operación, se debía realizar otra colostomía al paciente, además de colocar la malla contra la hernia. La actividad investigadora del servicio de Cirugía del Hospital San Agustín tiene una nueva cita en el Congreso Nacional de Coloproctología con un video sobre el tratamiento de prolapsos rectales con malla mediante cirugía laparoscópica.

[Artículo publicado en La Voz de Avilés el 14 de abril de 2012]

sábado, 24 de marzo de 2012

El banco de la esperanza

En la actualidad, el trabajo en redes es fundamental para la investigación biomédica. Desde un centro comarcal, como el Hospital San Agustín de Avilés, se puede colaborar desde el servicio de Anatomía Patológica. A ello le dediqué un reportaje.

El doctor Julio Velasco muestrael frigorífico que conserva los tejidos.Foto: Sergio López

En su imagen exterior es un frigorífico similar a otros equipos que se pueden encontrar en el laboratorio de Anatomía Patológica. Aunque, en realidad, se trata de algo muy diferente: el banco de tejidos, o biobanco, del Hospital San Agustín, destinado a albergar muestras biológicas, fundamentalmente tumores, que puedan servir en el futuro para la investigación.
Creado en abril de 2005, en la actualidad custodia casi 400 muestras y se encuentra en red con el resto de los hospitales asturianos. En este año, el biobanco avilesino afronta su adaptación al nuevo marco legal que permitirá impulsar su actividad.
«Cuando se creó el biobanco era suficiente con el consentimiento informado que se realiza para la intervención quirúrgica», explica el doctor Julio Velasco, jefe del servicio de Anatomía Patológica del Hospital San Agustín, «pero la legislación se modificó y ahora se necesita un consentimiento específico para esta donación». Aunque el límite legal es el próximo mes de diciembre, el doctor Velasco confía en que en junio se pueda ya adaptar plenamente a la normativa que no modificará un sistema de trabajo que busca preservar el anonimato de los donantes y conservar los tejidos en un perfecto estado para su estudio posterior.
«Trabajamos en red con el Instituto Universitario Oncológico del Principado de Asturias (IUOPA) y eso es muy importante porque podemos acceder a sus muestras, con lo que mejora nuestra capacidad de investigación», añade el doctor Velasco.
El patólogo recuerda que esta información también puede aplicarse a los futuros pacientes, toda vez que existe una tendencia a abordar los diferentes tumores de forma individualizada y los datos previos pueden resultar de una gran ayuda.
En el funcionamiento del banco de tejidos avilesino, Lucía Fernández Juárez, técnica especialista en laboratorio, se encarga de su día a día. Adscrita al IUOPA, trabaja en Avilés de martes a viernes, encargándose de la conservación de las muestras, su ordenación y recuperación.
No todos sirven
No todos los tejidos que llegan para ser analizados en el laboratorio de Anatomía Patológica se pueden conservan. «La prioridad es el diagnóstico del paciente», explica Lucía Fernández, «el patólogo hace el análisis y utiliza todo el tejido que necesita. En ocasiones, lo que queda no es suficiente para conservarse. La prioridad es lograr el diagnóstico».
Cuando el tejido es de las dimensiones necesarios (generalmente unos pocos centímetros) el trabajo de la técnica pasa por colocarlo en líquido conservante e introducirlo en isopentano antes de meterlo en el congelador. La conservación en frío permite que la pieza conserve intactos su ADN y ARN.
La temperatura de la nevera es de 80 grados bajo cero, pero las características del isopentano provocan que las muestras alcancen los 160 grados. «Es una congelación automática, sin ser brusca. Permite que el tejido se conserve perfectamente», asevera Lucía Fernández.
El congelador cuenta con diferentes mecanismos de seguridad. Además de existir un equipo de reserva, tiene una alarma propia y otra en el servicio de mantenimiento. Sólo puede abrirse si se encuentra en una temperatura adecuada y durante un corto espacio de tiempo.
Pero, además de la conservación, la tarea de Lucía Fernández es la catalogación de las diferentes piezas para permitir su posterior recuperación. «Codificamos las muestras. A cada una le asigna un número y se introduce en la base de datos junto con las características fisiológicas: edad, tipo, diagnóstico. Así se garantiza el anonimato del donante. El investigador que estudie ese tejido sabrá qué es, pero no la identidad de la persona», resume la técnica.
Fernández también se encarga de atender las peticiones recibidas y organizar los traslados de los tejidos. «Los traslados son más abundantes en el HUCA que en Avilés. Cuando es en el propio central, se transportan en una nevera», señala, «cuando es fuera del centro, entre hielo o nieve carbónica».
El biobanco del San Agustín presenta, sobre todo, muestras de tumores de mama y de colon, las cirugías de cáncer que más se realizan en la comarca. «Es muy curioso, porque el protocolo que aplican en el HUCA provoca que sea muy difícil tener muestras de tejidos de colon y recto, mientras que aquí tenemos muchas más», concluye el doctor Julio Velasco.

Artículo publicado en La Voz de Avilés el 19 de marzo de 2012.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Investigando sobre las hernias


El Hospital San Agustín (HSA) de Avilés impulsa un proyecto pionero para evitar las hernias en los pacientes de colostomías, las intervenciones en las que se colocan una bolsa a los pacientes para la recogida de sus heces. El servicio de Cirugía impulsa esta iniciativa que busca reducir las hernias que se producen en este tipo de pacientes.
«En la mitad de los pacientes con una colostomía terminal se desarrolla una hernia como principal complicación», explica el doctor José Ignacio Jorge, jefe del servicio de Cirugía del centro sanitario de referencia en la comarca.
En estos casos, la hernia provoca múltiples complicaciones, tanto médicas como para los pacientes. «Genera mucha ansiedad y numerosos problemas para la vida cotidiana, además de complicaciones médicas», comenta el cirujano avilesino.
El proyecto consiste en colocar una malla intraperitonial en los pacientes. Es la misma malla que se aplica en la operación de las hernias y donde el centro sanitario avilesino ha logrado un altísimo porcentaje de éxito.
La única diferencia es que ahora la malla se coloca al tiempo que se realiza la colostomía, reforzando la pared intestinal para prevenir la hernia.
«Si no estoy equivocado, somos el primer hospital de Asturias que ha decidido aplicar la malla de forma preventiva», comenta el doctor Jorge. La medida ya se aplica en las colostomías en el HSA.
El siguiente paso es comprobar la eficacia de la malla durante el seguimiento que se hace a estos pacientes. Si el porcentaje de hernias se reduce de una manera significativa, se demostrará la validez de la iniciativa.

Artículo publicado en La Voz de Avilés, 6 de febrero de 2012